Lo que empezó hace dos semanas como una ola de “blocus” (bloqueos) en los liceos de la región de los suburbios de París se extendió como reguero de pólvora por toda Francia. Para el 29 de septiembre, el propio gobierno reconocía 416 establecimientos afectados. Después se sumaron las universidades: al menos 15 sedes están tomadas o bloqueadas, de Rennes a Marsella, de Lille a Estrasburgo.
Los reclamos son concretos: aulas superpobladas, profesores que faltan y no se reemplazan, horarios agotadores, edificios que se caen a pedazos. “A menudo tenemos clase de 8 a 18, y además dos horas de tarea en casa”, dicen las y los estudiantes, que además recuerdan que en la ola de calor las aulas llegaron a 37 grados y que en invierno hace frío. “Gastan plata en fundas para los celulares, pero no en lo importante”, remató una estudiante de 16 años, en referencia al dispositivo para hacer cumplir la prohibición de teléfonos. Todo esto en medio del recorte del gasto público con que el gobierno pretende pagar la deuda a costa del pueblo.
Palos, detenciones y castigo a los padres
La respuesta de Macron fue la represión. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que solo el viernes 2/10 hubo 1.747 detenidos, y más de 5.000 desde el lunes. El de Justicia, Gérald Darmanin, admitió que el 90% son menores, y pidió a los fiscales que los padres “paguen las reparaciones”. El Sindicato de la Magistratura denunció una “respuesta brutal”, con gases, balas de goma y granadas contra un movimiento “compuesto esencialmente por chicos”. En las pancartas del liceo Turgot, en París, se leía: “¿Quién nos protege de la policía?”.
El gobierno, como siempre, buscó culpables afuera: acusó a La Francia Insumisa, el partido de Jean-Luc Mélenchon, de manipular a los jóvenes y al movimiento de estar “secuestrado por grupos marginales violentos”. El ministro de Educación, Édouard Geffray, debió sentarse con los sindicatos de secundarios y universitarios, que salieron de la reunión sin “medidas concretas” y ratificaron la movilización.
Desde Rennes, en el noroeste de Francia, un estudiante nos contaba que se usaron carros hidrantes en la represión a jóvenes del liceo Chateaubriand: “Desde hace diez años que está Macron, cuando los Chalecos Amarillos y todo, siempre hubo represión. Antes sentíamos que podíamos conseguir nuestras reivindicaciones, ahora parece imposible”. Y explicó la dinámica: “Siempre la policía va a golpear a los estudiantes, y eso hace que al final los alumnos se movilicen mucho más, cada vez más”.
También denunció a los grandes medios, que “nos toman como niños, literalmente, cuando los chicos de los liceos tienen mucha madurez y ven realmente lo que pasa”. Y el racismo policial: “Se llevan sobre todo a la gente que no tiene la piel blanca. Contó además que crece la solidaridad con los bomberos, desbordados tras los grandes incendios de este año, y que el martes “no van a protestar solo los estudiantes, sino mucha más gente”.
Distintas organizaciones políticas, sindicales y sociales se están sumando a las y los estudiantes para la jornada del 6 de octubre, llamada por el movimiento estudiantil, y hacia el 17 de octubre, convocada por los “Chalecos Amarillos” (movimiento que nació en 2018 por los aumentos de combustibles), que puede significar una nueva etapa en la lucha popular contra el gobierno de Macron.
hoy N° 2129 07/10/2026
