Convocados por la IG Metall (sindicato metalúrgico), cerca de 175 mil trabajadores de las empresas automotrices y autopartistas se movilizaron en 280 ciudades, para protestar contra la amenaza de nuevos despidos, cierres de fábricas y planes de quita de derechos para reducir costos.
El epicentro de la lucha fue la planta de Volkswagen de la ciudad de Wolfsburg, que es la más grande del mundo. Pero abarcó también a otras plantas de VW y de otros gigantes como BMW, Mercedes-Benz, Porsche, así como a proveedores de autopartes como Bosch, Mahle y ZF Friedrichshafen. Es la primera vez que se unen en la lucha trabajadores de los dos sectores.
Empresas que supieron ser motor del “milagro” alemán, deben remontar la pérdida de mercados por la competencia china, la guerra arancelaria de Trump y el aumento del costo energético que acarreó el corte de suministro de gas y petróleo ruso.
Con la finalidad de “reducir costos”, anunciaron más de 150.000 despidos hasta 2030 y el cierre de plantas e impulsan la ampliación de la semana laboral de 35 a 40 horas, sin pago adicional. Los sindicatos aceptaron hace dos años una reducción de los empleos y un congelamiento salarial, a cambio del compromiso empresarial de evitar despidos forzosos y cierres de plantas. Pero ahora las patronales desconocieron ese arreglo y los trabajadores fueron al paro.
China: de mercado ampliado a competidor mundial
La incorporación de China a la economía mundial en 2001, tras su ingreso a la OCDE. permitió a las automotrices alemanas ampliar explosivamente sus mercados de venta.
Con el acelerado desarrollo chino de los autos eléctricos, las marcas terminaron desplazando a fabricantes extranjeros, gracias a una oferta a precios inferiores y una velocidad de desarrollo que los fabricantes europeos no han conseguido igualar. Mercedes-Benz redujo un 30% sus ventas en China. BMW registró descensos superiores al 20% y Volkswagen sufrió una caída cercana al 32%.
La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y el aumento del costo energético
La guerra nacional de Ucrania desatada por la invasión rusa ha traído como consecuencia una suba del costo energético. En el caso de Alemania ascendió a 50.402,8 millones de euros. Es lo que gastó el Gobierno federal para aliviar el golpe a hogares y empresas.
El precio del gas, que estaba en 134 euros por megavatio hora, llegó a superar los 300 euros por megavatio hora y, al utilizarse también para producir electricidad, el encarecimiento se trasladó inmediatamente al mercado eléctrico.
La guerra arancelaria de Trump
Desde la asunción de Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos ha impuesto aranceles a la producción europea y, por ende, ha estrechado también ese mercado (que en el año 2024 era el destino del 11% de las exportaciones alemanas).
Además de la estabilidad laboral, un tema apareció recurrentemente en las reuniones y concentraciones. La oposición de una mayoría de trabajadores y del sindicato a los procesos de reconversión de algunas plantas para la producción bélica.
Coincidente con esta tendencia, el gobierno de coalición democristiano-socialdemócrata dispuso un aumento de 28 por ciento en las asignaciones presupuestarias para Defensa, mientras arremete contra derechos adquiridos: sustituyendo el límite de ocho horas de la jornada laboral por un tope semanal de 48 e imponiendo un régimen de pensiones privadas, con el aporte compulsivo de una parte de los salarios.
hoy N° 2128 30/09/2026
