“La revolución no podrá hacerse sin las masas católicas”

28 de octubre de 2026

Como reafirmamos en nuestro último Congreso: “La revolución no podrá hacerse sin la participación de las masas peronistas, las masas católicas y demás sectores populares. Debemos tener una política activa hacia los sectores y corrientes populares, imprescindibles para masificar la lucha”.

Ya en la Revolución de Mayo hubo sacerdotes que lucharon por la independencia, como Manuel Alberti, de la Primera Junta, y otros que se pusieron del lado de los enemigos de la patria, como el obispo Benito Lué y Riega, al servicio de los realistas españoles.

Con esa perspectiva hemos trabajado con sectores de la iglesia con los que compartimos luchas y definiciones políticas desde nuestra fundación en 1968: con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y, especialmente, con el sector del Vaticano que encabezó Bergoglio -con quien nuestro Partido tuvo una larga relación cuando era arzobispo de Buenos Aires- a partir de su designación como Papa Francisco.

 

Definiciones del Papa Francisco sobre la lucha del PCR contra el golpe de 1976

Desde fines de 1974 nuestro PCR puso el centro de su accionar en la lucha contra el golpe de Estado que triunfaría el 24 de marzo de 1976. En esa pelea estrechamos lazos de sangre con sectores de las masas peronistas y católicas, incluso frente a sectores de la jerarquía eclesiástica que jugaron a favor del golpe.

Lo reconoció el entonces cardenal Bergoglio: “El golpe de 1976 lo aprobaron casi todos, incluso la inmensa mayoría de los partidos políticos. Si no me equivoco, creo que el único que no lo hizo fue el Partido Comunista Revolucionario” (El Jesuita, S. Rubín y F. Ambrogetti, Vergara, 2010, pág. 140).

 

En la denuncia del terror fascista de la dictadura genocida

Con las masas católicas y con sectores de la cúpula eclesiástica impulsamos la lucha contra la dictadura genocida. Fuimos parte de las y los familiares de secuestrados que se reunían en distintas iglesias en la organización del reclamo por la aparición con vida de las y los detenidos desaparecidos, como fue en el origen de las Madres de Plaza de Mayo, y participamos en decenas de actividades en iglesias y con curas de todo el país.

Así como enfrentamos a los que desde la cúpula eclesiástica apoyaban a la dictadura e incluso participaban de las torturas, no nos olvidamos del papel que jugaron en esos años obispos como Angelelli en Catamarca (asesinado por la dictadura), Novack en Quilmes y Hesayne en Viedma, que también enfrentaron a aquellos, ni a las monjas y sacerdotes que fueron secuestrados y desaparecidos, como las monjas francesas y los palotinos.

En 1981, sectores de la iglesia católica acompañaron una recordada marcha impulsada por la CGT Brasil con la consigna “Paz, pan y trabajo”.

Y recordamos a las monjas, curas y obispos que ayudaron a compañeras y compañeros de distintos sectores políticos a escapar de los secuestros, incluso a compañeros de nuestro Partido, y que denunciaron, ya en los primeros años de la dictadura, el secuestro, la tortura y los asesinatos de miles de compañeras y compañeros.

 

Por la paz con Chile

Cuando en 1977 la dictadura videlista quiso llevarnos a una guerra fratricida contra Chile por el Beagle, el PCR y la JCR participamos con nuestras consignas, junto a sectores de la iglesia, en las históricas peregrinaciones a Luján, grandes manifestaciones de masas contra la guerra, y en actividades de frente único en iglesias de todo el país.

Así lo testimoniaba nuestro primer secretario general, Otto Vargas, en “¿Ha muerto el comunismo?” (pág. 270): “A fines de 1977 sacamos una declaración del Comité Central alertando contra esta guerra que preparaba la dictadura por el Canal de Beagle. (…) La dictadura había amarrado un acuerdo con el gobierno militar peruano y con Banzer en Bolivia para un ataque simultáneo sobre Chile. (…) Trabajamos para desmontar este operativo en una política de frente único muy amplio, que tuvo como uno de los protagonistas principales al Vaticano e incluyó a sectores del gobierno norteamericano de Carter (…). Ellos trabajaron para impedir el conflicto que estaban alimentando los sectores prosoviéticos de la dictadura”.

 

La visita de Juan Pablo II durante la justa guerra de Malvinas en 1982

Fuimos parte de los millones que recibimos a Juan Pablo II en 1982, en plena guerra de Malvinas. Decía la tapa de Nueva Hora N° 377 (15/6/1982), “Viva la heroica defensa de Puerto Argentino”: “El pueblo argentino acaba de recibir con preocupación, pero a la vez con calidez, al papa Juan Pablo II. Centenares de miles de argentinos se volcaron a las calles de Buenos Aires (…). En la concentración se destacaron carteles y mariposas que decían: ‘Por una paz justa. Detener la agresión británica. Apoyo a la propuesta del Papa para la paz con Chile. Las Malvinas son y serán argentinas’.

“Juan Pablo II hizo votos por ‘una paz justa, honrosa y duradera’. Para la mayoría de los argentinos, ese ruego no es contradictorio con el deseo de ganar la guerra por las Malvinas, pues saben que tal tipo de paz sólo es posible derrotando y echando al invasor. Cuando se trata de defender la patria contra la agresión imperialista, el sentimiento religioso no es contradictorio con la guerra, como lo ha reiterado monseñor Primatesta”.

 

1984: ¡Sí a la propuesta papal para la paz con Chile!

El 25 de noviembre de 1984, durante el gobierno de Alfonsín, se realizó una Consulta Popular no vinculante sobre la propuesta de paz de Juan Pablo II por el Beagle. Coherentes con nuestra posición contra la guerra de Videla y Pinochet, llamamos a votar a favor. Decía la tapa de hoy N° 39 (agosto de 1984): “Sostuvimos desde 1977 que era necesario y posible un arreglo pacífico con Chile. (…) Denunciamos que detrás de la política belicista de la dictadura se escondían los intereses del socialimperialismo soviético, que disputaba -y disputa- con los imperialistas yanquis e ingleses por el control de esa zona estratégica. La movilización popular de ambos lados de la cordillera (…) logró la mediación papal y evitar que estallara la guerra a fines de 1978. Pero quedó montado un detonante que podían accionar cualquiera de las dos superpotencias o, como se demostró en la guerra de las Malvinas, también los colonialistas ingleses. La lucha de nuestros pueblos por su liberación y el interés de nuestras patrias exige no postergar más la aceptación de la propuesta papal”.

 

Visita de Juan Pablo II en 1987, durante el gobierno de Alfonsín

En abril de 1987 Juan Pablo II realizó una segunda visita, que analizamos en hoy N° 163 (15/4/1987) bajo el título “La gira del Papa”: “Durante una semana masas de jóvenes y del interior del país se movilizaron para concurrir a las misas y actos religiosos de la extensa gira papal”. Y afirmábamos: “Respetamos los sentimientos religiosos y el derecho de las masas católicas a manifestar su fe. Lo que no nos lleva a ocultar las diferencias”.

Destacábamos que en Viedma el obispo Hesayne hizo una autocrítica del rol nefasto de la iglesia en la conquista de América y pidió “perdón” a los mapuches, mientras “Juan Pablo II reivindicó, en bloque, los ‘quinientos años de evangelización’, ocultando y embelleciendo la unidad entre ‘la cruz y la espada’ al servicio de la opresión feudal-colonial española. Y que luego siguió siendo soporte ideológico de las clases dominantes, con las honrosas excepciones de curas progresistas…”.

 

En las luchas obreras, campesinas y populares contra el menemismo

En la década de 1990, frente a las privatizaciones, la desocupación masiva y el ajuste de Menem y Cavallo, continuamos nuestra política de frente único con los sectores populares de la iglesia. Esa relación conservó su carácter contradictorio: junto al compromiso de sacerdotes de base con desocupados, campesinos y trabajadores en lucha, persistieron en la jerarquía sectores cómplices del hambre y la entrega.

En mayo de 1990, en pleno debate por los indultos de Menem a los genocidas, el obispo Miguel Hesayne se pronunció contra esa impunidad, como recogió hoy N° 317.

Sectores de la iglesia acompañaron a las organizaciones de desocupados, como el Movimiento de Desocupados y Precarizados de la CCC, y a los movimientos que denunciaron la fraudulenta deuda externa y la entrega del patrimonio estatal. Hubo curas en las marchas del Astillero Río Santiago contra la privatización y en conflictos por despidos.

Recordamos la valerosa actitud de monseñor Jaime de Nevares -que en lo más negro de la dictadura había apoyado a las Madres de Plaza de Mayo-, quien renunció a la Convención Constituyente de 1994 en rechazo al Pacto de Olivos.

En hoy N° 587 (noviembre de 1995) señalamos las palabras de Juan Pablo II a los obispos argentinos sobre la grave situación económica, la desocupación y el riesgo de que “la corrupción y su impunidad” se generalizaran, al tiempo que marcamos la posición reaccionaria del Vaticano sobre el aborto y la sexualidad.

También participamos en grandes luchas agrarias con sectores del clero, tanto de la Federación Agraria como del Movimiento de Mujeres en Lucha. Nuestro periódico reflejó la participación de curas y obispos en las puebladas de Jujuy, Cutral Có y La Matanza, entre otras, y el compromiso de sacerdotes de base en villas y barrios frente al hambre.

Desde esta década, las Católicas por el Derecho a Decidir se incorporaron a la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Con ellas compartimos hasta hoy la organización de los Encuentros de Mujeres y Diversidades.

 

Foto de portada: Marcha de la CGT Brasil el 7 de noviembre de 1981 con la consigna “Paz, pan y trabajo”

hoy N° 2132 28/10/2026