El carácter de la revolución china

2 de septiembre de 2026

Mao plantea que la revolución en países dependientes o semicoloniales como China debe resolver tareas democráticas que históricamente había resuelto la burguesía -como la reforma agraria-, pero que en el siglo 20 esas tareas ya no las puede encabezar la burguesía. Por eso planea que se trata de una revolución democrática de nuevo tipo, de nueva democracia o democrático-popular que debe dirigir el proletariado.

En Argentina, país dependiente, también hay tareas de revolución democrática, agraria y antiimperialista. Pero esa revolución solo puede evitar ir de derrota en derrota si la encabeza, por sus ideas y su dirección, el proletariado, sobre la base de la alianza con el campesinado y en un amplio frente con las otras clases o sectores interesados en la revolución; la hegemonía de la clase obrera dirigida por su partido permitirá el paso ininterrumpido al socialismo. La diferencia del camino revolucionario con Argentina es que, en China, por el peso del campesinado, la revolución va del campo a la ciudad, enfrentando desde el comienzo con la lucha armada a las fuerzas del enemigo. En Argentina la clase obrera no es solo la fuerza dirigente, sino también la fuerza principal de la revolución; lo urbano tiene un peso decisivo, como muestra nuestra historia, desde el Cordobazo, el Tucumanazo, el Correntinazo, el Rosariazo y otras puebladas históricas como el Argentinazo y el 17 de octubre. Los estudiantes, los intelectuales, la pequeña burguesía y los sectores patrióticos y democráticos de la burguesía nacional también son parte del frente único revolucionario. Por eso nosotros definimos como estrategia el camino insurreccional, que se articulará sin duda, con levantamientos campesinos donde éstos y los pueblos y naciones originarias tienen un peso decisivo.

Nosotros no hemos partido de repetir qué proponía Lenin o de copiar lo que decía Mao, sino de integrar sus enseñanzas a la realidad de la Argentina, con la teoría marxista como guía y teniendo en cuenta nuestra historia en cada momento político concreto. Eso está definido en el programa de nuestro partido: qué tipo de revolución y por qué.

Por eso en Argentina el camino revolucionario no transita desde el campo a la ciudad a través de la guerra popular revolucionaria, sino que es insurreccional; aunque también hay regiones en los que, como se ve hoy en el Chaco, los principales contingentes que salen a la lucha son campesinos y pueblos originarios, debido a la propia estructura que tiene nuestro país. Y es necesario encontrar los caminos de aproximación a la revolución en cada momento político. Este tema de los distintos caminos de la guerra revolucionaria en cada país fue un aporte fundamental de Mao Tsetung y lo hizo en polémica y lucha en la dirección del PCCH y con la Internacional Comunista dirigida por Stalin.

 

 La Larga Marcha

La Larga Marcha fue una de las hazañas militares más importantes de la historia. Las fuerzas dirigidas por Mao y Zhu De, jefe del ejército, parten del soviet de Jiangxi, tras el fracaso del Levantamiento de la Cosecha de Otoño en 1927, a manos del Kuomintang. Son obligados a huir hacia las montañas próximas, en dirección al oeste y luego al Norte, ya con la invasión japonesa como telón de fondo. El objetivo era llegar a Yenán, donde existía el soviet de Shanxi.

Durante un año, desde 1934, recorren doce mil quinientos kilómetros -tengan en cuenta para entender lo que significa que de Ushuaia a La Quiaca hay unos tres mil setecientos veinte kilómetros-, hechos a pie, llevando alguna mula o algún caballo de carga, atravesando dieciocho cadenas montañosas, las más altas del mundo, y veinticuatro grandes ríos, entre ellos el Yangtsé y el río Amarillo y combatiendo constantemente. En toda China se difunde la conducta del Ejército Rojo que entrega la tierra a los campesinos y enfrenta a los terratenientes; pagan los alimentos que necesitan y tratan bien a los prisioneros. Es la gran propaganda de los comunistas. Durante la Larga Marcha, en 1935 Mao es elegido secretario general del PCCH.

Fue muy interesante para nosotros, en los que la Revolución cubana estuvo siempre presente, descubrir que la lucha revolucionaria que se inicia en Sierra Maestra, dirigida por Fidel Castro y el Che, habían seguido un camino muy similar al de China.

 

Yenán y la resistencia contra Japón

Desde Yenán, frente a la invasión japonesa, Mao plantea la necesidad de constituir nuevamente un Frente Único con el Kuomintang, con los mismos que habían matado cien mil comunistas, entre ellos la mujer y dos hijos de Mao. Está claro que en ese momento hay un enemigo común: el Japón. El Frente implica unidad y lucha, con independencia dentro de él, pero definiendo el golpe principal al invasor. Chiang Kai-shek se opone al principio, hasta que sus propios generales lo obligan a aceptarlo. Es un frente político, con dos ejércitos que enfrentan un mismo enemigo y mantienen su independencia.

En Yenán Mao escribe en 1935 sus dos principales obras filosóficas, Sobre la contradicción y Sobre la práctica, convencido que sin incorporar la dialéctica y cambiar el método de pensamiento no se puede avanzar.

El Ejército Popular dirigido por el PCCH es la fuerza principal que derrota a los japoneses, y cuando Chiang Kai-shek se vuelve contra los comunistas en 1944, apoyado por los yanquis, Mao continúa la lucha. Y no acepta lo pactado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en Yalta, -que propone dividir China en dos partes, como lo hacen en Corea y Vietnam-. El Ejército Popular cruza el Yangtsé y entra triunfante a Pekín.

 

El triunfo de la revolución de 1949

El primero de octubre de 1949 triunfa la revolución, luego de quince años de una guerra popular que derrota la invasión japonesa y al Kuomintang y se proclama la República Popular China. Chiang Kai-shek, apoyado por los yanquis, se refugia en Taiwán.

Triunfante la revolución, las medidas centrales son democráticas, populares y antiimperialistas: reforma agraria, expropiación de los monopolios imperialistas, ley de matrimonio y grandes avances en salud, educación y en las condiciones de vida y de trabajo. Se mantienen todos los partidos democráticos y populares. Entre el 1949 y 1978, año de la restauración capitalista, la expectativa de vida pasa de 38 a 68 años, la población de 540 a 900 millones, y prácticamente se liquida el analfabetismo, con un 98% con escuela primaria completa y millones de obreros y campesinos en secundaria y universidad.

 

La lucha por avanzar hacia el socialismo

Mao plantea la necesidad de que la revolución avance al socialismo para lo cual dice, tienen que resolverse las tres grandes divisiones de la sociedad de clases: entre el hombre y la mujer, entre el trabajo intelectual y el manual, y entre el campo y la ciudad. La comuna será la base para encarar esta tarea y afianzar el poder popular; en ella se concretará no solo la unidad económica sino política, militar y productiva, con protagonismo de las masas para decidir qué y cómo se produce y cómo se distribuye lo que se produce. Del mismo modo se organizarán las empresas estatales. En la comuna popular, fundamentalmente agraria, se establecieron industrias, para acortar las diferencias entre campesinos y obreros.  Como en la comuna de Tachai, que nosotros visitamos, tomada como ejemplo a seguir, situada en una zona inhóspita y montañosa, donde se logró sembrar en terrazas -como también hicieron los incas en América- trayendo la tierra en palanquines a pie; allí se construyó una fábrica de tractores.

 

hoy N° 2124 02/09/2026