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11 de febrero de 2026

IA: nueva herramienta al servicio del imperialismo y de la guerra

La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una promesa de ciencia ficción para convertirse en realidad de la vida cotidiana contemporánea.

La IA es una rama de la informática que simula procesos de conocimiento humano, como el aprendizaje, el razonamiento y la toma de decisiones. Los fundamentos teóricos se basan en teorías elaboradas hace décadas, e incluso siglos. Los algoritmos que utiliza la IA requieren de tantos cálculos, que hasta hace un tiempo atrás sólo se conocían en forma teórica. Su resurgimiento actual no responde a un descubrimiento teórico reciente, sino al aumento exponencial de la capacidad de cómputo.

En esta nota intentaremos exponer cómo esta nueva herramienta es utilizada (y controlada) por las potencias imperialistas, y su incidencia tanto en las guerras en curso y posibles guerras futuras, en la producción y fundamentalmente en el control social.

En primer lugar, vamos a describir cuáles son las patas en las que se basa el desarrollo de la IA. Desde el punto de vista tecnológico, es necesario el “hardware” (chips y “granjas” de computadoras), el “software” (modelos matemáticos y los programas que usan las computadoras) y el “entrenamiento” de la IA, basado en inmensos volúmenes de datos (Big Data). Sin embargo, la IA no es una herramienta neutral. Mirado desde el punto de la economía política, representa la forma más sofisticada de capital constante bajo el imperialismo.

La existencia de la IA es el resultado de una explotación concentrada de diversas formas de trabajo:

*Trabajo científico socializado: Gran parte de la investigación proviene de universidades y fondos públicos, que luego es apropiada por capitales privados.

*Apropiación monopólica: Solo la burguesía monopolista puede operarla a gran escala debido a la extrema concentración de capital requerida para adquirir hardware exclusivo, como las máquinas de litografía avanzada.

*Extracción de plusvalía: En el ámbito productivo, la IA reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario e intensifica los ritmos laborales.

También, la IA se integró profundamente en múltiples sectores, desde la predicción económica, la toma de decisiones crediticias, la automatización industrial, automatización agrícola, reconocimiento biométrico y los pronósticos meteorológicos. En todos los campos siempre se utiliza como herramienta de concentración, y no al servicio del pueblo.

Desde un punto de vista estratégico, el impacto más disruptivo de la IA se manifiesta en el ámbito militar. La integración de sistemas autónomos (que toman decisiones sin “consultar” con un humano, para ganar en velocidad de respuesta y ataque) está redefiniendo el campo de batalla a través de:

*Sistemas de Armas Autónomas Letales (LAWS): Incluyen enjambres de drones que saturan defensas y «municiones merodeadoras» (drones kamikaze) que identifican y destruyen objetivos sin intervención humana constante.

*Defensa Inteligente: Sistemas como el Iron Beam de Israel utilizan láseres dirigidos por IA.

*Guerra de Información y Ciberespacio: El uso de “deepfakes” (desinformación y malinformación), para desestabilizar la opinión pública y virus polimórficos que mutan su código para evadir defensas.

Este avance plantea un dilema ético crítico: el vacío de responsabilidad legal al delegar, por ejemplo, la decisión de matar en una máquina. Hay distintas posiciones éticas en el mundo capitalista por un “Sexto Protocolo de Ginebra” que prohíba las armas de «caja negra» -aquellas cuya lógica de decisión no es auditable- y garantice un control humano significativo.

Vamos a analizar en forma muy resumida el rol de las potencias imperialistas en la disputa por la supremacía de la IA:

*Estados Unidos: Lidera en inversión de riesgo y software (OpenAI, Google, Microsoft). Posee un cuasi-monopolio en hardware de entrenamiento a través de Nvidia.

*China: Lidera en patentes y vigilancia masiva (reconocimiento facial y social scoring, es decir agrupar a las personas según sus actividades públicas y privadas). Su meta es superar a EEUU para 2030 mediante una integración militar-civil de la IA, como planteó en documentos públicos.

*Países Bajos: Un actor crítico y muchas veces ignorado. A través de la empresa ASML, posee el monopolio mundial de las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV), indispensables para fabricar los chips que utilizan, por ejemplo, Nvidia o Apple.

*Rusia e Israel: Rusia destaca en el desarrollo de drones y submarinos autónomos con capacidad nuclear. Israel, por su parte, es pionero en la aplicación militar directa de la IA en sistemas de defensa y vigilancia.

En una categoría aparte, también podemos considerar a Taiwán y a India. Taiwán produce el 90% de los chips más avanzados del mundo (un punto muy importante en la disputa china-yanqui sobre esta isla). India posee la mayor fuerza laboral dedicada a este sector, a nivel mundial.

Las distintas potencias imperialistas encaran la lucha de la supremacía en la IA con enfoques muy diferentes. EEUU apuesta a la desregulación total,  China ejerce un férreo control estatal, mientras que la Unión Europea intenta terciar como un “árbitro” regulatorio global. En este sentido, la UE aprobó la Ley de Inteligencia Artificial (AI Act) que clasifica los riesgos de usos de la IA en cuatro niveles: Inaceptable (por ejemplo, prohíbe el social scoring y la manipulación subliminal), Alto Riesgo (exige supervisión humana y gestión de riesgos en salud y justicia), Propósito General (obliga a sistemas como Chat GTP a publicar y transparentar sus métodos de entrenamiento), y Mínimo (como control del mail basura que llega con publicidades).

En base a estos niveles, la UE también impone multas a las empresas que no los cumplan en territorio de la UE.  Hay multas que pueden alcanzar los 35 millones de euros o el 7% de la facturación global de la empresa. Si bien aún no se utilizó la ley de Inteligencia Artificial, la UE utilizó leyes más antiguas para multar, por ejemplo, a Meta Platforms (sanción récord de 1.200 millones de euros por transferencia ilegal de datos a EE. UU.) y a Amazon (multa de 746 millones de euros por procesamiento de datos sin consentimiento adecuado). Estas multas suelen no cobrarse, sino que son usadas en la disputa comercial interimperialista.

Es muy importante remarcar cómo las potencias imperialistas utilizaron el desarrollo científico-tecnológico en las guerras. Podemos mencionar, por ejemplo, la importancia en el avance de las técnicas y máquinas (como la Enigma en la Segunda Guerra Mundial) que lograron desencriptar los mensajes cifrados. Estos avances científicos-tecnológicos no fueron puestos al servicio del pueblo -salvo en la Unión Soviética en la guerra contra la Alemania nazi- si no que sirvieron para dirimir la guerra entre las potencias imperialistas para un nuevo reparto del mundo.

En este mismo sentido, hoy en día la IA no es solo un avance tecnológico: es un nuevo terreno de disputa imperialista para el control del mundo. Tenemos el gran desafío de dar vuelta la tortilla. Esta nueva herramienta, creada y mejorada por el trabajo socializado, se encuentra concentrada en pocas manos con fines de dominación y opresión global.

Es una tarea revolucionaria transformar esta realidad y poner esta herramienta al servicio de los pueblos.

 

Escribe Rodrigo Cruz

hoy N° 2096 11/02/2026