El 8 de julio el gobierno pagó alrededor de 2.500 millones de dólares por los bonos Globales, emitidos por el Estado nacional que se rigen bajo la ley de Nueva York, Estados Unidos. En total pagó 4.554 millones de dólares.
Para seguir con este infame pago de deuda usuraria, la semana pasada el Tesoro oficializó préstamos por 3.200 millones de dólares con bancos privados (BBVA, Santander, Deutsche), mientras el decreto 478/26 habilitó que sean 5.000 millones de dólares bajo ley extranjera, en Nueva York. Un paquete de garantías con el BID y el BIRF sumó 1.750 millones de dólares más. Todo en la misma semana. Todo para seguir endeudando al país.
Con estos nuevos préstamos, la deuda externa, al cierre del primer trimestre de 2026, suma la brutal cifra de 321.783 millones de dólares de deuda externa. De esta cifra, cerca de 34.354 millones de dólares es lo que creció durante el gobierno de Milei.
La deuda pública bruta alcanzó un récord de 483.830 millones de dólares. Con Milei se incrementó en 113.156 millones de dólares, desde diciembre de 2023.
Este inmenso endeudamiento, como vemos todos los días, no se invirtió ni en escuelas, ni en hospitales, ni en rutas, y tampoco en nuevas fábricas. Es sólo para refinanciar deudas anteriores.
Es pagar los vencimientos de ayer con los créditos de mañana.
También se supo la semana pasada que el “salvavidas” que el gobierno de Trump le dio a Milei y su gobierno antes de las elecciones de octubre del año pasado, les generó ganancias a los yanquis por 17,7 millones de dólares de intereses, como reconoció un informe del Banco Central. Según El Cronista, esos fondos se cancelaron no con dólares genuinos sino con un nuevo préstamo del Banco Internacional de Pagos. Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU celebró que Argentina había “devuelto rápida y completamente” el swap. Lo que no dijo es que la devolución fue apenas un cambio de acreedor.
Mientras tanto, el ajuste eterno no da tregua. Para sostener la ficción del “equilibrio fiscal”, el gobierno volvió a apretar para abajo, como siempre: la obra pública se desplomó casi 75% y las transferencias a las provincias cayeron 88%. Los salarios estatales también disminuyeron 1,4%.
El problema de fondo es que este plan es un fracaso desde el punto de vista de generar divisas, por lo que la recaudación impositiva sigue bajando. Algunos medios económicos dicen que los recursos tributarios cayeron 8,4% real en junio y 6,3% en el primer semestre.
La receta del gobierno es la misma que viene aplicando desde que asumió: pide deuda para sostener el tipo de cambio y acumular reservas que no llegan por la vía genuina del comercio o la inversión, y puertas adentro se ajusta a los sectores populares, las provincias y la obra pública, para compensar un gasto que crece por otro lado.
Un combo conocido: remachar la dependencia con más deuda externa, y pagarla con la “sangre, sudor y lágrimas” de las y los trabajadores y el pueblo. Por todo esto hay que derrotar esta nefasta política de hambre y entrega.
hoy N° 2117 15/07/2026
