Nosotros, a diferencia de otras organizaciones de izquierda, decidimos quedarnos en el país. No entendimos esto como un simple derecho, una simple cuestión moral, porque eso sería ridículo desde el punto de vista revolucionario, sino como el resultado de una larga experiencia que indicaba que la dirección del partido, por lo menos en lo fundamental, debía quedarse en el país pese a todos los riesgos que esto implicaba. También nosotros nos opusimos siempre a la utilización por parte de los presos del partido del derecho de opción a salir del país como autoriza la Constitución; derecho por el cual un preso por el estado de sitio puede abandonar el país con el compromiso de no regresar. Tuvimos muy pocos casos –uno fue el de Susana Aguad– de camaradas que hayan utilizado este derecho de opción. La enorme mayoría, casi la totalidad de nuestros presos se quedaron en el país, pese a ser presionados o chantajeados para que lo hicieran; así como más adelante se los quería obligar a firmar una declaración de no comprometerse en la lucha política para permitírseles abandonar la prisión. Hemos tenido ejemplos como el del camarada Rafael Gigli, que pasó muchos años en prisión; la compañera Norma Nassif, que estuvo siete años presa; Horacio Ciafardini, que es un ejemplo claro de esto, porque no solamente fue tentado en una cantidad de ocasiones con la posibilidad de ejercer el derecho de opción, sino con la concesión de becas de países e instituciones científicas del extranjero, pero que estuvo preso desde el ‘76 hasta fines del ‘82, casi toda la dictadura. Y así, muchos otros camaradas.
Nos quedamos en el país para organizar la resistencia a la dictadura. Durante todo el período dictatorial editamos regularmente, en la clandestinidad, nuestro quincenario Nueva Hora y nuestra revista trimestral Teoría y Política, distribuidos en todo el país. Fuimos la única organización que mantuvo este tipo de publicaciones en el país, en un tremendo esfuerzo organizativo, que solamente se puede realizar sobre la base del sacrificio y el heroísmo de muchos militantes. Para eso aprovechamos la experiencia que teníamos de la lucha en la clandestinidad contra la anterior dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse. No sólo eso, en la clandestinidad imprimimos el quinto tomo de las Obras Escogidas de Mao Tsetung, siendo la Argentina uno de los pocos países en que ese tomo se editó. Editamos el libro Historia Económica Argentina de Eugenio Gastiazoro, así como otros libros, folletos y revistas culturales y científicas.
Al mismo tiempo nosotros fuimos una parte muy importante, como vanguardia, en la denuncia de los crímenes de la dictadura, tanto en el plano nacional como en el internacional. Camaradas de nuestro partido estuvieron junto a las Madres de Plaza de Mayo –en la fundación del movimiento– cuando todavía estaban dirigidas por Azucena Villaflor; quien después fue secuestrada por la dictadura y desapareció.
Y además con la precariedad de medios de que disponíamos, pero aprovechando toda ocasión, realizamos una denuncia internacional muy activa de los crímenes de la dictadura. Utilizamos al máximo las posibilidades que se abrieron con la realización del Mundial de Fútbol, donde editamos en varios idiomas denuncias sobre esos crímenes que entregamos a los periodistas que entonces llegaban al país. Lo mismo en ocasión de las visitas de Amnistía Internacional y de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, en el primer caso resultó detenida la compañera de René Salamanca. Recuerdo también que apenas producidos los secuestros de Gody Álvarez y de Salamanca, mandamos a un compañero a una reunión internacional de estudiantes, realizada en un país latinoamericano, donde hicimos las denuncias de los primeros actos de represión. Impulsamos e integramos el Comité de Lucha por la Libertad de Isabel Perón, y contribuimos, fuimos organizadores, de la conferencia de prensa que se hizo durante el Mundial de Fútbol para denunciar las condiciones en que estaba presa Isabel. Fuimos organizadores también de un documento suscripto por dirigentes de varios partidos políticos, pidiendo la liberación del Dr. Menem, que como es sabido sufrió una prisión con bastante ensañamiento.
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Bueno, por qué resistimos, me preguntaba usted. Resistimos porque tuvimos una línea justa, entiendo, y nos esforzamos por practicar una línea de masas, aun en las peores condiciones de represión y con el heroísmo de nuestros cuadros forjados en la lucha revolucionaria y en el maoísmo-leninismo. En esos años nuestro partido había construido relaciones profundas con las masas populares, en particular con nuestra línea antigolpista. Estrechamos relaciones con las masas más explotadas, con el sector más profundo de las masas populares, con lo que a veces se suele llamar “la novena ola” del movimiento obrero y popular. Esto es, esa ola que general- mente está quieta, pero que cuando se mueve se estremece todo el mar. En esos años, aunque parezca paradojal, desarrollamos organizaciones y luchas de los obreros rurales en Río Negro y otras provincias, inclusive organizamos una cooperativa de esquiladores como una forma de tomar contacto con los miles de trabajadores que van al sur en el período de esquila. Nos esforzamos por todos los medios por mantener nuestras fuerzas y nuestras relaciones con el movimiento obrero, lo que fue muy difícil, porque la dictadura, de una manera u otra, expulsó de las fábricas a la enorme mayoría de nuestros militantes, por lo cual, en las grandes empresas nos quedaron raicillas muy débiles que había que mantener con muchísimo cuidado en las condiciones de represión indiscriminada… Es decir que las condiciones de lucha en esos años en las fábricas, en el movimiento obrero, eran verdaderamente difíciles; hacía falta un heroísmo tremendo para mantenerse. Nosotros nos mantuvimos en muchas fábricas, inclusive muchos compañeros en poblados perdidos en el interior, donde muchas veces, cuando paraba un coche en la madrugada, se desvelaban porque estaban pendientes de que en cualquier momento apareciese el Ejército y los secuestrase. Pero siempre trabajamos con la línea de mantener esas relaciones de masa, y entiendo que ésta fue la primera razón de haber resistido.
La segunda razón fue que la mayoría de los cuadros del partido enfrentaron con valentía, aun a riesgo de su vida, la represión de la dictadura. Allí están como ejemplo todos los camaradas desaparecidos, que se llevaron con ellos los secretos del partido que conocían, y que salvaron con su heroísmo la organización; como hizo por ejemplo María Irazusta, la joven camarada del partido de Córdoba que murió en la tortura sin delatar la casa en la que estaba instalado el mimeógrafo del Comité Regional. Fueron años en que los militantes del partido tuvimos que aprender a convivir con la muerte, eso que era la preocupación de Gody Álvarez. Y hubo que aprenderlo porque la muerte podía venir en cualquier momento, en cualquier esquina, de la manera más sorpresiva, en un operativo topado casualmente.
Hay que decir que decenas de presos del partido brutalmente torturados, enfrentaron esa situación con heroísmo. Hubo quebrados y hubo traidores, porque los hubo, pero la mayoría resistió la tortura. Esto era tema de discusión en el movimiento de izquierda, porque había organizaciones que sostenían que era imposible resistir la tortura y que la actitud del militante debía ser resistir una cantidad de horas determinadas y después “cantar”. La experiencia indica que ésta es una línea desastrosa, porque a partir de la gente que fue quebrada por la represión, las condiciones de la lucha revolucionaria en Argentina cambiaron totalmente, porque existen muchos elementos quebrados que quedaron vinculados a los servicios represivos y que tienen un gran conocimiento de la estructura de las organizaciones de izquierda y sus métodos…
Nosotros nos inspiramos en las propias experiencias del partido bajo la dictadura de Onganía, con ejemplos como el del compañero Alberto Buffi, que en aquella época era técnico de nuestro Comité Central y que fue torturado prácticamente hasta la muerte –porque estuvo entre la vida y la muerte durante semanas con un riñón artificial– de cuya firmeza dependía lo que entonces era la organización naciente del partido, porque conocía todo. O los compañeros Ernesto García y Carlos Mosquera, también torturados entonces. Lo principal, decía, es que no nos equivocamos, porque cuando pusimos el centro en la lucha antigolpista, previmos que el golpe podía pasar y previmos las características fascistas que tendría ese golpe. Por eso, producido el golpe, en nuestra primera declaración del 27 de marzo de 1976 caracterizamos con justeza el carácter de clase del golpe y sus objetivos.
hoy N° 2095 04/02/2026
