El 23 de septiembre la policía sacó a la fuerza de su casa a Maricarmen Abascal, que había vivido más de setenta años en ese piso madrileño. Fue la gota que rebalsó el vaso. Tres días después, una multitud marchaba por Madrid y terminaba levantando una acampada en la Puerta del Sol con una consigna que resume el estado de ánimo: “O cae el rentismo (los que se benefician con altos alquileres) o cae el Gobierno”.
Quince años después del 15M, la Puerta del Sol volvió a llenarse de carpas. Y como entonces, el grueso de los que pusieron el cuerpo son jóvenes: estudiantes, precarizados, trabajadores que con sueldos de miseria no pueden pagar un alquiler y no tienen otra salida que compartir piso o seguir en la casa de sus padres. En una década los salarios subieron un 28% mientras la vivienda se encareció un 80% para comprar y un 87% para alquilar.
La rebeldía se extendió como reguero de pólvora. Hubo acampadas en Valencia, Oviedo, Granada, Zaragoza, Sevilla y otras ciudades, y el 3 y 4 de octubre se movilizaron más de 50 ciudades. En Madrid, el Sindicato de Inquilinas habló de medio millón de personas (el Gobierno reconoció 70.000). Málaga sumó 50.000, Zaragoza 40.000, y el lunes 5 Barcelona marchó con 120.000 según los organizadores. En Valencia, la columna fue a plantarse frente al congreso de especuladores del Real Estate Summit, y la respuesta fue la represión: balas de goma, gases y cinco detenidos.
En Madrid, al sábado 10 se contaban cerca de 1.800 carpas con una gran organización. Las consignas muestran que no se trata de un simple reclamo sectorial. “Ni casas sin gente, ni gente sin casa”. “Rentistas culpables, gobierno responsable”. Y en la marcha de Zaragoza se coreaba: “No podemos hacer las paces, esto es lucha de clases”.
El movimiento enfrenta a dos puntas. Por un lado, los partidos de derecha y ultraderecha voltearon en el Congreso los decretos de vivienda. Por otro, toma distancia del Gobierno del PSOE y Sumar, que en ocho años no resolvió nada y ofreció lo que los manifestantes llaman “migajas”. Lejos de levantarse como estaba previsto si se aprobaban los decretos, la acampada siguió. Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, pidió dos veces el desalojo y los jueces se negaron.
Las bandas fascistas amenazaron con desalojar la Puerta del Sol “patadas”; atacaron de madrugada las acampadas de Oviedo y Sevilla, y una contramarcha que pedía vivienda “social y nacional” y “deportaciones masivas” intentó llegar al acampe. Su objetivo es claro: desviar la bronca contra el inmigrante para salvar al especulador.
No pasaron. Se organizaron patrullas para defender los acampes. “Madrid será la tumba del fascismo”, se canta en la Puerta del Sol.
“Maricarmen vive, la lucha sigue”
El miércoles 7, catorce días después del desalojo, Maricarmen murió en el Hospital Gregorio Marañón, donde estaba internada. La empresa propietaria, Urbagestión, que pretendía aumentarle el alquiler un 230%, había firmado días antes un acuerdo para que volviera a su piso, pero nunca llegó a regresar. «La solución ha llegado demasiado tarde, una situación absolutamente evitable tras un proceso torturante», denunció el Sindicato de Inquilinas, que la acompañó en cinco años de litigio y hasta cuatro intentos de desahucio.
La noticia se conoció pasadas las 20.30 y la respuesta fue inmediata. Desde la acampada de Sol se armó una marcha hacia el Congreso, el mismo que menos de una semana antes había tumbado los decretos de vivienda. Un cordón de furgones policiales les cortó el paso. Encendieron velas, hicieron un minuto de silencio y cantaron “No son muertes, son asesinatos”, “Maricarmen vive, la lucha sigue”. La rabia se extendió a otras ciudades, con marchas y convocatorias.
Mientras tanto, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz publicaron condolencias en las redes, como si su Gobierno no hubiera tenido ocho años para frenar los desahucios, el Partido Popular se negó a guardar un minuto de silencio en la Asamblea y en el Ayuntamiento de Madrid.
Las marchas se repitieron el jueves 8. Decenas de miles marcharon hasta el número 46 de la calle Sainz de Baranda, el piso al que ella quería volver. Los vecinos aplaudían desde los balcones. También hubo homenajes en Valencia (donde grupos fascistas amenazaron con atacar el acampe, pero no se animaron ante la multitudinaria convocatoria para enfrentarlos), Oviedo, Málaga, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva y Almería.
Y la pelea no se detuvo: en San Blas, más de cien activistas frenaron el desahucio de Tamara, su pareja y sus tres hijos.
La Confederación de Sindicatos de Inquilinas, junto a CCOO y UGT, convocó el viernes a un minuto de silencio en lugares de trabajo y centros de estudio; en Barcelona hasta el metro se paró.
Los partidos de derecha y ultraderecha buscan criminalizar el movimiento y los acampes, además de rechazar los homenajes a Maricarmen. La propia Ayuso, el sábado 10 acusó a grupos “terroristas propalestinos” de estar detrás de los acampes y volvió a pedir el desalojo de Sol.
El gobierno, por su parte, intenta capitalizar. Volvió a aprobar los decretos el martes 6, y desde el jueves 8 rige el que suspende hasta 2030 los desahucios de familias vulnerables cuando el dueño es una empresa especuladora, pero con dinero público para compensar a los caseros. El de prórroga de los alquileres depende de una convalidación que el propio Sánchez admite no tener asegurada.
En Madrid, la acampada cumple dos semanas con más de mil carpas. La asamblea resolvió que parte de las decisiones se tomen en los nodos de barrio, para que “la chispa encendida en Sol llegue a los barrios” sin vaciar la plaza.
Fue esta pelea desde abajo, desde los sindicatos de inquilinas, las asambleas de barrio y los centros de estudio, la que empujó a las centrales sindicales (CCOO y UGT, junto al Sindicato de Inquilinas y con el apoyo de ELA y LAB) a convocar la primera huelga general en catorce años. Será el 11 de noviembre, bajo el lema “Ni salarios por el suelo, ni vivienda por las nubes”, y a pocas semanas de las elecciones del 29-N.
Una nueva generación ha salido a la calle en España y está siendo protagonista. Como pedía la propia Maricarmen: “Seguid luchando por lo que es vuestro”.
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Testimonio desde España
“Hay mucha intención de seguir y de luchar”
Una compañera, residente en España, decía a nuestro semanario que “Hay una gran acampada en la Puerta del Sol, la plaza emblemática, que está frente justo a lo que es el ayuntamiento, donde está la presidenta de la Comunidad de Madrid. Empezó hace dos semanas cuando desalojaron de forma violentísima Maricarmen, una señora de 87 años, que alquilaba esa casa hace 70 años.
“Hay una gran organización en el acampe, se han armado y nombrado calles adentro. Se respira ahí dentro una gran comunidad, con mucha intención de seguir y de luchar, y mucha reivindicación de la clase a la que pertenecen, porque la gente grita “que viva la lucha de la clase obrera”.
La compañera agrega que “Lo de Francia no es menor, y se sigue mucho. En España también reprimieron, aunque en Sol todavía no. En Madrid dicen en el acampe que al menos esta semana siguen, y en los últimos días están trabajando barrio por barrio para que toda la gente participe de la huelga. Hay asambleas todos los días, en el acampe, en los barrios y también en lugares de trabajo, y arrancaron el llamado a una huelga de todas las centrales sindicales para el 11 de noviembre”.

hoy N° 2130 14/10/2026
