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07 de January de 2026

A 50 años del golpe de Estado fascista de 1976. Nota 1

Milei niega el genocidio para justificar la represión

El próximo 24 de marzo se cumplirán 50 años del golpe de estado que derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón en 1976 y dio inicio a la dictadura genocida más fascista del siglo 20. En sucesivos números reconstruiremos los hechos, daremos a conocer documentos y testimonios de la lucha antigolpista y antidictatorial de nuestro PCR, y reafirmaremos la importancia de la batalla por memoria, verdad y justicia hoy, como parte de la lucha contra el gobierno reaccionario de Milei.

 

Destrucción de las políticas públicas en derechos humanos

A 50 años del golpe, y a 43 de la retirada de la dictadura, el gobierno de Milei, como parte de su plan de hambre, ajuste y entrega, avanza con medidas que destruyen las políticas públicas en derechos humanos conquistadas en estos años. Esta política de desmantelamiento es acompañada por el negacionismo abierto del terrorismo de Estado, y por una ofensiva de los sectores prodictatoriales que pretenden liberar a los genocidas presos e instalar lo que ellos llaman “memoria completa”, que no es otra cosa que una nueva vuelta de lo que se conoció en la Argentina como “teoría de los dos demonios”.

Hace pocos días, la liberación del genocida Eduardo Kalinec, preso con cadena perpetua, es una muestra de cómo las clases dominantes avanzan en este camino, tanto desde el aparato judicial como desde el gobierno. El decreto dándole poderes de detención y espionaje interno a la SIDE muestra el avance de las políticas fascistas de Milei.

El gobierno de Milei en estos dos años, al tiempo que profundiza la represión de las luchas actuales, avanza en el desmantelamiento de las políticas en el área de libertades democráticas:

Transformación de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación en Subsecretaría, con despidos masivos (80% del total según ATE) con el vaciamiento de los sitios de memoria (centros clandestinos de detención). Además, el gobierno retiró las querellas estatales en los juicios por crímenes de lesa humanidad, traba el acceso a archivos estatales y a la búsqueda de niñas y niños apropiados, vaciando los presupuestos de la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (CoNaDi) y el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

Todo esto viene de la mano, tanto por parte de Milei como de su vicepresidenta Villarruel, de la reivindicación de la “lucha contra el terrorismo”, el señalamiento a la pelea por memoria, verdad y justicia como el “curro de los derechos humanos”, con algunos centros del debate, como negar la cantidad de detenidos desaparecidos durante la dictadura.

El gobierno combina un ajuste feroz con lo que llama “batalla cultural”, intentando imponer una serie de mentiras sobre nuestro pasado, para justificar sus políticas fascistas.

 

La verdadera historia

A lo largo de estas notas daremos elementos a nuestros lectores sobre la verdadera historia. Como decía nuestro primer secretario general, Otto Vargas, citando a Juan B. Alberdi “la falsa historia es la base de la falsa política”.

Esto cobra gran importancia si tenemos en cuenta que cerca del 70% de la población nació luego de 1976, y más del 48% nació luego del fin de la dictadura, en 1983.

Otto Vargas, en un acto en CABA el 16 de marzo del 2006, a 30 años del golpe, estableció tres ejes de debate en los que está centrada la polémica sobre el golpe del ‘76, sus antecedentes y sus consecuencias.

La primera cuestión es considerar “al golpe de Estado como una simple continuidad del gobierno de Isabel Perón. Así como el PC, en la década del ’30, dijo en un primer análisis que el golpe de Uriburu venía nada más que a profundizar la política “fascista” de Yrigoyen, ahora se dice que el golpe del 24 de marzo vino a profundizar la política “fascista” del gobierno peronista. Así, víctimas y victimarios son igualados.

“El segundo es que se niegan las grandes luchas durante los años de la dictadura. Pareciera que en esos años en la Argentina no pasó nada. Pero esas luchas son las que explican por qué, mientras la dictadura de Pinochet duró 17 años, y hasta hace poco era senador vitalicio, y la dictadura de Brasil duró más de 20 años -desde el ’64 hasta el ’85-, la dictadura argentina cayó a los 7 años y medio, y ya después del quinto año estaba tambaleándose… Esta dictadura tuvo que irse porque aquí hubo un pueblo que luchó; empezando por las Madres de Plaza de Mayo, las madres de los desaparecidos, con sus rondas de todas las semanas.

“Y el tercer hecho que se niega, o se oculta, es el marco internacional en que se dio el golpe de Estado. Y así es absolutamente inexplicable lo que sucedió en la Argentina. Se oculta que había una disputa feroz por la hegemonía mundial entre dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética…” (Ver hoy 1108, 22 de marzo de 2006, Otto Vargas en el acto a 30 años del golpe).

 

Cómo era el mundo en 1976

Para poder entender lo que pasó en nuestra patria en 1976, y todo el proceso previo, lo primero para conocer es que existía la Unión Soviética, la patria de Lenin, en la que la revolución había sido traicionada, la clase obrera y el campesinado desalojados del poder, y se había restaurado el capitalismo, hacia mediados de la década de 1950, tras la muerte de Stalin. La URSS, que hoy ya no existe ya que se desintegró como país en 1991, era dirigida en la década de 1970 por una nueva burguesía que se apropió del Estado y del Partido Comunista, y transformó al primer país socialista en una potencia mundial, un socialimperialismo, como lo calificaron los maoístas chinos. Porque encubría sus objetivos imperialistas envuelto en la bandera roja y usando el prestigio del pueblo soviético.

La URSS, por esos años, como señalaba Vargas, estaba en una abierta disputa por el dominio del mundo con los Estados Unidos. Eran dos superpotencias, con gran poderío militar y nuclear, desarrollo económico e intereses en todos los continentes, incluida nuestra Argentina.

En alianza y disputa con otros países imperialistas, como Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, entre otros, EEUU y la URSS clavaban profundamente sus garras, directamente o a través de testaferros, en nuestro país.

En los años previos al golpe, durante la década de 1960 y comienzos de los ’70, una oleada revolucionaria recorría el mundo, y crecía en nuestro país. Eran los años del Mayo francés, de la Revolución Cultural Proletaria China, de la derrota del imperialismo yanqui en Vietnam.

En nuestro país venía creciendo una gigantesca oleada de luchas con una serie de puebladas que tuvieron como punto más alto al Cordobazo de mayo de 1969, a partir del cual se desarrolló un proceso de democratización sindical no conocido anteriormente en el país, con un rol preponderante de los cuerpos de delegados. En este proceso creció la corriente clasista revolucionaria, que recuperó el Smata de Córdoba, en que tuvo un papel destacado nuestro PCR, con los camaradas René Salamanca, al frente del gremio, y César Gody Álvarez como secretario del Partido en Córdoba, ambos secuestrados por la dictadura genocida.

Este proceso de lucha obrera se extendió a grandes masas de obreros rurales y campesinos pobres y medios, y a los estudiantes universitarios y secundarios.

Estas luchas fueron desgastando a la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse (los tres generales que estuvieron al frente de esa dictadura, y que expresaban distintos sectores militares, aliados a distintas potencias).

En esos años, la URSS convertida en potencia socialimperialista, estaba a la ofensiva en la disputa con la otra superpotencia, los yanquis, y en nuestro país profundizaba sus lazos con sectores terratenientes y de burguesía intermediaria. Además, disfrazada de “amiga de los pueblos” influenciaba en sectores de izquierda que peleaban contra el imperialismo yanqui, la potencia hegemónica en nuestra patria.

En un proceso complejo, que analizaremos en próximas notas, el sector socialimperialista avanzó en posiciones claves en el ejército, expresados en Lanusse, y ya en el gobierno del general Perón, con su primer ministro de economía, Gelbard, y en una cantidad de acuerdos comerciales con la URSS.

Fallecido el general Perón, nuestro Partido ya en 1974 comenzó a denunciar los preparativos golpistas por parte de los imperialismos y sectores de las clases dominantes nativas. Allí comienza lo que hemos llamado el período de “lucha antigolpista” de nuestro PCR, reconocido públicamente por el fallecido Papa Francisco.

Esta es la historia que contaremos a lo largo de estas notas, rescatando los episodios centrales,, como dijo Otto Vargas en un acto del PTP-PCR realizado en Córdoba el 24/3/1996, rindiendo homenaje a los 30 mil detenidos desaparecidos, y en especial “a nuestros mártires queridos caídos en la lucha antigolpista y en la lucha contra la dictadura; nos comprometemos a no olvidarlos jamás, porque olvidar es traición y jamás traicionaremos los ideales por los que ellos dieron su vida”.

 

 

hoy N° 2091 07/01/2026