Frente al acelerado avance del socialimperialismo (socialista de palabra, imperialista en los hechos) chino, Donald Trump desplegó una política agresiva y expansionista, con el objetivo de mantener la hegemonía de Estados Unidos como primera potencia política, económica y militar.
China pretende lo que su presidente Xi Jinping denomina “estabilidad estratégica constructiva” para sostener su crecimiento y expansión económica y ganar tiempo mientras trabaja para superar tecnológica y militarmente a Estados Unidos. Se ha constituido en defensor de la vigencia de la multipolaridad y el respeto de las “reglas establecidas” por organismos internacionales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio, etc.
La reunión anterior entre Trump y Xi en Busan – Corea del Sur en octubre de 2025, se había centrado principalmente en cuestiones comerciales y arancelarias. Esta vez, la cumbre de Pekín abordó temas como la militarización de la Inteligencia Artificial y al mismo tiempo el imperialismo chino estableció líneas rojas detrás de la cual estallaría el conflicto.
A su vez Xi Xinping comprometió una próxima visita a los Estados Unidos.
Las conversaciones giraron alrededor de tres temas principales: las relaciones comerciales, la guerra en Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz y la cuestión de Taiwán.
Las relaciones comerciales
La relevancia del tema comercial estuvo marcada por la presencia de los representantes de los principales monopolios estadounidenses como Elon Musk (Tesla), Jensen Huang (Nvidia), Tim Cook (Apple) y los CEO de Boeing, Blackrock, Cargill, Visa, Mastercard, Citi, Goldman Sachs, Meta, entre otros y su contraparte del imperialismo chino.
Se plantearon la creación de nuevos organismos para el comercio, marcos normativos para las inversiones, la posibilidad de apertura de las empresas financieras estadounidenses en el mercado chino y que las empresas chinas de tecnologías verdes pudieran establecerse en Estados Unidos.
Ambas economías están profundamente vinculadas por el intercambio de bienes y servicios por cientos de miles de millones de dólares anuales. Se anunciaron acuerdos para la compra por parte de China de soja, petróleo, carne de los Estados Unidos y 200 aviones de la Boeing, para compensar el desequilibrio y el déficit comercial estadounidense.
Sin embargo, el tema de fondo estuvo ligado a la “guerra tecnológica”, la negociación sobre la tecnología y los insumos para la Inteligencia Artificial – IA.
Estados Unidos controla el hardware clave para la IA, incluyendo los chips de Nvidia, que subcontrata casi toda su producción a la empresa de fabricación de semiconductores de Taiwán TSMC, aunque está construyendo fábricas en Arizona y Ohio para que la producción no dependa solo de Taiwán.
Por su parte China controla las tierras raras y los minerales críticos, sin los cuales no se puede fabricar ningún chip, montar ninguna batería de vehículo eléctrico ni desplegar ningún sistema de armamento avanzado.
Ambas potencias habían intensificado y acelerado la militarización de sus respectivas ventajas: los yanquis reforzando sus controles a la exportación, y el imperialismo chino respondiendo con restricciones a la exportación de galio, germanio y al procesamiento de tierras raras.
Irán y el Estrecho de Ormuz
Buscando salir del pantano que le provocara la heroica resistencia del pueblo y la nación iraní, Donald Trump reclamó a China que deje de proveer de tecnologías y componentes de doble uso hacia los programas de armamento iraníes y que interceda para la reapertura del Estrecho de Ormuz.
China también está interesada en restablecer el tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde recibe el 45% de la energía que consume, depende del petróleo de Medio Oriente y la guerra aumentó los costos de la energía afectando toda su economía.
Según los medios, Trump y Xi Jinping coincidieron en que Irán no debe poseer armas nucleares y que tiene que reabrir el estrecho de Ormuz. Esto trae a la memoria el acuerdo de Trump y Putin sobre Ucrania, que fuera rechazado por el gobierno de Zelensky con el apoyo europeo.
Irán, que se plantó frente al brutal ataque de Estados Unidos e Israel, ha demostrado independencia política y el rechazo a las imposiciones de las potencias imperialistas.
Taiwán: la línea roja
Fue significativo que el presidente chino no fuera a recibir a Trump a su llegada a China. A puertas cerradas, Xi Jinping le lanzó una advertencia tajante: “Un manejo inadecuado de la principal preocupación de China, Taiwán, podría desencadenar un conflicto”.
Estados Unidos ha mantenido durante mucho tiempo una política de “ambigüedad estratégica”, que no especifica qué acciones tomaría en caso de un ataque militar de China a la isla.
China, que reclama a Taiwán como parte de su territorio, se opone firmemente a la venta de armas estadounidenses a Taipei. A fines de 2025, Estados Unidos autorizó una venta de armamento a Taiwán por 14.000 millones de dólares, aunque esta venta aún no se ha concretado.
Según la Ley Reagan de 1982, Estados Unidos no tiene la obligación de consultar a China sobre las ventas de armas a Taiwán ni de revisar la Ley de Relaciones con Taiwán, que obliga a EE. UU. a brindar armas defensivas a la isla. Tras la cumbre y la presión de China, Trump anunció que decidiría próximamente sobre la venta de armas a Taiwán.
Una tregua precaria y transitoria
Taiwán sigue siendo uno de los puntos más álgidos de la disputa. China reclama la soberanía sobre la isla y por su parte, el imperialismo yanqui apoya al régimen de Taiwán. Lo que está en disputa es el control del Indo-Pacífico, región por donde pasa más del 30% del transporte marítimo mundial.
Donald Trump a la hora de decidir los próximos pasos de su política internacional debe atender, además, la situación interna de los Estados Unidos y las elecciones legislativas de noviembre de 2026.
El desarrollo y la disputa entre las distintas potencias imperialistas profundizan la expoliación de los países oprimidos, la superexplotación de los trabajadores, el crecimiento de las guerras con sus consecuencias de muerte, destrucción y millones de desplazados en todo el mundo. Se va incubando una nueva crisis de superproducción relativa que en el capitalismo-imperialista solo se resuelve con la destrucción de las fuerzas productivas.
Si bien de esos temas no se habló una palabra en la cumbre, crece la lucha de los pueblos y naciones oprimidas por su liberación como en Irán, Ucrania y Palestina.
Escribe Elena Ríos
hoy N° 2109 20/05/2026
