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20 de noviembre de 2019

Los golpistas reprimen a balazos

Bolivia: El pueblo resiste el golpe

El gobierno golpista de Jeanine Añez ataca al pueblo boliviano y rompe relaciones con Venezuela.

En una escena que nos hizo retroceder más de 500 años, cuando los españoles destruían los templos indígenas para levantar iglesias sobre sus cimientos, Jeanine Añez, la designada “presidenta” de Bolivia por los golpistas, acompañada por el fascista Camacho, de Santa Cruz, retiró la wiphala de la Casa de Gobierno, y enarboló la Biblia. En una conferencia de prensa realizada el 15 de noviembre intentó justificarse aludiendo a “la profundidad de su fe”. Como declaró Evo Morales: Mesa y Camacho pasarán a la historia como racistas y golpistas”. La Constitución boliviana proclamada en el 2009, declaró a Bolivia como un estado laico.

Más tarde se denunció que se había impedido llegar a la Asamblea Legislativa a Adriana Salvatierra, del MAS, el partido de Evo Morales, a quien le correspondía tomar el mando ante la renuncia de Evo. El 15 de noviembre, con quórum, pudo sesionar la Asamblea Legislativa y designó a Eva Copa, del MAS, muy conocida por su militancia por los derechos de la mujer y la juventud, senadora por El Alto, que juró con su puño izquierdo en alto, mostrando que también la resistencia se da en el plano institucional.

En el frenesí golpista, los equipos de los canales de televisión argentina: A24, Crónica TV, Telefé Noticias y TN fueron intimidados por partidarios del golpe de Estado, mientras realizaban su trabajo. La ministra interina de comunicaciones, Roxana Lizárraga, amenazó con aplicar la ley de sedición a los periodistas locales y extranjeros que cubren las manifestaciones que se realizan todos los días, desde El Alto a La Paz, “si no cumplen con su trabajo”. La amenaza fue de tal carácter que muchos de los periodistas argentinos tuvieron que ocultarse hasta su regreso a nuestro país.

El presidente Macri se limitó a decir: “Quiero dejar claro que repudiamos la violencia de cualquier tipo y bajo cualquier circunstancia”, sin hablar de golpe de Estado. Los bloques oficialistas tanto en el Senado como en Diputados, se negaron a votar el repudio al golpe, que salió aprobado igual en ambas cámaras.

Marchas y represión en toda Bolivia
Además de las marchas que todos los días bajan de El Alto a La Paz, para repudiar el golpe de Estado y para reivindicar la wiphala, y que son reprimidas por la policía o directamente por el ejército, desde el jueves 14 distintas columnas comenzaban una gran marcha sobre La Paz confluyendo desde toda Bolivia. El 15 de noviembre, cuando una columna integrada principalmente por campesinos intentó entrar en Cochabamba desde Socaba, fueron reprimidos violentamente por la policía y el Ejército. Al menos nueve muertos se suman a los otros ocho asesinados en las semanas previas, de acuerdo a un informe dado a conocer por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet. Nelson Cox, de la Defensoría del Pueblo de Bolivia, dijo que otras 125 personas resultaron heridas y 110 manifestantes más fueron detenidos. El hecho fue tan brutal que hasta mereció una suave declaración de censura de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que depende de la OEA, la misma que detonó el golpe). Inmediatamente la “presidenta” Jeanine Añez sacó un “decreto” declarando “exentos de responsabilidad penal” a los miembros de las fuerzas represivas que están disparando al pueblo. Al cierre de esta nota los muertos sumaban 23, como denunció Evo Morales.

Otras medidas inmediatas fueron reconocer a Guaidó como presidente de Venezuela, echar a la representación diplomática venezolana actual y dar orden a todos los médicos cubanos de retirarse del país. Parecen medidas dictadas directamente por Trump, el primero en aplaudir el golpe. El diario El Globo, de Brasil, denunció que ya en mayo Luis Camacho se reunió con el ministro de Relaciones Exteriores de Bolsonaro para pedir apoyo para el golpe de Estado.

En el plano diplomático no sólo Estados Unidos reconoció al gobierno golpista; también lo hicieron Inglaterra, algunos países de la Unión Europea e incluso Rusia. Esta última probablemente interesada en mantener sus inversiones en el gas boliviano y el proyecto acordado en julio de este año de construir una central atómica en El Alto, preservando relaciones con jefes de las Fuerzas Armadas de Bolivia forjadas en los últimos años.

Distintas organizaciones de masas bolivianas avanzan en su unidad para enfrentar a los golpistas. Se firmó un “Acta de unidad” entre la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Quillasuyu, que exige la renuncia inmediata del gobierno golpista y llaman a un bloqueo general indefinido de carreteras. Se han realizado multitudinarios cabildos abiertos en El Alto con las mismas consignas. Circula mucha información por las redes sociales, vía medios alternativos o testimonios directos de la resistencia al golpe, incluso mostrando sectores del ejército que se pliegan a las marchas, que en algunos casos trascienden a través de la gran comunidad boliviana en nuestro país.

Mientras tanto, voceros de la reacción boliviana realizan una intensa campaña por los medios para enlodar a Evo Morales, pero no pueden dejar de mostrar su preocupación por la resistencia popular. El propio Evo, desde su exilio en México, llama a la resistencia. Los pueblos de Bolivia siguen de pie, y es un deber redoblar la solidaridad desde todos los sectores populares de nuestro país.

Hoy N° 1792 20/11/2019