Estados Unidos e Irán volvieron a un estado de confrontación militar abierta esta semana, después de que el gobierno de Donald Trump declarara “muerto” el Memorando de Entendimiento que había frenado los combates a gran escala entre ambos países. El anuncio, hecho por Trump en la cumbre de la OTAN en Ankara, puso fin a una tregua que muchos observadores creían -erróneamente, según Lualdi- el cierre definitivo del conflicto iniciado en febrero. “Estaba claro que el ‘alto el fuego’ propuesto por EEUU respondía, en realidad, a su necesidad de replantear la agresión militar y no entrar a la competencia del Mundial de Fútbol en medio de una guerra abierta. Es cierto que muchos observadores, durante semanas, consideraron que la guerra con Irán había entrado en una fase de posguerra. Se equivocaron. Suele ocurrir que es fácil confundir deseos con realidades”.
EEUU nunca cumplió con el Memorándum de Entendimiento firmado con Irán y buscó, por distintos caminos, minar la decisión política y diplomática iraní para obtener ventajas y presentarse como un ganador del conflicto. Alentó el paso de buques por el Estrecho de Ormuz sin respetar lo firmado en cuanto a las exigencias iraníes de tránsito condicionado a autorización previa.
La escalada se desencadenó cuando tres buques comerciales intentaron cruzar el Estrecho de Ormuz sin la autorización previa que Irán exige desde el alto el fuego. Fuerzas iraníes atacaron las embarcaciones y Estados Unidos respondió con una de las mayores oleadas de bombardeos de la guerra, alcanzando más de ochenta objetivos militares en el sur de Irán: defensas antiaéreas, radares costeros, centros de mando y activos navales de la Guardia Revolucionaria. Más de sesenta lanchas rápidas de ataque iraníes fueron destruidas en la operación, atribuida al Comando Central de Estados Unidos.
Irán respondió de inmediato con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Baréin y Kuwait. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que “la era de la intimidación ha terminado”, mientras la cancillería advirtió que adoptará “todas las medidas necesarias” para defender su seguridad. Los precios del petróleo subieron de inmediato y Washington revocó una exención de sesenta días sobre las sanciones a las exportaciones petroleras iraníes, nueva muestra de que Teherán conserva capacidad para afectar el corredor energético más importante del mundo.
Horas más tarde, en Ankara, Trump calificó a los dirigentes iraníes de “mentirosos” y “escoria”, descartó nuevas negociaciones por considerarlas “una pérdida de tiempo” y confirmó el fin del Memorando de Entendimiento. Con ello, ambos gobiernos abandonaron el marco diplomático que días antes había contenido los combates. Para Lualdi, se trata de la tercera vez que Estados Unidos traiciona las negociaciones diplomáticas para relanzar una guerra de agresión contra Irán.
El trasfondo inmediato del recrudecimiento fue el funeral de Estado del exlíder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, asesinado en febrero durante la fase inicial de la guerra. Más de diez millones de personas colmaron Teherán y la ciudad santa de Qom en una de las manifestaciones más numerosas de la historia reciente del país, coreando consignas contra Estados Unidos e Israel y prometiendo vengarse de Trump. Según Lualdi, el funeral transmitió dos mensajes: unidad nacional hacia el interior y decisión de enfrentar a la coalición encabezada por Estados Unidos e Israel y sus socios regionales.
Lualdi sostiene que ninguna de las partes logró sus objetivos iniciales: Estados Unidos e Israel no consiguieron desmantelar el sistema de defensa iraní, acabar con su desarrollo nuclear independiente ni provocar la caída del gobierno de la República Islámica, mientras que Irán conserva capacidad para amenazar la navegación en el Estrecho de Ormuz. Israel, señala el autor, fue duramente golpeado como nunca antes, y por ello permanece insatisfecho ante la persistencia del régimen iraní. El artículo recuerda que Irán firmó los acuerdos de no proliferación y reiteró su voluntad de no desarrollar armas nucleares, respaldada por una fatua de Jameneí, mientras -remarca Lualdi- se ignora deliberadamente que Israel posee unas 90 ojivas nucleares y nunca firmó el Tratado de No Proliferación.
Lualdi vincula la decisión de Trump con su credibilidad política y con la estrategia frente a China. EEUU, dirigido hoy por el sector más reaccionario del capital financiero y al conglomerado industrial-militar-tecnológico, aspira a completar el cerco contra China, sumando al ya existente en el Índico-Pacífico un cerco terrestre con la destrucción de la República Islámica de Irán, la instauración de uno o varios regímenes títeres (produciendo la “balcanización” de Irán) y aproximándose estratégicamente a las fronteras de los imperialismos ruso y chino.
El autor advierte que, si la guerra se prolonga junto con la presión sobre el mercado petrolero, crecerán los peligros de una generalización del conflicto en Asia Occidental, en un escenario que incluye también el escalamiento entre Rusia y Ucrania y las advertencias europeas sobre un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia.
El profesor Robert Pape, citado por Lualdi, señaló que el curso de la guerra dependerá menos del intercambio de misiles que de los preparativos de un escalamiento. Entre los indicadores a monitorear mencionó el traslado de fuerzas estadounidenses hacia el Golfo, el refuerzo aéreo en bases de Turquía, Jordania, Catar y Emiratos, la posible ampliación de los objetivos iraníes hacia Arabia Saudita o el mar Rojo -directamente o vía los hutíes-, y señales de debate en el Congreso de EE.UU. sobre operaciones para “asegurar rutas marítimas” o “limpieza” en las islas de Qeshm y Kharg.
El análisis advierte que una eventual ocupación de esas islas no pondría fin al conflicto, en referencia a un precedente: durante la guerra Irán-Irak, la toma de la isla de Kharg por fuerzas iraquíes -en dos oportunidades- no logró sostenerse en el tiempo, ya que las tropas fueron derrotadas al avanzar hacia la cordillera de Zagros. Aunque las proporciones militares entre el Irak de Saddam Hussein y el Estados Unidos de Trump no son comparables, Lualdi afirma que una invasión terrestre de Irán excede las fuerzas hoy disponibles para Washington. Advierte, sin embargo, que si Trump considera políticamente inaceptable un nuevo fracaso, la presión para operaciones de mayor envergadura crecerá rápidamente, aún sin un camino claro hacia una victoria decisiva.
Foto: Estrecho de Ormuz
hoy N° 2117 15/07/2026
