Francia: la rebelión estudiantil no se detiene

14 de octubre de 2026

El movimiento nació a mediados de septiembre con el bloqueo de liceos en Créteil, en los suburbios de París, y se extendió a todo el país. El 6 de octubre, con el apoyo de sindicatos docentes, de la CGT y de agricultores, marcharon 450.000 personas según la intersindical de la juventud. Ese día 891 liceos, uno de cada cuatro, quedaron bloqueados o paralizados. Hubo 30.000 manifestantes en Toulouse y en Burdeos, y 20.000 en Lyon. En Bourges, un tractor de la Confédération paysanne encabezó la columna.

El jueves 8, cuarta jornada nacional, miles de jóvenes ocuparon la plaza de la Bastilla. La policía cercó la plaza, cargó y gaseó. Allí la Union étudiante, la Unef y la federación docente FSU convocaron a huelga y movilización para el 13. “Mientras no haya 10.000 millones de euros sobre la mesa, seguiremos movilizándonos”, advierten las y los estudiantes. En las universidades crecen las asambleas: en Nantes, 2.000 estudiantes votaron bloquear y ocupar el campus.

Las organizaciones estudiantiles presentaron diez medidas de urgencia: reparar edificios, más docentes, enfermeros y psicólogos, 250.000 plazas universitarias, fin de la selección por algoritmo de la inscripción a la universidad, aumento de las becas y castigo a la violencia policial.

El gobierno responde con palos. Cerca de 7.000 jóvenes pasaron por comisarías, la mayoría menores. El Colegio de Abogados de París denunció el “uso masivo” de la detención de menores. En Lens, un chico de 15 años perdió una mano; en Tours, Maël perdió un ojo por una bala de goma. El gobierno tuvo que suspender las granadas aturdidoras y la ONU se mostró “preocupada”. En las calles se escucha: “Queremos el BAC, no la BAC” (el bachillerato, no la brigada policial) y “La violencia viene del Estado que no escucha”.

Frente a la represión crece la solidaridad. En Le Havre, militantes de la CGT de varias fábricas formaron cordones para proteger a los liceístas. En Saint-Denis, docentes del liceo Paul Eluard pararon e hicieron cadenas humanas. En Grenoble, 13.000 manifestantes desafiaron la prohibición de concentrarse frente a los liceos.

Mientras tanto, el ministro de Educación Édouard Geffray anunció 3.000 profesores suplentes y una consulta online, y el primer ministro Lecornu prometió un plan para fin de mes. Pero su presupuesto 2027 recorta cargos docentes y servicios públicos mientras crece el gasto militar. El viernes 9 todavía había 141 liceos cerrados. El gobierno apuesta al desgaste y a las vacaciones que empiezan el 17.

Las centrales sindicales recién convocan a un paro nacional el 5 de noviembre, una fecha que sectores combativos consideran demasiado lejana. Muchos jóvenes miran al sábado 17 de octubre, convocado en las redes contra la carestía y la suba de los combustibles, como fecha de confluencia.

 

“Lo más importante de esta lucha es la solidaridad”

Gabin Le Gall, de 20 años, estudiante de segundo año de Teoría Política en Rennes, decía a nuestro semanario: “Hay una confluencia de luchas. Muchos sectores están de acuerdo con nosotros y quieren luchar también: los bomberos, parte de los agricultores, los trabajadores de la salud, los profesores. No hay una organización que fije las fechas: Mientras, seguimos bloqueando todo.

“El gobierno intenta por todos los medios que esto termine: cierra facultades y secundarios para pasar a clases virtuales y propone media jornada de “democracia interna” para retomar los cursos. No sabe cómo salir de esta situación, porque los estudiantes pedimos cambios concretos: faltan profesores y no se cubren las vacantes; la mitad de las sillas de las universidades están rotas desde hace años; el Estado financia a los colegios privados y abandona a la escuela pública; cada año suprimen más cargos docentes.

“El gobierno actúa de dos maneras. Cuando reprime -a un estudiante le destrozaron una mano y hubo violencia policial, incluso sexual-, trata casi como adultos a chicos de 14 años. Y al mismo tiempo nos trata como niños: dice que no tenemos reivindicaciones, que lo hacemos porque es divertido o por TikTok.

“Antes, en Francia, las protestas amplias permitían ganar cosas. Pero Macron nunca escuchó a nadie: ni a los “chalecos amarillos” ni a la movilización contra la reforma jubilatoria, que subió la edad de retiro de 62 a 64 años. En cambio, el gobierno compró de todo para reprimir.

“Los jóvenes no son revolucionarios en abstracto; depende de cada país. En Francia, esta juventud es muy revolucionaria porque ve que su futuro va a ser cada vez peor y que luchar es su única manera de sobrevivir. Entre los jóvenes, tanto en la Argentina como en Francia, hay dos tendencias. Una quiere luchar colectivamente, con una perspectiva socialista o comunista, por más igualdad y libertad. La otra es individualista: ‘voy a ser mi propio jefe y con trabajo y mérito me voy a hacer rico’. Pero las dos piensan lo mismo: que el sistema está en crisis y que todo va a ir cada vez peor. Hay salidas por izquierda y por derecha.

“El gobierno está perdido. Es una relación de fuerzas: o ceden y ganamos nuestras reivindicaciones, o la situación empeora. Lo peor para el gobierno es que solo puede responder con la policía. Lo más importante de esta lucha, de lejos, es la solidaridad. Todos se ayudan: se pasan el líquido contra el gas lacrimógeno y asisten a los abuelos o a chicos de 5, 6 o 7 años que estaban con sus padres y terminaron con gas en los ojos. No sé cuándo va a terminar esta movilización, pero creo que son las raíces de una lucha mucho más amplia. Para mucha gente fueron las primeras protestas de su vida, y eso te cambia para siempre”, finaliza Gabin.

 

hoy N° 2130 14/10/2026