El 18, cuando estaban por ingresar a sus puestos, los trabajadores se encontraron con un cartel que anunciaba que los 920 operarios y sus familias quedaban en la calle debido a “los cambios de condiciones en el mercado”.
La planta había pasado de producir 360 mil neumáticos mensuales a apenas 150 mil. El gobierno de Milei abrió las importaciones y los neumáticos chinos inundaron el país. Los trabajadores tienen congelado el salario desde hace 14 meses, y se han producido decenas de despidos en el último período.
El cierre de FATE expresa el avance del industricidio al que conduce la política del gobierno de Milei y se inscribe en el crecimiento de despidos, suspensiones y cierres que golpean la producción nacional en los últimos meses. Las otras empresas del neumático, Bridgestone y Pirelli, también despidieron y achicaron la producción.
Con la apertura de importaciones, la caída del consumo interno y la reforma laboral antiobrera, el gobierno busca aplastar derechos y avanzar en la destrucción del entramado industrial.
El cierre se produjo el día anterior al paro nacional convocado por las centrales obreras contra la reforma laboral.
Permanencia y estado de alerta
El 19 nos acercamos a la planta, donde un grupo de trabajadores permanece adentro, mientras otros sostienen la vigilia en el exterior acompañados de organizaciones sindicales, sociales y políticas. La permanencia busca garantizar los puestos de trabajo y el cumplimiento de la conciliación obligatoria dictada por los Ministerios de Trabajo de la Nación y de la provincia de Buenos Aires.
La empresa, pese a la conciliación obligatoria ratificó el cierre, mientras el Sutna (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático de Argentina) y los trabajadores exigen la reapertura y el retroceso de los despidos.
El mismo 18, la empresa pidió el desalojo de la empresa, avalada por un fiscal y que al cierre de esta nota estaba pendiente de ejecución. La planta está rodeada de fuerzas represivas federales y de la provincia.
El 19, uno de los despedidos nos decía: “Hoy pasamos la noche con el viento que hubo y con la incertidumbre de la represión policial. Estuvimos en alerta permanente, con compañeros adentro y afuera. La idea es quedarnos hasta que haya una respuesta favorable para nosotros.
“La fábrica hasta el martes estuvo trabajando. Estuvimos haciendo mantenimiento durante todo un mes. Las máquinas tienen una inversión inmensa y están listas para operar. El miércoles encontramos los portones cerrados y un cartel que decía que estábamos desempleados. Entonces ingresamos pacíficamente para resguardar los puestos de trabajo”, relató Sebastián, trabajador con 16 años de antigüedad.
Silvio, con 18 años en la empresa, expresó: “Tengo 55 años, soy sostén de familia y si me despiden quedo fuera del sistema laboral. Lo único que me queda es pelear hasta el último momento, hasta las últimas consecuencias, para revertir esta situación”.
El trabajador relató que la empresa había reducido turnos y producción antes del cierre: “Antes de las vacaciones ya había menos compañeros. Sacaron turnos, hicieron un turno fantasma. Estábamos produciendo al 50%. Esto no es un hecho aislado”.
Los despedidos sostienen que el cierre forma parte de un proceso más amplio: “Hay muchas empresas que están haciendo esto. Pasó en otras fábricas. Es un anticipo de lo que se viene”.
Los compañeros destacan la importancia del apoyo popular: “Necesitamos la presencia y la solidaridad. Eso nos da fuerza. También la concientización de otros trabajadores, porque si esto pasa acá, puede pasar en cualquier lugar”. Nuestro PCR, la CCC junto a organizaciones de la UTEP están participando en las distintas actividades planteadas por los trabajadores, como festivales y colectas para bancar la permanencia.
El cierre de FATE vuelve a poner en discusión el rumbo del país, y quiénes son los responsables de esta situación en la que se cierran 30 empresas por día, se abren de par en par las importaciones, aumenta la dependencia y la destrucción del aparato industrial. Porque una parte de la dirección sindical ve sólo la responsabilidad empresaria y corre al gobierno nacional.
Tenemos que rodear de solidaridad a los trabajadores de FATE para lograr que se reabra la empresa y conserven sus puestos de trabajo. Es parte de la pelea contra esta política que destruye empresas con miles de despidos y precarización laboral.
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El origen de FATE
FATE pertenece al grupo Madanes Quintanilla, que controla además Aluar, la única productora de aluminio primario de Argentina, la hidroeléctrica Futaleufú, que abastece de energía a Aluar y tiene participación en empresas de generación y transporte eléctrico como Genpat e Infa.
La cabeza del holding es Javier Madanes Quintanilla, quien según la revista Forbes tiene una fortuna de 1.500 millones de dólares. Es el nieto de quien creara FATE, Manuel Madanes, a mediados del siglo pasado.
Lo que se oculta es que Manuel Madanes era socio de José Ber Gelbard, ministro de Economía en el gobierno de Cámpora y luego con Perón, entre 1973 y 1974. Gelbard era afiliado al PC, y tuvo un papel preponderante en el desarrollo de un sector industrial controlado por testaferros de lo que nuestro Partido denunció, a comienzos de los ’70, como la “multinacional rusa”, por sus vínculos con la URSS transformada en socialimperialista.
Manuel Madanes y Gelbard controlaban una sociedad en comandita por acciones denominada Pecerré, “para cubrir riesgos”, con acciones al portador. Este grupo obtuvo grandes prebendas, primero con la dictadura de Lanusse, con Gelbard como ministro y luego del golpe del 76, como cuenta Carlos Echagüe en su libro El socialimperialismo en la Argentina (reeditado recientemente por Editorial Ágora). Echagüe cuenta de un acto en agosto de 1976 en Aluar con la presencia del gobernador de Chubut, el coronel Etchegoyen, quien “señaló a Aluar como el ejemplo que debía ser seguido en el país”.
Este es el oscuro origen de este grupo comandado por Javier Madanes Quintanilla, a quien muchos todavía hoy califican como “un gran empresario nacional”.
hoy N° 2098 25/02/2026
