Federico Engels, el “general” de la revolución proletaria

29 de julio de 2026

“¡Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra!”, dijo Federico Engels ante la tumba de su amigo Carlos Marx en 1883. Doce años después, el 5 de agosto de 1895, a su muerte, Lenin le devolvió esas mismas palabras: “Después de su amigo Carlos Marx, Engels fue el más notable científico y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado”. A 131 años de su muerte, reivindicamos una trayectoria que no fue la de un simple “colaborador” de Marx, sino la de un revolucionario de cuerpo entero, combatiente y organizador de la clase obrera internacional.

Engels nació el 28 de noviembre de 1820 en Barmen, Renania, en el seno de una familia de industriales textiles. Destinado por su padre a los negocios, fue en Manchester, centro de la industria inglesa, donde se produjo su viraje definitivo: recorrió los barrios obreros, estudió los documentos oficiales sobre las condiciones de la clase trabajadora y en 1845 publicó La situación de la clase obrera en Inglaterra, el primer estudio que sostuvo que el proletariado no era sólo una clase que sufre, sino una fuerza empujada por su propia condición a luchar por su emancipación.

“Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, sino que la vergonzosa situación económica en que se encuentra lo impulsa inconteniblemente hacia adelante y lo obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a darse cuenta de que no les queda otra salida que el socialismo” recordaba Lenin.

En 1844, en París, se selló su amistad con Marx, ya iniciada por correspondencia. De esa unión nació el comunismo científico. En 1847 ambos se vincularon a la Liga de los Comunistas, primera organización revolucionaria de la clase obrera con estatutos democráticos y programa científico, que les encargó redactar sus principios. Así nació el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848: partida de nacimiento de una nueva concepción del mundo y llamamiento a la unidad internacional de los proletarios para la conquista del poder político. “Este librito vale por tomos enteros: inspira y anima, aún hoy, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado”, afirmó el líder de la Revolución Rusa.

Cuando estalló la revolución de 1848 en Francia, que se expandió a otros países, Engels no se limitó a escribirla: combatió con las armas. Como redactor, junto a Marx, de la Neue Rheinische Zeitung en Colonia, calificada por Lenin como “el órgano mejor, no superado, del proletariado revolucionario”, denunció la traición de la burguesía liberal alemana a la revolución. Clausurado el periódico, se incorporó como oficial adjunto al cuerpo de voluntarios de Willich y combatió en varias batallas contra las tropas prusianas. De allí le quedó el apodo de “el general”: para Engels, la teoría revolucionaria era inseparable de la práctica y de la disposición a jugarse la vida por ella.

Tras la derrota de 1848-49 y el exilio en Inglaterra, Engels volvió a trabajar como empleado y luego socio de la firma Ermen & Engels en Manchester, tarea que detestaba pero que sostuvo durante casi veinte años para que Marx pudiera dedicarse a la elaboración de El Capital. Fue, dijo él mismo, tocar “el segundo violín” al lado de su amigo; sin ese sostén material y político la obra teórica del marxismo no habría podido completarse.

En 1864 nació la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Primera Internacional, y desde 1870, instalado ya en Londres, Engels se incorporó al Consejo General, donde asumió responsabilidades como secretario para varios países. Fue un firme defensor de la Comuna de París de 1871, “nuevo punto de partida de importancia histórica universal”, y libró allí una batalla decisiva contra el anarquismo bakuninista y contra el reformismo tradeunionista, sosteniendo la necesidad de la organización política independiente de la clase obrera y de la conquista revolucionaria del poder.

En 1878 publicó el Anti-Dühring, escrito para frenar la penetración de concepciones pequeñoburguesas dentro de la socialdemocracia alemana. La obra se convirtió, según Lenin, en una verdadera enciclopedia del marxismo, exponiendo de conjunto el materialismo dialéctico e histórico, la economía política y el socialismo científico. Fue también, de principio a fin, una polémica: Engels no concebía la lucha teórica separada de la lucha política contra el oportunismo. Por esos años Engels escribió Del socialismo utópico al socialismo científico (1880) y Dialéctica de la naturaleza (1883).

“Para comprender lo que Engels ha hecho por el proletariado es necesario entender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx para el desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera, con sus reivindicaciones, es el resultado necesario del sistema económico actual que, con la burguesía, crea y organiza inevitablemente al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan actualmente, no por los esfuerzos bienintencionados de algunas nobles personalidades, sino por la lucha de clase del proletariado organizado.

A la muerte de Marx, en 1883, Engels asumió la tarea de ordenar y editar los tomos II y III de El Capital, que su amigo había dejado inconclusos, y redactó El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), fundamental para comprender la opresión de la mujer y del Estado como instrumento de dominación de clase. Al mismo tiempo, sostuvo una intervención constante en los partidos obreros europeos, señalando los peligros de las concesiones programáticas al oportunismo.

Hacia fines de la década de 1880, con el ascenso mundial de la organización obrera, Engels impulsó activamente la constitución de la Segunda Internacional, fundada en 1889, enfrentando en la preparación del congreso tanto a los posibilistas reformistas franceses como a los tradeunionistas ingleses que querían reducir el movimiento obrero a la negociación sindical dentro del orden burgués. Hasta sus últimos meses de vida siguió alertando contra el revisionismo que crecía en la socialdemocracia alemana. Engels protestaba por los recortes hechos a un artículo suyo en la revista teórica Die Neue Zeit, que los hacían parecer, según sus propias palabras, un “adorador pacífico de la legalidad”.

Engels murió el 5 de agosto de 1895 en Londres. En su funeral, Wilhelm Liebknecht, August Bebel y Paul Lafargue, entre otros dirigentes obreros de medio mundo, juraron continuar la lucha bajo la consigna que él y Marx habían legado: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

“Qué antorcha de la razón se ha apagado! ¡Qué gran corazón ha dejado de latir!”, escribió Lenin citando a un poeta ruso, y afirmó, “Las leyendas de la antigüedad relatan diversos ejemplos de emocionante amistad. El proletariado europeo puede decir que su ciencia fue creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones superan a todas las conmovedoras leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres”.

Hoy, cuando en Argentina un gobierno como el de Milei agita el combate contra el comunismo en representación de los sectores más reaccionarios de las clases dominantes, y en el mundo se ciernen las nubes de una nueva guerra imperialista mientras crecen las luchas de los pueblos por su liberación, la vida de Engels -teoría y práctica revolucionaria fundidas en un mismo combate- conserva toda su vigencia para la lucha revolucionaria.

 

hoy N° 2119 29/07/2026