El jueves 5 de marzo la jueza de juicio De las Cruces, junto a los vocales Gloss y Cabezas, dictaron sentencia en el juicio por el femicidio de Támara Fierro. El Tribunal resolvió condenar a prisión perpetua a Jairo Guerrero como autor del femicidio y a cinco años de prisión a Esteban Pérez por el delito de encubrimiento, absolviendo por falta de pruebas a Maximiliano López, quien también había llegado a juicio imputado por encubrimiento.
La condena a prisión perpetua constituye un reconocimiento judicial de la extrema gravedad del crimen y de la violencia que atravesó este caso. En un contexto en el que la negación de la violencia de género no solo aparece como una directriz política a nivel nacional, sino que también ha comenzado a permear en algunos operadores judiciales que se resisten a reconocer los indicios de cosificación, vulneración y sometimiento de las mujeres, que un tribunal declare probado un femicidio adquiere un valor jurídico y social particularmente significativo.
Asimismo, el Tribunal declaró la inconstitucionalidad de la excusa absolutoria que beneficia a parientes que encubren delitos, considerando que en este caso el encubrimiento se produjo en un contexto de violencia de género. Se trata de un aspecto relevante del fallo, ya que marca un criterio importante respecto de cómo deben analizarse estas situaciones cuando se trata de hechos atravesados por violencia contra las mujeres.
En relación a la condena de Pérez por encubrimiento, el fallo fue adoptado por mayoría y no por unanimidad, lo que también deja entrever los debates que se produjeron en el seno del Tribunal respecto de la valoración de las conductas de encubrimiento en un hecho de estas características.
La familia de Támara Fierro manifestó que continuará impulsando la investigación respecto de otros posibles responsables, tanto en el crimen como en su encubrimiento. En ese mismo sentido, la querella adelantó que impugnará la absolución de López.
El mismo día de la sentencia, familiares, vecinas y vecinos realizaron una movilización por las calles de Fraile Pintado reclamando justicia. La marcha llegó hasta la casa de López, quien fue liberado tras la sentencia, en un gesto que expresó el dolor, la indignación y el reclamo persistente de la comunidad.
Esta batalla por justicia también se une a otra profundamente necesaria: la de desarticular las redes de venta de droga que operan en los territorios. Fueron esas redes las que suministraron droga a Támara para vulnerarla y someterla, cosificándola, y luego intentaron garantizar la impunidad y el encubrimiento del crimen.
La memoria de Támara Fierro y el reclamo de justicia de su familia y de la comunidad siguen interpelando al sistema judicial y a toda la sociedad para que cada decisión contribuya a la verdad completa, a la responsabilidad de todos los involucrados y a erradicar las violencias que hacen posibles estos crímenes.
