El 29 de agosto las Leonas se consagraron campeonas del Mundial de Hockey sobre Césped femenino tras derrotar a Países Bajos por 3-1 en penales. El partido, disputado en el Wagener Stadium de Amstelveen, había terminado igualado 1-1. La selección femenina recorre un camino de victorias, en Perth 2002 y Rosario 2010 consiguiendo el primer lugar. Hoy obtienen la tercer copa del Mundo en la historia del deporte, siendo la quinta vez en jugar contra Países Bajos.
La felicidad se sintió en el campo de juego después del penal definitivo. Las Leonas subieron al podio bailando, con banderas argentinas ante la mirada de figuras históricas como Luciana Aymar y Sergio Vigil, quienes acompañaron al plantel desde las tribunas. “Es un sueño estar acá en este momento. ¡Somos campeonas del mundo, no lo puedo creer!”, dijo conmovida Julieta Jankunas tras la premiación. La delantera cordobesa destacó la resiliencia del grupo al afirmar: “Jamás el equipo fue para abajo. En los penales dijimos: es nuestro. El camino no fue fácil, pero somos Argentina”.
El deporte en disputa
Hoy Argentina se encuentra entre los países con mayor desarrollo y tradición deportiva, a la altura de potencias como Bélgica, Alemania, Australia y Países Bajos. Sin embargo, existe una diferencia: mientras en muchos de estos países las deportistas de alto rendimiento cuentan con contratos y pueden vivir de su profesión, en Argentina todavía hay disciplinas que se sostienen de manera amateur.
Las Leonas son un claro ejemplo. Lejos de romantizar el esfuerzo y el sacrificio, exigen mayores niveles de financiación para poder vivir de su profesión y de la pasión que eligieron. Incluso han contado situaciones tales como no poder pagar el alquiler y vivir en el Cenard un tiempo sin que el Estado ofrezca nada.
Las jugadoras argentinas reciben una beca de la Secretaría del Deporte Nacional, que se encuentra congelada hace dos años, de 1,5 millones de pesos y mantienen otros trabajos, a la misma vez que dejan todo su amor y pasión por la camiseta. Por esta razón, son muchas las jugadoras que emigran a Europa, para poder vivir del deporte en los clubes pagos.
Esto no sucede sólo en el hockey. Como muestra basta ver lo que sucedió en los Juegos Suramericanos: Argentina obtuvo 293 medallas en la última edición, realizada en Santa Fe, a la par que los deportistas ponían de relieve que se gana con el corazón, pero se necesita plata. Agustín Servello, campeón de florete masculino, contó en una entrevista en TyC Sports que tiene tres trabajos para pagar los materiales. Fernanda Milanes, patinadora de carrera, compró sus propias ruedas pidiendo plata y con ayuda de su club. La nadadora Cecilia Dielke no pudo competir el año pasado porque sus padres no pudieron pagarle los viajes a las competencias.
El problema tampoco empieza en el alto rendimiento. Desde la llegada del actual gobierno, el deporte sufrió un fuerte ajuste y los clubes de barrio quedaron cada vez más desfinanciados. Estos clubes cumplen un rol fundamental: son el primer lugar donde miles de chicos y jóvenes acceden al deporte, además de ser espacios de encuentro, contención y comunidad. El gobierno de Milei recorta políticas destinadas a sostenerlos, mientras aumentan sus costos y dificultades para funcionar.
Al mismo tiempo, el gobierno impulsa las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), habilitando la posibilidad de incorporar capital privado a los clubes. Esto abre una discusión sobre qué modelo de deporte queremos: uno basado en clubes como asociaciones civiles, sostenidos por sus socios, con comisiones directivas, con una cuota mensual para el mantenimiento del propio club, donde los propios afiliados puedan tomar decisiones de sus clubes; o uno donde gane cada vez más peso la lógica empresarial. Hoy también vemos este ajuste en el deporte universitario, donde la falta de implementación de la Ley de Financiamiento pone en riesgo espacios fundamentales para que los estudiantes puedan practicar y competir.
Es por esto que defender el deporte significa defender desde el club de barrio hasta el alto rendimiento. No queremos romantizar que una deportista tenga que sacrificarse para poder competir ni que un club tenga que sobrevivir como pueda. Queremos más inversión, más políticas públicas y un Estado que garantice el acceso al deporte a todos los pibes y pibas del país.
Defender la patria
Agus Gorzelany, una de las goleadoras de las Leonas, siempre recuerda a su papá excombatiente de Malvinas para sentir el orgullo en defender la patria cada vez que visten la camiseta “si ellos defendieron la patria, nosotras cómo no vamos a defender la camiseta cada vez que pisamos la cancha”.
Victoria y Majo, de las Leonas, antes de viajar al Mundial visitaron a las Abuelas de Plaza de Mayo para reivindicar la lucha por una Argentina que no olvide ni perdone y seguir recordando a nuestra leona desaparecida, que se llamaba Adriana Acosta. Ella fue capitana del equipo Metropolitano en 1972 y convocada a ser parte de la selección de hockey femenino en 1973. Estudiaba en la UNLP y militaba. En 1976, Adriana a sus veintidós años, se muda a la ciudad de Buenos Aires para seguir sus estudios en la UBA. El 27 de mayo del 78 fue secuestrada.
Recordamos también a la Selección argentina de fútbol, afirmando que las Islas Malvinas son y serán argentinas, agitando un trapo escrito con autoría de algún hincha patriótico, dentro de un estadio en EEUU.
¿Cuál es la salida?
El orgullo argentino, levantar la celeste y blanca, el deporte como principal lugar de felicidad compartida son de los tantos factores que nos unen en la pelea por un país que defienda sus intereses y sus recursos.
Hoy el deporte es un terreno en disputa, también, para pensarnos como un conjunto o salvarnos solos. La política de Milei nos pone en discusión, los lugares que supimos conseguir y donde fuimos coronados de glorias. La respuesta de unidad en los peores y mejores momentos de nuestra querida Argentina, este sentimiento, esta mística que aparece en cada partido y competencia del deporte, nos marca un camino para seguir pensando una salida de unidad y lucha a favor de nuestro país.
Mientras millones levantamos la bandera argentina con orgullo, defendiendo nuestra patria reivindicando nuestra historia, el gobierno de Milei elige un camino completamente lo contrario, el de entregar nuestra soberanía, nuestros recursos y nuestros intereses nacionales en nombre de una supuesta libertad. Hay una diferencia profunda entre sentir orgullo por lo que somos y construir un país que defienda lo propio, y una política que se arrodilla frente a los intereses de las grandes potencias. El deporte nos demuestra que cuando nos reconocemos como parte de un mismo pueblo, cuando defendemos nuestros colores y nuestra identidad, somos capaces de enfrentar este tipo de políticas. Esa misma unidad y ese mismo orgullo por lo nuestro tienen que ser el camino para defender nuestra Argentina, y frenarle la mano a esta política entreguista y cipaya.
hoy N° 2129 07/10/2026
