Este 25 de mayo se cumplen 216 años del comienzo de la gesta libertadora que en 1810 derrocó al virrey de España y conformó el primer gobierno patrio. Llegamos a esta fecha en medio de las crecientes luchas contra el gobierno cipayo de Milei, que lleva adelante un proyecto de hambre y entrega, y que como en todo miente alevosamente sobre el significado de la Revolución de Mayo.
Milei ha planteado una versión falsa pretendiendo que el proceso comenzado en 1810 fue una revolución “de libre comercio y libertad individual”, trazando un hilo histórico entre Mayo, la generación de 1837, la Constitución de 1853 y el genocidio de las naciones y pueblos originarios que este gobierno reivindica como “la generación del 80” que convirtió a la Argentina “en la primera potencia mundial», como dijo Milei en un discurso el 25 de mayo de 2024.
Conocer cómo fueron los acontecimientos que desembocaron en el 25 de Mayo de 1810, “nuestra gloriosa insurrección” como la llamó Mariano Moreno, es parte de la pelea por reivindicar la verdadera historia, y nos da más fuerza para profundizar la pelea por terminar con esta política en el camino de conquistar la necesaria liberación de las cadenas del latifundio y la dependencia.
Trescientos años de resistencia a la explotación colonial
Cuando los conquistadores europeos llegaron a América impusieron, tras una sangrienta guerra contra la resistencia de los pueblos originarios, una dominación colonial-feudal. España organizó sus dominios en virreinatos y en 1776 creó el Virreinato del Río de la Plata, aunque extensas regiones continuaban bajo control de los pueblos originarios.
Durante trescientos años los pueblos originarios resistieron la explotación colonial mediante grandes levantamientos. En 1780 se produjo el mayor levantamiento, encabezado por Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui), una gigantesca rebelión social que atacó en tres virreinatos los pilares de la sociedad feudal y de castas impuesta por España. Las luchas de pueblos kollas, calchaquíes, diaguitas, lules, wichis, qom, mocovíes, guaraníes, huarpes, ranqueles, mapuches, tehuelches y onas, entre otros, enfrentaron durante siglos a los colonialistas y constituyeron importantes jalones hacia la independencia latinoamericana.
Los levantamientos originarios se unieron en un proceso con rebeliones de esclavos y con sectores criollos oprimidos por el régimen colonial. En este proceso también se inscribieron la derrota de las invasiones inglesas en la Banda Oriental y Buenos Aires en 1806 y 1807, la destitución del virrey en México en 1808, la revolución de Quito y las insurrecciones de Chuquisaca y La Paz en 1809. Sobre este terreno germinó y pudo sostenerse el grito de libertad del pueblo de Buenos Aires del 25 de mayo de 1810.
La Revolución de Mayo y la guerra de independencia
La derrota de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, en la que jugó un rol decisivo el pueblo de Buenos Aires en cuyas milicias participaron también mujeres y negros, y las nuevas fuerzas militares creadas en el curso de la defensa y lideradas por criollos, estimularon la agitación política y militar, y la organización clandestina de los sectores patriotas. En 1808 las tropas de Napoleón entran a España, en un proceso el rey Fernando VII debe renunciar y en medio de levantamientos antifranceses surgen las juntas regionales y luego la Suprema Junta Central Gubernativa del Reino que gobernó en nombre de Fernando VII.
El 25 de Mayo se produjo el alzamiento insurreccional que posibilitó que los patriotas impusieran, en el Cabildo, la designación de un nuevo gobierno provisorio, la Primera Junta y se creó un nuevo ejército liberador, con los soldados y jefes que pasaron al bando patriota y las masas convocadas por el grito de libertad, en el terreno abonado por los levantamientos originarios y criollos previos.
El accionar de estas masas abrió el camino a los ejércitos patrios y empantanó a los realistas, superiores en número y en entrenamiento militar. Así se desarrollaron las campañas a la Mesopotamia, a la Banda Oriental, al Noroeste y el Alto Perú. Un proceso de feroces batallas, guerra de guerrillas, éxodos heroicos como el del pueblo jujeño, con masas mestizas y originarias aliadas a los sectores revolucionarios más avanzados, incluso contra sectores oligárquicos locales que colaboraron con los realistas españoles que trataban de reconquistar los territorios.
La Revolución de Mayo y la guerra de independencia formaron parte de una prolongada lucha anticolonial y popular desarrollada entre 1810 y 1824. En esa guerra tuvieron un papel decisivo las formación de los ejércitos patrios, las milicias, las guerrillas originarias y campesinas que sostuvieron una guerra anticolonial, batallas decisivas como Suipacha, Tucumán y Maipú; con éxodos de pueblos enteros como el jujeño y el oriental; que fueron parte de los procesos de la guerra de la independencia en la mayoría de los países de Latinoamérica, hasta la derrota definitiva de los colonialistas españoles en los campos de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.
Milei dijo en el 2024 que “nosotros no somos más que descendientes directos de la tradición de los revolucionarios de mayo”. En realidad, su gobierno es heredero de los sectores de la aristocracia terrateniente criolla que, acordando en la lucha por la independencia de España, lo hacían defendiendo sus privilegios de clase y, por lo tanto, oponiéndose al desarrollo de los elementos democráticos, antifeudales y populares.
Por eso desprecian y ningunean a las masas campesinas, sobre todo originarias, que protagonizaron los heroicos levantamientos del Alto Perú, del noroeste y del noreste argentinos, del Paraguay y del Uruguay y a los sectores rurales y urbanos criollos democráticos y antifeudales, como los expresados por Murillo en Bolivia, Gaspar de Francia en Paraguay, Artigas en Uruguay y Moreno, Castelli, Belgrano y Vieytes en Argentina. La revolución de 1810, que enfrentó un poder constituido, tuvo una minoría organizada en forma conspirativa en el llamado Partido de la Independencia.
Esto está muy lejos del imaginario tránsito a la “libertad de comercio” que supuestamente vino a consagrar la Revolución de Mayo según Milei, ocultando que para algunos de los patriotas, como Belgrano, “la defensa del libre comercio estaba estrechamente relacionada con su prédica de ruptura del monopolio español en función de fomentar el desarrollo de la agricultura y el favorecimiento interno de los productos pecuarios, como forma de lograr una expansión del mercado interno que creara las condiciones mínimas para un cierto desarrollo industrial, aun con las limitaciones que existían entonces” (Eugenio Gastiazoro, Historia argentina. Introducción al análisis económico-social. Tomo I).
El 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán declaró la independencia de España “y de cualquier otra dominación extranjera”. La guerra de guerrillas de los pueblos de Salta, Jujuy y del Alto Perú, la independencia de Paraguay liderada por Gaspar Francia, y el curso de la revolución en la Banda Oriental, encabezada por Artigas, permitieron mantener la independencia declarada en Tucumán y cubrieron la espalda de San Martín, quien, apoyándose en los pueblos de Cuyo, en acuerdo con los patriotas chilenos, pudo conducir la epopeya histórica de construir el Ejército de los Andes y cruzar la Cordillera. Para esto contó, a su vez, con el acuerdo y apoyo de los originarios de ambos lados de la cordillera.
Tras el triunfo en Chacabuco, y a pesar del revés en Cancha Rayada, el Ejército de los Andes pudo derrotar definitivamente a los realistas en los campos de Maipú. Posteriormente, pese a la oposición de la oligarquía bonaerense, pudo llegar por mar a Lima y contribuir a la independencia del Perú.
Pese a las múltiples disensiones internas –por la heterogeneidad de los componentes del frente antiespañol–, la decisión de los pueblos de defender la libertad con las armas en la mano permitió la continuidad de la guerra emancipadora.
Sin estar derrotados los españoles en el norte de Argentina, los terratenientes bonaerenses cambiaron de enemigo: pusieron como blanco a Artigas; derrotado éste, ya con el gobierno de Martín Rodríguez, en 1820, comenzaron la campaña de exterminio a los originarios en la zona pampeana.
La hegemonía de los terratenientes y grandes mercaderes criollos, solo lograda hacia 1880 tras los tres grandes genocidios: la guerra contra el Paraguay, la derrota de las montoneras y la llamada “Campaña del desierto”, hizo que fuera una revolución inconclusa: no se resolvieron las tareas de la revolución democrática, principalmente las tareas agrarias.
Hoy, en medio de las luchas que crecen para derrotar la política de Milei, levantamos las banderas de los patriotas de mayo de 1810, para avanzar por el camino de la revolución de liberación nacional y social, en esta época del imperialismo y la revolución proletaria, y concretar estas tareas que siguen sin resolverse.
hoy N° 2109 20/05/2026
