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14 de enero de 2026

A 58 años de la fundación del Partido Comunista Revolucionario

Brindis del Comité Central del PCR

El 9 de enero realizamos el brindis organizado por el Comité Central, por el 58 aniversario de nuestro Partido, fundado el 6 de enero de 1968.

En el brindis participaron camaradas del Comité Central, delegaciones de zonas del Partido, comisiones nacionales, una delegación de la JCR e invitadas e invitados.

Se realizó un minuto de aplausos en homenaje a nuestro camarada secretario general Jacinto Roldán, Ana Galmarini y Mariano Sánchez, fallecidos el año pasado.

El camarada Arnoldo Gómez, en nombre del Comité Central, dio la bienvenida a las compañeras y compañeros, desarrolló aspectos centrales del período de la fundación del Partido y sobre la situación política actual.

Reproducimos extractos de las palabras de Gómez. El texto completo se puede ver en www.pcr.org.ar.

 

“Tenemos la revolución como objetivo”

Gómez comenzó recordando que nuestra fundación se desarrolló con todo el ímpetu que se traía de la primera revolución hablada en castellano y en América Latina: la Revolución Cubana. Y que el PCR se fundó “contra el revisionismo del viejo Partido Comunista y también contra la traición al Che Guevara, cuyo asesinato se produjo pocos meses antes de la fundación de nuestro Partido.

“Nosotros vivimos, a partir de esa fundación, años de un auge revolucionario en los que bocetamos toda la base de nuestra línea, a partir de la experiencia revolucionaria vivida en la Argentina y en el mundo. Fue el período en el que, junto con las luchas estudiantiles, en las que fomentamos y trabajamos para que explotara el poderoso polvorín de odio antidictatorial que se gestaba bajo los pies de la dictadura de Onganía, se desembocó en el Rosariazo, en el Cordobazo y en luchas que nos permitieron bocetar el camino principal de acumulación de fuerzas para la revolución en la Argentina.

Hijo de esas luchas fue la recuperación del Smata de Córdoba y del clasismo revolucionario en la historia argentina. Son los años en los que René Salamanca dirigía el Smata de Córdoba y en los que, junto con Otto Vargas y Gody Álvarez, se trabajó incansablemente para ese proceso, con un trabajo sistemático de organización, formación y lucha sindical, que dejó una huella profunda y duradera.

Eran años en los que las luchas de liberación nacional recorrían el mundo. Toda África hirvió. Vivimos el período de la derrota de los Estados Unidos en Vietnam: un pueblo con armas precarias, que enfrentó sistemáticamente al ejército más poderoso del mundo y lo derrotó en el campo de batalla. Fue también la época en la que se desarrollaban movilizaciones inmensas en el propio Estados Unidos contra la política belicista de ese imperialismo, marcando un punto de inflexión histórico.

Era una época en la que las luchas obreras recorrían Europa: el Mayo Francés, las rebeliones en Italia, las grandes huelgas generales, y en la que amplios sectores de la clase obrera se pusieron en movimiento.

Fue el período cuando la clase obrera llevó a la cima su proceso revolucionario con la Revolución Cultural Proletaria China, el proceso más inmenso de democracia de masas, de democracia obrera y de avance hacia el comunismo.

Vivimos esa época y tuvimos que enfrentar el golpe de Estado del 76. En el país, las luchas habían traído de vuelta al general Perón y gobernaba Isabel. Esto fue un obstáculo para los imperialismos, que trabajaron sistemáticamente para limar ese gobierno y acumular fuerzas para ese golpe de Estado. Lo enfrentamos valientemente, y una enseñanza clave que nos queda de toda esa época es que, aun en condiciones en las que la correlación de fuerzas se iba transformando en forma cada vez más desfavorable, nosotros no abandonamos el objetivo: que esa política, esa táctica y esa orientación estratégica eran para avanzar hacia la revolución.

Fuimos derrotados en el golpe de Estado. En la lucha antigolpista y contra la dictadura mártires como Winer, Rusconi, Manfredi y en ellos los nombro a todos. Pero esa lucha generó las condiciones que hicieron posible la resistencia a la dictadura. Está muy oculto en la historia que, durante esa dictadura, se desarrollaron no solo luchas democráticas que fueron ejemplo en el mundo, como la de las Madres de Plaza de Mayo, sino también luchas obreras significativas, que enfrentaron al régimen desde abajo.

Rememorábamos recién a Jacinto. Es imposible pensar en su nombre sin la huelga larga del Swift. Está Quebracho (Manuel Guerra) fogoneando lo que fue el primer paro ferroviario bajo la dictadura. Muchas luchas obreras fueron resistiendo a esa dictadura, organizándose en condiciones extremadamente difíciles, sosteniendo la solidaridad y desgastándola de manera persistente.

Se escribe otra historia, pero esta fue la historia real que hizo que una dictadura sangrienta, con treinta mil desaparecidos, con campos de concentración en todo el país y con grupos sistemáticos de tortura, fuera la que menos duró en ese período latinoamericano de dictaduras. Por eso lo traemos con gran orgullo en nuestra historia y, además, porque forjó la base del grueso de nuestra política de frente único y de trabajo en la acumulación hacia la revolución, con el peronismo y con las fuerzas democráticas que en la Argentina se opusieron a esa dictadura y trabajaron en forma conjunta por un cambio a favor del pueblo.

En aquel momento nosotros nos preparamos para el golpe. Recuerdo las charlas que escuchábamos en la clandestinidad de Otto Vargas, señalando la ferocidad a la que nos íbamos a enfrentar. Eso nos preparó relativamente, porque nunca tuvimos idea de la magnitud de lo que iba a ser esa dictadura. Pero, sobre todo, una vez que la atravesamos, nos dimos cuenta de que la mayor tragedia de la humanidad transcurría en simultáneo, y que los retrocesos eran profundos y generalizados.

El capitalismo se había restaurado en la Unión Soviética quince años antes. En este período, a la muerte de Mao y de Chou Enlai, se restauraba el capitalismo en China. Cuando salimos de la dictadura y asomamos la cabeza al mundo, nos dimos cuenta de que estábamos guachos, que el socialismo había sido arrasado y que quedábamos algunos restos y algunos otros grupos que buscábamos ir uniéndonos, en condiciones muy adversas. Desde entonces hasta hoy navegamos en cincuenta años de reacción.

En estos cincuenta años sostuvimos las banderas del marxismo-leninismo- maoísmo y las banderas de la revolución, como plantearan Otto y Jacinto, para dar continuidad histórica a la lucha revolucionaria del proletariado. Otto muchas veces arrancaba estas rememoraciones desde Babeuf, en la Revolución Francesa, señalando cómo las generaciones obreras fueron levantando una y otra vez las banderas del socialismo y del comunismo. Somos portadores de esas banderas y estamos orgullosos de ellas.

Hoy, en este momento latinoamericano tan duro, el asalto de las tropas yanquis concertadas sobre Venezuela llevó al secuestro del presidente Maduro y de su esposa Cilia. Nosotros tenemos claro que la lucha antiimperialista y nuestra lucha en la Argentina para socavar a este gobierno, para trabajar por otra política y por un cambio que implique un gobierno democrático y popular que aproxime a la revolución, es nuestra principal contribución.

Este asalto se da en un terreno de una gran disputa mundial. Los yanquis trabajan para asegurar su zona de influencia y despejar el terreno para ir a la disputa y a la guerra con China, mientras Europa mantiene su zona de influencia y Rusia marca también su propio ritmo y sus propios objetivos, profundizando un escenario internacional cada vez más conflictivo.

En la derrota electoral que tuvimos, hubo una parte de nuestro pueblo que sintió el chantaje de Trump asociado a Milei, señalando que si no se lo votaba se retiraban los dólares y se venía un lunes negro. Esta idea es equivocada: nunca el pueblo va a poder resolver su situación si le teme a la crisis. La crisis puede descargarse sobre el pueblo, pero también puede ser la salida para los sufrimientos del pueblo, como mostró la experiencia histórica.

En el año 2001, persistiendo en la lucha de calles, el pueblo argentino logró la suspensión del pago de la deuda. Eso fue la base de años de crecimiento económico, del desarrollo de los planes sociales más amplios de América Latina y de la apertura de los juicios que llevaron a la cárcel a los genocidas, lo cual es un orgullo de la lucha democrática de nuestro pueblo.

Incluso después de la derrota electoral comprobamos que luchar sirve. La lucha universitaria, la lucha por el Garrahan y la lucha de las personas con discapacidad le hicieron morder los dientes a un Milei que venía envalentonado tras el triunfo electoral y que, sin embargo, sufrió retrocesos políticos concretos.

La lucha callejera no cesó después de las elecciones. Podríamos enumerar jornadas de desocupados, paros nacionales, movilizaciones de ATE y de la CGT, los miércoles de los jubilados en la plaza, innumerables huelgas y paros en las fábricas, en distintos puntos del país. Esta situación inevitablemente va a ir creciendo, porque esta política de crueldad y entrega va a hacer crecer las luchas y la resistencia popular.

El plan económico de Milei es inconsistente. Los parches que ha logrado con los dólares se presentan como estabilidad, pero se sostienen sobre emisión de bonos, fuga fenomenal de divisas, remisión de utilidades y de intereses financieros que no pueden sostenerse con una producción estancada o en retroceso. Tarde o temprano esto estalla.

Hoy hay confusión y división, pero también una bronca que crece. El desafío está en encontrar las llaves para que esa bronca salga de las casas y se exprese colectivamente. El Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias y las grandes convocatorias unitarias muestran que cuando hay espacios seguros, democráticos y de unidad, la respuesta popular es masiva y sostenida.

No hay fascismo sin grupos de choque en la calle, y no lo logró en dos años. Nuestra principal arma es la calle y mostrar un camino de salida: suspender el pago de la deuda que nunca alcanza, volcar los recursos a la producción, un impuesto a las grandes fortunas, aumento salarial y jubilatorio, paritarias sin techo, seis horas en los grandes centros de producción, tierra para los campesinos pobres, créditos para la industria nacional y para la producción agraria.

Esto es posible si logramos frenar esta política, torcerle el brazo y cambiar el rumbo, avanzando hacia otro gobierno popular y democrático, articulado con la resistencia latinoamericana al imperialismo. Para ello necesitamos multiplicar nuestras filas y abrir la puerta del Partido a nuestros mejores hijos de la clase obrera y el pueblo para aproximar, como siempre, la revolución, finalizó Gómez.

En medio de las luchas contra el gobierno hambreador y entreguista de Milei, reafirmamos nuestras banderas revolucionarias del marxismo-leninismo-maoísmo por las que nos fundamos, defendiendo el legado de nuestros mártires en la lucha revolucionaria, de Otto Vargas, primer secretario general, y de Jacinto Roldán, secretario general fallecido en 2025.

Se finalizó cantando con los puños en alto el himno de las y los trabajadores de todo el mundo, La Internacional.

¡Viva el 58 aniversario del PCR!

 

 

hoy N° 2092 14/01/2026