Sonrisas en la mesa y cuchillos debajo

30 de septiembre de 2026

“Gran reunión, gracias”, dijo Trump el 24 de septiembre, tras más de tres horas con Xi Jinping en la Casa Blanca. Era la primera visita de Estado de Xi desde 2015. Hubo alfombra roja, cena de gala y elogios a una “amistad verdaderamente extraordinaria”, pero ningún acuerdo concreto, por lo poco que trascendió. No se sentaron dos amigos, sino los jefes de las dos principales potencias imperialistas, que se disputan la hegemonía mundial.

Xi propuso competir “dentro de límites razonables” y evitar la “trampa de Tucídides” la tendencia a la guerra cuando una potencia en ascenso amenaza a la dominante. Pero, como viene planteando nuestro PCR, se agrava la disputa interimperialista entre dos reagrupamientos, uno encabezado por Estados Unidos y otro por China. Trump aprovecha su superioridad militar para actuar como gendarme del mundo; el socialimperialismo chino trata de ganar tiempo apostando a su veloz desarrollo tecnológico y militar.

En la cumbre los dos quisieron ganar tiempo. Trump, debilitado por su fracaso en Irán y a semanas de las elecciones de medio término, en noviembre. Xi Jinping y el socialimperialismo chino tienen problemas económicos, con una crisis inmobiliaria que no termina y una caída del consumo interno. No hay que confundirse: los acuerdos entre las potencias imperialistas son parciales y relativos; la disputa es permanente y absoluta.

Según Xinhua, la agencia oficial china, Xi le exigió a Trump oponerse a la independencia de Taiwán y ató ese pedido a toda la relación. Por el Mar de la China pasa más del 30% del transporte marítimo mundial, y la isla concentra el 65% de la fabricación de chips. Quien controle Taiwán tendrá el cerebro de la industria civil y militar del siglo 21. Es uno de los posibles detonantes de un conflicto mundial.

En 2025 Estados Unidos tuvo un déficit comercial de 1,2 billones de dólares, y China un superávit similar. Trump respondió con aranceles, pero Pekín, que procesa cerca del 90% de las tierras raras, restringió su exportación y lo obligó a moderarlos. Washington, a su vez, bloquea la venta a China de chips y de las máquinas de litografía de la holandesa ASML. La principal disputa comercial está en los insumos de la industria de guerra. Además, los compromisos de China de comprar soja y maíz yanquis lo pagan también los productores argentinos, incluso sectores de las clases dominantes como los terratenientes y las agroexportadoras.

A la cena que brindó Trump fueron los dueños de Nvidia, Tesla, AMD y Apple; Xi llegó con BYD y Alibaba. La carrera por la inteligencia artificial es parte de la disputa, incluso en el plano militar: Amazon, Google, Microsoft y Palantir trabajan con el Pentágono, y en China el Estado centraliza todo su desarrollo.

 

Irán y nuestra América

Xi le pidió a Trump negociar con Irán: China necesita el petróleo que pasa por Ormuz, el 20% del crudo mundial. Pero quien frenó a Trump fue la resistencia del pueblo iraní, que lo obligó a firmar un memorándum sin lograr ninguno de sus objetivos y demostró que sigue vigente lo planteado por Mao Tsetung, que los imperialistas “son tigres de papel”.

En América Latina, Trump actualizó la Doctrina Monroe: secuestró a Maduro y bloquea a Cuba y tiene bases militares en la mayoría de los países de América Latina. China es el principal socio comercial de la región, con más de 450.000 millones de dólares de intercambio, controla el puerto de Chancay en Perú y tiene una base espacial en Neuquén. Milei nos ata al carro yanqui: habilita patrullajes de sus fuerzas en el Mar Argentino mientras Washington reclama una base en Tierra del Fuego. Contra el imperialismo yanqui, hoy el más agresivo en la región, dirigimos el golpe principal, sin cambiar de amo: rechazamos las bases de cualquier potencia.

 

Se arman mientras brindan

Mientras brindaban en la Casa Blanca, ninguno de los dos detiene la carrera armamentista. Estados Unidos, con más de 700 bases en el mundo, proyecta un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares para 2027, un 66% más que en 2025. China duplicó su gasto militar en una década y ya tiene la flota más grande del mundo: según el propio comandante yanqui del Indo-Pacífico, construye dos submarinos por cada 1,4 estadounidenses y seis buques de combate por año contra 1,8.

Esa es la verdad detrás de las sonrisas. Como enseñó Otto Vargas, el primer secretario de nuestro PCR, la guerra no depende de la voluntad de los hombres, y la única forma de evitarla es que la revolución se adelante.

Los pueblos de Irán, Ucrania y Palestina vuelven a mostrar que es posible enfrentar a los imperialismos. En nuestro país, derrotar la política de hambre, entrega y represión de Milei, que nos subordina al imperialismo yanqui, el genocida Netanyahu y a los piratas ingleses, pese a que Milei se disfrace de malvinero, es la mayor contribución que puede hacer nuestro pueblo a la lucha contra la guerra imperialista.

 

hoy N° 2128 30/09/2026