El fenómeno de El Niño está presente en el Pacífico ecuatorial desde junio de 2026 y todo indica que seguirá fortaleciéndose. La agencia meteorológica de Estados Unidos (NOAA) estima en más del 90% la posibilidad de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre, y calcula en un 69% la probabilidad de que sea más intenso que cualquiera de los registrados desde 1950.
La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud coinciden con este escenario. En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional confirma que El Niño está activo y en crecimiento, con casi un 100% de posibilidades de que continúe durante el verano 2026/2027. Para la región de la Cuenca del Plata se esperan importantes excesos de agua hasta el verano.
El fenómeno podría traer más lluvias de lo habitual en el centro y norte del país, aunque también períodos de sequía intercalados con precipitaciones muy abundantes. Las zonas más expuestas son el Litoral y el noreste argentino, donde pueden producirse crecidas de los ríos Paraná y Uruguay. También aumenta el riesgo en la región pampeana y el AMBA, donde hay un 45% de probabilidad de que las lluvias superen los niveles normales.
En la Patagonia el impacto sería menor. En el campo, en tanto, el exceso de lluvias puede complicar las tareas de siembra y cosecha.
No se trata de una previsión alarmista, sino de una advertencia basada en información científica y en los datos de organismos como el Servicio Meteorológico Nacional, el INTA, el Conicet y las universidades nacionales. Frente a este escenario, resulta imprescindible prepararse y fortalecer la organización y la prevención para evitar que un fenómeno climático se transforme en una catástrofe social, especialmente en una Argentina golpeada por la crisis.
Lo que dice la ciencia, sin vueltas
El Niño y La Niña son dos fenómenos opuestos que forman parte de un mismo ciclo climático. Se producen por cambios en la temperatura del océano Pacífico y en los vientos, y pueden modificar el régimen de lluvias y sequías en buena parte del mundo. Estos fenómenos aparecen cada dos a siete años, aunque no siempre con la misma intensidad.
El Niño tampoco afecta de la misma manera a todos los países. En las costas de Ecuador y el norte de Perú puede provocar lluvias torrenciales y afectar la actividad pesquera. En otras zonas de Sudamérica puede generar sequías e incendios, mientras que en el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el noreste argentino aumenta el riesgo de lluvias intensas e inundaciones.
En Argentina, los mayores riesgos durante el verano se concentran en Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y el noroeste de Buenos Aires. Allí, las lluvias abundantes pueden provocar importantes crecidas de los ríos Paraná y Uruguay. Los antecedentes de los fenómenos de 1982/83 y 1997/98 muestran que, cuando El Niño alcanza gran intensidad, estas crecidas pueden provocar inundaciones de enorme magnitud en la Mesopotamia.
Cuando la naturaleza se encuentra con carencias estructurales de mucho tiempo
Ningún fenómeno geofísico se desarrolla en el vacío social: se monta sobre infraestructura postergada y un Estado que recorta la obra pública preventiva para privilegiar el pago de la deuda fraudulenta, odiosa, ilegítima y usuraria. Se debe reaccionar antes de que el agua entre en las casas, como en Bahía Blanca: el 7 de marzo de 2025 recibió cerca de 400 mm de lluvia en ocho horas, sobre desagües diseñados para 30 mm y un canal aliviador que no existía. El saldo: 18 muertos, decenas de miles de evacuados y pérdidas por cientos de miles de millones de pesos, con la mesa de seguimiento de obras hídricas discontinuada desde cuatro meses antes. Ese es el patrón que este alerta busca que no se repita.
Un enfoque riguroso, para los intereses del pueblo y la patria, exige ejecutar ya, y no en el papel, un programa de obras de infraestructura preventiva y saneamiento hídrico. Tareas que no admiten demora:
- Limpieza, dragado y canalización de colectores, arroyos y cuencas.
- Refuerzo de defensas, terraplenes, diques y estaciones de bombeo en municipios ribereños del Paraná y el Uruguay.
- Enripiado y elevación de caminos rurales, para la producción y el ingreso de asistencia.
- Acopio de forraje, agua potable, alimentos, medicamentos y refugios en zonas de mayor riesgo.
- Preparación de la infraestructura sanitaria.
Nada de esto es una lista de deseos: es lo mínimo que separa una lluvia intensa de un desastre social.
El Niño y el cambio climático
El Niño Oscilación del Sur (ENOS) es uno de los principales fenómenos que explican las variaciones del clima de un año a otro en distintas partes del mundo. El calentamiento global provocado por la actividad humana no genera este fenómeno, pero sí puede agravar sus consecuencias: más lluvias intensas, inundaciones más destructivas y períodos de sequía más severos. A esto se suma el impacto de la deforestación y el monocultivo, que deterioran los suelos y reducen su capacidad para absorber el agua. Por eso, una inundación no es solamente un fenómeno “natural”: también puede verse agravada por un modelo productivo que deteriora el ambiente y modifica el territorio.
El impacto no es democrático: no golpea igual a los monopolios exportadores y a los timberos de las finanzas que a las familias trabajadoras de los barrios populares, al campesinado pobre o a los pequeños y medianos productores. En los barrios, las inundaciones provocan anegamientos, voladura de techos, colapso de agua y cloacas, dengue, leptospirosis y enfermedades respiratorias. En el campo, la saturación hídrica impide sembrar o cosechar en término y obliga a evacuar o malvender la hacienda. El pequeño y mediano campesino queda atrapado entre el agua y el mercado.
¿Dónde podría golpear con más fuerza?
- Litoral y Cuenca del Plata (Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Chaco y Formosa): Concordia, Gualeguaychú, Paraná, Santa Fe Capital, Rosario, Resistencia, Posadas.
- Pampeana Central: cuenca del Salado bonaerense, centro y noroeste de Buenos Aires, sur de Córdoba y noreste de La Pampa.
- Noroeste Argentino y Cuyo: desbordes de ríos de montaña, deslaves y granizadas sobre la frutihorticultura y la vitivinicultura.
Para cerrar
La naturaleza impone el desafío; eso no está en discusión. Pero es el conjunto social el que decide si ese fenómeno se traduce en catástrofe o si se lo enfrenta con prevención, rigor científico y la fuerza organizada del pueblo. Así como el rechazo de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 abonó el camino hacia 1810, la preparación ante el Super Niño puede aproximarnos a la independencia. Los datos de agosto de 2026 ya no dejan margen para la sorpresa: lo que resta es organizarse antes de que llegue el agua.
Que no se repita la inacción de los desastres anteriores. El pueblo argentino no lo debe admitir y tomar con sus manos las medidas necesarias.
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La respuesta no puede quedar en manos de una oficina
Frente a la magnitud del fenómeno y la lentitud crónica de este gobierno (siempre insensible a los dramas del pueblo), el conocimiento científico tiene que salir del laboratorio y encontrarse con la organización de quienes van a sufrir la emergencia en carne propia.
Es urgente conformar y poner en funcionamiento, ya, comités de crisis multisectoriales en cada municipio, departamento, provincia y a nivel nacional, integrados por tres patas igualmente necesarias:
- Organizaciones de trabajadores, pequeño y mediano comercio urbano y rural y campesinos: sindicatos, cooperativas agrícolas, federaciones de pequeños y medianos productores y movimientos sociales territoriales.
- Comunidad científica y profesional: meteorólogos, ingenieros agrónomos, médicos, epidemiólogos, bioquímicos, farmacéuticos, enfermeros, veterinarios, trabajadores de la salud en general, geólogos y técnicos del INTA, el Conicet y las universidades nacionales, estudiantes y docentes, etc.
- Servicios de emergencia y entes públicos: Defensa Civil, bomberos voluntarios, áreas de salud pública y transporte. Es un caso de Defensa Nacional.
- Estos comités no pueden limitarse a ser órganos consultivos que firman actas de buena voluntad. Tienen que ser instancias de decisión, control y ejecución popular, con capacidad real de:
- Auditar el destino de los fondos de emergencia y la ejecución efectiva de las obras preventivas.
- Relevar manzana por manzana y chacra por chacra las necesidades prioritarias de cada familia.
- Coordinar la evacuación, el abastecimiento de víveres y agua potable, y la atención médica primaria.
- Reclamar la suspensión del cobro de impuestos y retenciones a los pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo afectados, con subsidios directos y créditos a tasa cero para la reconstrucción productiva.
- Exigir la suspensión del pago de la deuda externa para girar esos fondos a tareas de prevención, ayuda y reparación.
- Crear un Fondo Nacional de Emergencia Hídrica y Sanitaria financiado con la suspensión de los pagos de la deuda y un impuesto extraordinario a las cerealeras exportadoras y monopolios financieros, energéticos y bancarios.
- Imponer impuestos a las grandes fortunas para obtener los fondos necesarios ya.
- Derogar toda legislación que se oponga al interés de la población y de la protección nacional.
hoy N° 2125 09/09/2126
