San Martín, ahora y siempre

19 de agosto de 2026

Escribe Facundo Guerra

 

Breve biografía histórica y política

San Martín nació en Yapeyú el 25 de febrero de 1778. Era hijo de padres españoles, originarios de Palencia. En Corrientes posiblemente haya aprendido palabras en guaraní y la vida de los pueblos originarios. A los 6 años regresó a España. A los 11 ingresó al ejército como cadete y finalizó su carrera como Teniente Coronel. En los 22 años en el ejército, participó en más de 30 acciones de combate en el llano, en montañas, en mar, con infantería, milicias y caballería. Conoció a Napoleón y a los principales militares españoles, franceses e ingleses de la época. Su padre político y militar, el general Solano, lo acercó a las ideas revolucionarias de la época. Tenía una biblioteca personal de casi un millar de volúmenes. Hablaba varios idiomas y era muy buen pintor, guitarrista y bailarín.

Regresó a la América mestiza en 1812, en una inmigración política significativa que integraban Miranda, Bolívar, O’Higgins, Bello, Zapiola, Alvear, entre otros. En Buenos Aires, organizó la Logia Lautaro, en honor al gran cacique mapuche y participó del derrocamiento del Segundo Triunvirato dirigido por Rivadavia que asfixiaba la revolución. Formó el Regimiento de Granaderos a Caballo y obtuvo su primer triunfo militar en la batalla de San Lorenzo. Fue nombrado al mando del Ejército del Norte en reemplazo de Belgrano, a quién consideraba “lo mejor que tenemos en América”. Sus enfermedades (asma, ulcera, reumatismo, etc) lo llevaron a solicitar reposo en Córdoba. Sus ideas de plan continental y de atacar el centro del poder realista en Perú por tierra y mar, lo llevaron a solicitar el gobierno de Cuyo. Organizó y coordinó con Güemes la táctica de guerrillas defensiva para contener las invasiones realistas del norte.

En Mendoza desplegó la “Guerra de Zapa” un plan de espionaje y contraespionaje para ganar tiempo, obtener información, desconcertar al enemigo y promover la insurrección en Chile. Como gobernador, aplicó una economía de guerra y medidas para fomentar la industria. Promovió la minería local y creó el taller metalúrgico más importante del Cono Sur, donde se producían armas y municiones. Apoyó la agricultura local y generó planes de acceso a la tierra. Protegió la industria local de vinos y cuestionó la apertura externa. Implementó una política impositiva bajo el principio: quién más tenía, más pagaba. Confiscó bienes de los contrarrevolucionarios, estableció un impuesto del 2% sobre las riquezas, expropió el diezmo de la Iglesia y obligó a las familias adineradas a “donar” sus joyas. Dictó la primera ley protectora de los derechos de los peones rurales y prohibió el castigo físico a los estudiantes. Fundó escuelas y hospitales. Después de casarse tuvo su única hija en Mendoza.

Desde Cuyo impulsó la declaración de la independencia y apoyó la iniciativa de Belgrano para establecer una monarquía dirigida por un descendiente de Túpac Amarú. Formó y preparó el Ejército de Los Andes, un ejército compuesto por criollos, indígenas, afrodescendientes, chilenos y europeos. Planificó el cruce del ejército en seis columnas para despistar al enemigo, en una de las operaciones militares más magníficas de la historia.

Derrotó a los realistas en Chile después de tres batallas (Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú). Rechazó el puesto de gobernador de Chile que le ofrecieron y desobedeció las órdenes del Directorio que le solicitaban regresar para enfrentar a Artigas. Organizó una flota de 24 naves en total (entre las que se encontraban Independencia, Lautaro, Araucano, etc.) y bloqueó el puerto de Perú, mientras desplegaba una columna por tierra al mando de Arenales. En Perú declaró la independencia, abolió la esclavitud y los tributos a los originarios.

El ejército realista que se encontraba en el interior de Perú amenazaba la independencia y las contradicciones en Lima crecían. Sin apoyo de Buenos Aires y ante la negativa de Bolívar de mantener a San Martín bajo su mando, renunció al protectorado de Perú y regresó a Mendoza. Las persecuciones y posibles atentados contra su vida y con la decisión de no participar en la lucha interna en las Provincias Unidas, lo llevaron a exiliarse a Europa. A pesar de las amenazas, defendió la independencia de América en el viejo continente, como se expresó en su importante actuación ante la invasión anglo-francesa de 1845.  Falleció el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia, a los 72 años.

 

Algunas reflexiones

No hay proa que taje una nube de ideas. Esta cita de José Martí enuncia la importancia de las ideas revolucionarias, que crecen, anidan y se gestan una y otra vez frente a las injusticias. No hay otra forma de explicar que una persona de familia española, que solo había vivido seis años en su “patria” natal, abandonara el ejército que lo había formado y buscara el horizonte revolucionario en América. Un dato para pensar: no era una guerra contra los españoles, sino contra el absolutismo colonialista, presente tanto en España como en América. Es imposible no recordar la máxima del Che Guevara: “Sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo, esa es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Cuando la dictadura es un hecho, la revolución en un derecho. No solo derecho, sino necesidad. Esta frase del escritor Víctor Hugo expresa, de alguna manera, el pensamiento sanmartiniano. Por una parte, enuncia su objetivo principal: terminar con la opresión colonial: “Seamos libres, lo demás no importa nada”. Por otra, plantea que no existen atajos para enfrentar la tiranía, sino que es necesaria una lucha revolucionaria consecuente. “No hay revolución sin revolucionarios”, repetía el Libertador, y sentenciaba: “La muerte es mejor que ser esclavos de estos maturrangos”. No son simplemente frases: son profundas reflexiones sobre las tareas, las decisiones y el camino necesario para alcanzar la liberación.

Al pueblo que quiere ser libre, no hay poder humano que lo sujete. La frase de Miguel de Güemes resalta el poder del pueblo. No podría haber existido un San Martín sin el pueblo de Cuyo, sin el apoyo popular de Chile y del Perú. Tampoco podría haber existido sin Cabral, sin los afrodescendientes que integraron el Ejército de los Andes, ni sin mujeres que participaron activamente en la lucha, como Martina Chapanay, Pascuala Meneses o Josefa Tenorio. No podría haber existido sin el permiso y el apoyo de los pueblos pehuenches del sur mendocino, ni sin la “guerra de zapa” llevada adelante por Pedro Vargas, Manuel Rodríguez o Eulalia Calderón. Tampoco sin el trabajo y el compromiso de hombres como el tropero Sosa o el molinero Tejeda. Es decir, no hay dirigentes populares sin un pueblo movilizado; y, a la vez, un pueblo se moviliza y está dispuesto a asumir los mayores sacrificios cuando reconoce dirigentes dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias.

Nada es imposible en el mundo, si uno se atreve a escalar las alturas. La cita de Mao pone el contexto. Cuando San Martín arribó a Cuyo, la revolución atravesaba uno de sus momentos más difíciles. Fernando VII había regresado al trono después de las derrotas francesas; las revoluciones de México y Chile habían sido derrotadas y había caído la Segunda República de Bolívar. Por su parte, Alvear ofrecía nuestros territorios a los ingleses, mientras parte de la élite criolla buscaba distintos protectorados. La revolución pendía de un hilo. En ese contexto, gestar un ejército en la entonces remota región de Cuyo y atravesar la cordillera más alta de América para enfrentar a uno de los principales ejércitos imperiales parecía, sencillamente, imposible. Sin embargo, contra todos los mentores del escepticismo, un pueblo en armas, una guerra popular y una estrategia militar audaz lograron transformar lo necesario en posible. “Necesitamos pensar en grande”, decía el general, como quien nos llama, todavía hoy, a levantar la cabeza y animarnos a imaginar lo que parece imposible.

Seguramente haya otras reflexiones por realizar, no solo positivas, sino también críticas. Pero en momentos en que la patria está en peligro, cuando los imperios estrujan nuestros suelos y nuestros pueblos, cuando los tiranos vuelven al trono, las enseñanzas de San Martín no son un asunto del pasado, sino una referencia imprescindible para construir un futuro verdaderamente independiente.

 

hoy N° 2122 19/08/2026