Súper RIGI, súper saqueo

1 de julio de 2026

Con 130 votos a favor -incluyendo legisladores que responden a gobernadores como Jaldo, Jalil y Sáenz, que volvieron a hocicar ante la Casa Rosada- el oficialismo de La Libertad Avanza obtuvo media sanción para el llamado Súper RIGI, la versión recargada del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones. El proyecto, presentado por el oligarca Bertie Benegas Lynch con la arrogancia característica de la derecha más recalcitrante, garantiza durante tres décadas estabilidad fiscal, cambiaria y jurídica para inversiones extranjeras superiores a los mil millones de dólares en inteligencia artificial, data centers y semiconductores. Ganancias al 15% cuando el resto paga hasta el 35%. Cero retenciones. Libre disponibilidad de divisas. Un paraíso fiscal en medio del infierno que viven las pymes, las y los trabajadores y el pueblo.

Pero el Súper RIGI no se entiende solo. Hay que leerlo junto a lo que el gobierno de Milei acaba de firmar en Washington: la adhesión de la Argentina a la Pax Sílica.

 

La Pax Sílica y el reparto de roles

La Pax Sílica es la alianza que lanzó el Departamento de Estado de Estados Unidos en diciembre de 2025 para controlar toda la cadena de la inteligencia artificial -minerales críticos, chips, energía, data centers- y excluir a China. Su arquitecto es Jacob Helberg, ex funcionario de Palantir, la empresa del tecnofascista Peter Thiel, el mismo a cuya medida fue redactado el Súper RIGI. El esquema es claro: unos diseñan y fabrican; otros ponen el suelo, los minerales y la energía. Argentina entra en el segundo grupo.

El canciller Quirno lo dijo sin pudor desde la cumbre de Washington: el ingreso al acuerdo “complementa los acuerdos firmados meses atrás con Estados Unidos sobre minería y procesamiento de minerales críticos”. Es decir, la Argentina de Milei acepta el rol de exportadora de materias primas en la revolución tecnológica más importante del siglo 21.

El caso filipino ilumina adónde conduce este camino. Filipinas -un país que ya fabrica chips, que está un escalón por encima de Argentina en la cadena- recibió de Estados Unidos una propuesta para instalar un centro tecnológico en su territorio, operado bajo ley norteamericana y con inmunidad diplomática. Manila rechazó la soberanía cedida; aquí el oficialismo ni siquiera lo discute.

Las similitudes con el Súper RIGI son inocultables. El artículo 24 del proyecto habilita arbitrajes internacionales por encima de la justicia argentina. El artículo 55 prohíbe exigir compras a proveedores locales. No hay obligación de transferencia tecnológica. No hay control ambiental sobre los data centers, que consumen cantidades enormes de agua y energía. Argentina pone los recursos; el diseño, los chips y los empleos calificados quedan afuera.

 

Entrega por treinta años

El proyecto garantiza a los monopolios tecnológicos un “derecho adquirido, asimilable al de propiedad” que ninguna norma posterior puede modificar. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) estima un costo fiscal de al menos 1.069 millones de dólares anuales. El impacto más fuerte golpeará entre 2029 y 2033.

El Súper RIGI y la Pax Sílica son dos caras de la misma moneda: la subordinación incondicional de este gobierno al imperialismo yanqui en su disputa con China por el control de la economía digital del siglo 21. Nos asignan el rol más bajo: proveedores de litio, agua, energía y suelo barato, mientras los monopolios se llevan las ganancias por tres décadas con tribunales internacionales que los blindan frente al Estado argentino.

La lucha por la soberanía y la industrialización al servicio del pueblo y de la patria exige redoblar la lucha contra este régimen de entrega, derrotar esta política y poner los recursos estratégicos al servicio del pueblo, no de Peter Thiel.

 

Foto de portada: Canciller argentino con funcionario de EEUU firmando la Pax Silica

hoy N° 2115 01/07/2026