Treinta y nueve días de bombas sobre ciudades iraníes, de asesinatos sistemáticos de dirigentes, de destrucción de escuelas y hospitales, con más de cuatro mil muertos -incluyendo 216 niños- y más de cien mil edificios civiles destrozados. Treinta y nueve días en que el imperialismo norteamericano e Israel intentaron, una vez más, imponer su ley a sangre y fuego sobre un pueblo y una nación que se negó a doblegarse.
Israel, además, viene desplegando una brutal ofensiva sobre el Líbano, como hacían los nazis alemanes, forzando a que centenares de miles dejen sus hogares. Violando el alto el fuego, el 9 de abril descargaron más de 100 bombas sobre Beirut masacrando a cerca de 300 personas. Es la misma política genocida que aplicaron en Gaza contra el pueblo palestino.
Trump salió a apoyar a Netanyahu. Mientras el gobierno del Líbano decretaba duelo nacional, el ministro de defensa pakistaní, Khawaja Asif, dijo: “Israel es malvado y una maldición para la humanidad, mientras las conversaciones de paz están en marcha en Islamabad, se está cometiendo genocidio en el Líbano”. Irán sostiene que el Estrecho de Ormuz seguirá cerrado mientras Israel no detenga los ataques en el Líbano.
El presidente yanqui Donald Trump, horas antes del acuerdo, había amenazado: “una civilización entera moriría esta noche y jamás regresará”. Sin nombrarlo, anunciaba un ataque nuclear. El pueblo iraní, incluyendo grandes sectores que venían combatiendo al régimen de los ayatolas en los meses previos, salió a las calles a abrazar puentes, infraestructura energética y sitios históricos. Se constituyeron en escudos humanos voluntarios y masivos.
Se vio en la práctica, como pasó en Argentina cuando la guerra de Malvinas, que “La contradicción principal cambió brutalmente, y la oposición nación-imperialismo pasó a predominar”, como escribió Eduardo Lualdi, coordinador del Foro Patriótico y Popular. En el mismo sentido, afirmó Ernesto Migone en otra nota (Una tregua favorable a Irán que no disipa la tormenta): “El régimen estaba preparado para absorber golpes duros y subestimaron las reservas patrióticas y antiimperialistas del pueblo iraní”.
Otro factor que el gobierno yanqui y Netanyahu subestimaron es que el régimen de los ayatolas es de la rama chiita de los musulmanes, para los cuales el asesinato de Jamenei es considerado un martirio, y causó un avance de la unidad religiosa.
De la “liberación” a “abran el Estrecho de Ormuz”
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque a gran escala contra la República Islámica de Irán. El argumento, como tantas otras veces, fue que iban a “ayudar” al pueblo iraní a “liberarse”. La realidad fue que al mismo tiempo que los primeros bombardeos acabaron con la vida del líder supremo Ali Jamenei, golpearon arteramente una escuela asesinando al menos a 168 niñas.
De entrada, se vio el cinismo y la falsedad de Trump, Netanyahu y sus secuaces, que pensaron que eliminando a los principales dirigentes iraníes estallarían revueltas internas que harían implosionar a la República Islámica. Esto fracasó estrepitosamente.
“Irán contestó con ataques a centros estratégicos y bases militares de Estados Unidos en Kuwait. Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Qatar y otros países árabes de la región, también con ataques a las principales ciudades de Israel, donde los misiles lograron penetrar el “Domo de Hierro” (su escudo de defensa antimisiles)”, como escribió Elena Ríos en el número 2100 de nuestro semanario.
Al mismo tiempo, el gobierno iraní cerró el Estrecho de Ormuz el 2 de marzo. Por ese corredor transita alrededor del 20% del petróleo mundial. El impacto fue inmediato: el barril Brent rozó los 120 dólares, con la consecuencia de aumento de los precios internos de los combustibles hasta el 200% en algunos países, como Filipinas.
Además, Irán planteó una diferenciación entre los barcos, según la postura de sus países frente a la guerra, y permitiendo el paso cobrando un peaje en yuanes chinos por el equivalente a dos millones de dólares por buque. Con esta medida puso en jaque al sistema financiero yanqui, cuestionando parcialmente la hegemonía del dólar en las transacciones internacionales.
Trump reconoció el golpe, y el centro de su discurso pasó a ser “Abran el Estrecho de Ormuz”. Las vociferaciones del presidente yanqui aumentaron el repudio en millones dentro de Estados Unidos, que salieron masivamente a las calles a repudiar su política. También, la prolongación de los ataques fueron provocando contradicciones con países aliados de Estados Unidos, como Francia, Inglaterra e Italia, todos miembros de la OTAN.
La resistencia del pueblo y la nación iraní abrió grietas incluso en el gobierno yanqui y entre los sectores de las clases dominantes que sostienen a Trump. Desde el propio Departamento de Guerra de EEUU (el Pentágono) y sectores del Partido Republicano surgieron voces en contra de la prolongación de los ataques. Un ejemplo de estas contradicciones fue que Trump, en medio de la guerra echó al jefe del Ejército yanqui.
El papa León 14 calificó las amenazas de Trump y su vicepresidente JD Vance de ‘verdaderamente inaceptables’ y reclamó volver a la mesa de negociaciones.
Una victoria parcial de Irán
Horas antes de cumplirse el “plazo” anunciado por Trump, se conoció una propuesta de alto el fuego con la mediación de Pakistán. Tanto Trump como el gobierno de Irán se adjudicaron el triunfo. Lo objetivo es que el alto el fuego y el inicio de las conversaciones en Pakistán se realizó sobre la base de una propuesta de diez puntos realizada por Irán que el presidente yanqui admitió como “viable”.
Alrededor de estos puntos, que incluyen el reconocimiento del programa nuclear iraní, el levantamiento de todas las sanciones, la compensación económica por los daños causados y un alto el fuego también en El Líbano se está librando un nuevo capítulo de esta guerra.
La realidad de estos 39 días es que ni Estados Unidos ni Israel consiguieron el objetivo para el que comenzaron los ataques, que era el “cambio de régimen”, es decir voltear al gobierno de Irán e imponer uno más favorable.
Por lo que se ha visto de la respuesta militar de Irán en estas semanas, su capacidad militar, si bien fue seriamente disminuida, no fue eliminada, y es otra muestra de que detrás de su estrategia hay una larga preparación por parte del gobierno y sus mandos militares
A la vez, no hay que subestimar la gravísima situación en la que ha quedado la población de Irán, amenazada por la sequía, el hambre y las enfermedades, con parte importante de su estructura energética, sanitaria y de educación destruida.
En medio de declaraciones llamando a “volver a la mesa de negociaciones”, tanto el imperialismo ruso como el socialimperialismo chino actuaron en función de sus intereses. Ambos países proveyeron de satélites y de información de inteligencia que permitió a Irán asestar golpes con misiles a bases norteamericanas, y perforar el escudo antimisiles de Israel.
Rusia se favoreció con el aumento del precio del petróleo. China, a partir del ataque de Israel a un puente ferroviario en la ciudad de Kashan, clave para la ruta de la seda con Irán, abiertamente pasó a apoyar a Irán en el conflicto. La cancillería china amenazó con suspender la reunión entre Trump y Xi Jinping si EEUU no frenaba los ataques.
Nuevamente Milei se muestra como perrito faldero de Trump y Netanyahu. No sólo apoyó los ataques contra Irán, sino que declaró “organización terrorista” a la Guardia Revolucionaria Iraní y expulsó al encargado de negocios. Ahora anunció que visitará Israel en los próximos días.
Un “alto el fuego” que no detiene los peligros de guerra
El 10 de abril comenzaron las conversaciones en Pakistán. Quince horas después, el vicepresidente yanqui JD Vance, quien encabezaba la delegación enviada por Trump, anunciaba que “fracasaron las negociaciones” y se iba de Pakistán. Ya lo decía el Che Guevara “No hay que confiar en el imperialismo, ni un tantito así”.
Está claro que EEUU mantiene sus objetivos de derrotar al régimen de los ayatolas, si puede, partir Irán en varios pedazos y avanzar en el cerco a China, su oponente estratégico en la disputa interimperialista. El gobierno fascista de Israel ha reiterado su intención de expandir sus fronteras en tierras libanesas.
Por lo que todas las contradicciones, tanto entre las potencias imperialistas como en los distintos países de la región del Medio Oriente están lejos de desaparecer. Todo lo contrario, esta reciente guerra aumenta aceleradamente los peligros de una gran confrontación militar en una escala mucho mayor.
Nosotros reafirmamos lo que planteó el comunicado de nuestro PCR el 28 de febrero, de que sólo el pueblo iraní es el que debe decidir su destino. Redoblamos la más amplia solidaridad con el pueblo y la nación iraní, de El Líbano, así como con el pueblo palestino y todos los pueblos y naciones que enfrentan la agresión imperialista.
Escribe Germán Vidal
Foto: Miles de iraníes se pusieron como escudos humanos ante las amenazas de Trump de bombardear puentes y centrales eléctricas
hoy N° 2104 15/04/2026
