La minería en el mundo

22 de julio de 2026

La minería representa entre el 2% y el 3% del PIB global, con un valor agregado estimado entre 2 y 3 billones de dólares, mientras que las 100 principales compañías del sector generaron ventas cercanas a los 946.400 millones de dólares en 2024. En términos de valor, los precios dominantes continúan siendo el cobre, el carbón térmico, el oro y el hierro, este último consolidándose como el principal producto minero a nivel mundial por su volumen y su papel central en la producción de acero, la infraestructura y el transporte .

En los últimos años, el sector atraviesa una transformación impulsada por la transición energética, el cambio tecnológico y la expansión de la inteligencia artificial, lo que se traduce en un aumento de la demanda de minerales críticos. Entre los principales minerales críticos se destacan el litio, clave para baterías recargables; el cobalto, utilizado en almacenamiento energético; el níquel, importante para baterías y acero inoxidable; y las tierras raras, un conjunto de elementos indispensables para tecnología, defensa y energías renovables. También son relevantes el cobre, esencial para la electrificación; el grafito, necesario para las baterías; y el silicio, base de los semiconductores.

Por su parte, el oro continúa siendo un refugio altamente rentable en contextos de incertidumbre e inflación, alcanzando precios récords y concentrando gran parte de las operaciones de fusiones y adquisiciones en el sector.

 

Producción y monopolios

La actividad minera se concentra en un grupo relativamente reducido de países que combinan altos volúmenes de extracción con distintos grados de especialización en recursos estratégicos. China se posiciona como el principal productor mundial y destaca además por su integración vertical, ya que articula extracción, procesamiento y manufactura, especialmente en carbón, tierras raras y tungsteno. Australia lidera la producción de hierro, con cerca del 38% del total mundial y es también un actor clave en oro, litio y bauxita. Por su parte, Estados Unidos y Rusia presentan estructuras diversificadas, abarcando múltiples recursos como cobre, oro, carbón, petróleo, gas, níquel, paladio y diamantes.

Chile se consolida como el principal productor mundial de cobre, mientras que Perú se ubica entre los líderes globales en cobre, plata y zinc. Brasil destaca por su producción de hierro y bauxita, en tanto que Canadá mantiene una minería diversificada con fuerte presencia de oro, níquel, uranio y potasa. En el caso de India, su relevancia radica en la producción de carbón, hierro y bauxita, mientras que la República Democrática del Congo ocupa un lugar central por su dominio en cobalto y su creciente participación en cobre. A su vez, Indonesia ha emergido como un país clave en el mercado del níquel, insumo esencial tanto para la industria del acero como para las baterías de vehículos eléctricos.

Un grupo de monopolios concentran la producción minera mundial. Entre ellas: BHP Group (australiana), Rio Tinto (británica-australiana), Glencore (suiza), Barrick Gold (Canadá), Newmont Corporation y Freeport-McMoRan (EEUU), Zijin Mining Group y China Shenhua Energy (capitales chinos), Vale S.A. (de origen brasilero), Anglo American (británica), Polyus (rusa), etc.

 

Disputas y tensiones

Las disputas en torno a los minerales críticos se han intensificado en un contexto de guerra y por sus características de concentración geográfica de la oferta. Esto se traduce en una creciente tensión sobre el control de los recursos minerales estratégicos las crecientes preocupaciones sobre las posibles interrupciones en el suministro y aumentos de precios. Estos recursos, aunque en muchos casos de bajo volumen físico, son fundamentales para la transición desde los combustibles fósiles hacia sistemas basados en la electrificación y las energías renovables. En este escenario, China ocupa una posición dominante, ya que lidera el refinado de la gran mayoría de los minerales estratégicos con participaciones cercanas al 75% en promedio y ha consolidado una fuerte integración en las cadenas de valor.

Las guerras en curso y las tensiones geopolíticas, agudizan las disputas por los mercados y por el control de los recursos mineros estratégicos. Trump desde su asunción ha escalado una política de amenazas y aumentos arancelarios a diversos productos y países con la intención de confrontar con China y repatriar las industrias a EEUU. Desde el plano de la actividad minera EEUU que importa una gran cantidad de minerales, sobre todo los críticos, busca avanzar con distintas estrategias para diversificar el acceso a estos recursos y reducir el monopolio chino. Entre ellas se evidenció este interés (en el marco de un conjunto de factores) en las negociaciones con Rusia sobre Ucrania y su intención de rapiñar tierras raras. También en las amenazas y provocaciones para apoderarse de Groenlandia, que alberga inmensos depósitos inexplorados de minerales críticos.

China, por su parte ha endurecido las restricciones a las exportaciones de minerales críticos que concentra en su mayoría, estableciendo múltiples condicionamientos centralmente a EEUU y Japón. China domina el 75% de la producción de silicio, materia prima fundamental para la producción de semiconductores y microchips. Taiwán es el mayor productor mundial de semiconductores (65% del total) y es uno de los pocos países que produce microchips avanzados (de 3 o 5 nano milímetros). China busca limitar y condicionar esta materia prima a sus competidores, amenaza a Taiwan y busca avanzar en la producción de chips avanzados. Hoy produce microchips de 14 nm y precisa tecnología de avanzada para su fabricación. EEUU por su parte, está impulsando la Ley Match, para bloquear la exportación de tecnología avanzada de fabricación de microchips a China.

Diversos organismos, como la Agencia Internacional de Energía, advierten la gran preocupación existente sobre el suministro de minerales críticos en el marco del avance de los conflictos armados en el mundo. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Minería, Fatih Birol, sostuvo: «La regla de oro de la seguridad energética es la diversificación» .

En paralelo, consultoras como Wood Mackenzie señalan que el escenario actual está atravesado por dos fuerzas principales: “una geopolítica que reconfigura el comercio global y una mayor disciplina del capital, que limita inversiones de largo plazo ante el aumento del riesgo regulatorio, social y logístico”. Las guerras han hecho crecer los precios de diversos minerales. Pero las inversiones se tienen que realizar en contextos de guerras que hacen más vulnerable el mercado.

En un mundo donde se intensifican los factores de guerra, donde crecen las agresiones imperialistas, los recursos estratégicos se han transformado en un factor fundamental para la disputa que crece y se acelera. En este contexto se incrementa la disputa por quién se quedará con el cobre, con el litio y con las tierras raras.

 

hoy N° 2118 22/07/2026