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02 de octubre de 2010

Un arma para golpear al gobierno y su fraude electoral

El voto en blanco, nulo o la abstención

La mayoría de los candidatos de la oposición dice que “el voto en blanco favorece al gobierno”. Lo cierto es que lo mismo podrían decir del voto nulo o el no ir a votar, ya que por la ley electoral vigente el voto en blanco es tan “negativo” como los nulos y las abstenciones; se consideran solo “afirmativos” los votos a candidatos en las boletas oficializadas. Para las cuentas que hacen no suman los votos en blanco, ni los nulos ni las abstenciones.
¿Por qué centran entonces su crítica en el voto en blanco? Porque consideran que los que anulan o no van a votar ya están “desahuciados” para sus aspiraciones electoralistas. En cambio piensan que el que vota en blanco es alguien que está indeciso, que no quiere votar al gobierno pero no sabe qué boleta poner. Por eso dicen que “el voto en blanco favorece al gobierno”, dándolo de hecho ganador, y quieren decidir a ese votante a que ponga la boleta de ellos, aunque sea como “mal menor”, porque así tendrían más votos ellos en relación al gobierno.
La verdad es que los votos en blanco, los nulos y las abstenciones, al no sumarse para los cálculos de las candidaturas, les elevan el piso a todas ellas y puede entrar algún candidato al que no le darían las cuentas si hubiera más votos “positivos”. Pero el problema principal para esos candidatos opositores, como lo es para el gobierno, es que el llamado voto bronca los deslegitima también a ellos.
Esta es la cuestión principal que hoy está en debate, si se legitima o no a estas elecciones, si se legitima o no que la candidata de su marido sea la futura presidenta. Aquí no se trata solo de que salga lo más debilitada posible esta candidata, para que los otros candidatos puedan convertirse en “alternativa” dentro de este sistema electoral corrupto y fraudulento. Ya vivió el país esa experiencia con Menem frente a Alfonsín en 1989, y con De la Rúa frente a Duhalde (cuando éste fue candidato de Menem en 1999).
El voto en blanco tiene una tradición en importantes sectores de la clase obrera y el pueblo, porque fue el principal instrumento electoral de repudio del peronismo desde 1955 a 1966, impidiendo a los sectores oligárquicos legitimar sus elecciones proscriptivas en todos esos años. Por eso le trae tan malos recuerdos a esos sectores. También la abstención tiene su tradición: fue el principal instrumento electoral de los radicales contra el “fraude patriótico” de los conservadores. Y más recientemente el voto nulo, en particular para los jóvenes, fue la principal arma electoral contra el gobierno de De la Rúa en 2001. Una marea de votos en blanco, nulos y abstenciones es lo que más puede golpear a este gobierno y su sistema electoral tramposo y corrupto. Y lo que puede crear las mejores condiciones para el reagrupamiento de fuerzas necesario para afrontar con independencia los días turbulentos que se vienen y avanzar por el camino del Argentinazo que imponga un gobierno de unidad popular, patriótico y democrático.