La actual coyuntura del mercado mundial de materias primas expone de forma brutal las venas abiertas de la dependencia que atenaza a pueblos, países y naciones oprimidas. Dependencia de las potencias imperialistas y de los bloques en formación entre ellas, con vistas a una tercera guerra mundial, sobre la que ya había alertado Bergoglio.
El impacto de la resistencia de Irán ante la agresión imperialista yanqui, en Medio Oriente, ha disparado el precio del petróleo y de los fertilizantes, en especial de la urea, que ya cotiza cerca de los mil dólares por tonelada. Estos niveles, comparables a los de la agresión rusa a Ucrania en 2022, configuran un martillazo mortal para el campesinado argentino, sea pobre, medio y aún parte del rico. A diferencia de hace cuatro años, el precio internacional del trigo es muy inferior y el colchón financiero de los productores locales ha sido devastado.
Como advierte la Bolsa de Comercio de Rosario, a pesar de contar con uno de los mejores escenarios hídricos de la última década, el costo prohibitivo de los fertilizantes nitrogenados forzará un recorte de 500 mil hectáreas en la campaña triguera. En la región núcleo -Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa- se proyecta una caída del 17% del área sembrada, mientras que en el sudeste bonaerense la baja rozará el 20%. No es sólo un problema de superficie; la drástica reducción tecnológica en la aplicación de urea derrumbará los rendimientos nacionales a cosechas de entre 18 y 19 millones de toneladas, amputando más de 10 millones respecto a cifras previas.
Asistimos a una paradoja: la riqueza natural de un territorio se convierte en el mecanismo de su propia expoliación bajo la lógica del capital financiero propio del imperialismo. Argentina exporta gas natural de Vaca Muerta hacia Brasil. Allí, la empresa estatal Petrobras, reacondiciona plantas, invirtiendo más de 1.000 millones de dólares para sintetizar amoníaco y urea con el gas argentino. Mientras tanto, en Argentina se dilapidan miles de millones de dólares en la timba financiera, que podrían ser destinados a proyectos estratégicos para nuestra independencia y para el bienestar del pueblo.
La ciencia del autoabastecimiento a nuestro alcance: el proceso industrial de la urea
Para comprender la viabilidad técnica de una alternativa soberana, es indispensable divulgar la física y la química detrás de estos insumos. La urea se obtiene a escala industrial a partir de gas natural, aire y agua, mediante un proceso de alta presión que combina amoníaco y dióxido de carbono. De esta manera, por reacciones químicas, harto conocidas y usadas, se obtendrían gránulos de urea que contienen un 46% de nitrógeno, necesario para la fertilización de cultivos.
El gigante dormido: La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP)
Es aquí donde la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Arroyito, Neuquén, emerge como el eslabón estratégico fundamental. Propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y operada por la estatal Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), esta joya tecnológica fue inaugurada en 1993 con una capacidad de 200 toneladas anuales de agua pesada, posicionándose como la más grande del mundo en ese momento. Aunque paralizada desde mayo de 2017 y reducida a tareas de conservación básica, la PIAP no es chatarra para tasar al mejor postor imperialista (como se intenta hacer, pensando en el bloque occidental o el oriental, según el paladar dependiente que se tenga). Por el contrario, es una llave para la soberanía tecnológica y la Independencia, si obreros y pueblo argentino, padres e hijos, hermanos, encabezan la marcha para escribir ellos mismos su historia, una historia verdadera de Patria y Pueblo liberados.
Hacia 2022, un memorándum entre la CNEA, la provincia de Neuquén, YTEC y ENSI proyectó la reconversión de su segunda línea de producción para un fin multipropósito: la producción de hidrógeno, amoníaco y urea. El diseño técnico es impecable: consiste en anexar una planta de urea aprovechando que el complejo original ya posee dos reactores de amoníaco operativos y acceso directo al gas natural local.
Esta integración industrial reduce la inversión de capital necesaria entre un 30% y un 40% en comparación con la construcción de una planta desde cero, garantizando además un menor consumo energético por kilogramo sintetizado. Utilizando apenas el 35% de la capacidad operativa de la PIAP, el país podría producir hasta 1 millón de toneladas de urea anuales. Esto permitiría abastecer el mercado interno a precios mínimos para el productor y exportar los excedentes a la región (especialmente a Brasil), destruyendo el costo financiero de los fletes internacionales.
Una perspectiva marxista-leninista-maoísta
Desde la matriz de análisis de Marx y Lenin, la entrega de la PIAP a operadores privados a través de pliegos licitatorios —como promueve el actual gobierno de tintes neo-rivadavianos— no es un error o inconsistencia de gestión, sino una transferencia de patrimonio del pueblo y de Argentina al capital imperialista. Las distintas potencias que nos rapiñan, disputándose tajadas de nuestra Patria, acentúan la sumisión nacional. En estos días se ha llegado al ridículo de que el ejército ha debido pagar con membrillos la compra de repuestos de automóvil. Y que se ha delegado en EEUU el control de nuestro Mar Argentino al que se declara como “patrimonio global”. Mientras, una parte de nuestro territorio gotea sangre de la ocupación colonialista inglesa, ante la genuflexión mileísta.
El sencillo amoníaco y la tesis de Otto Vargas
El sencillo amoníaco será palanca de independencia si una política revolucionaria emancipadora está al mando. Hace falta un San Martín, no un Rivadavia grotesco, endeudador y minúsculo. La PIAP es un recurso estratégico que debe ser encarado y gestionado por un Estado de nuevo tipo, patriótico y de democracia grande, para romper las cadenas de la dependencia y el latifundio. Ese es el objetivo estratégico al que queremos aproximar.
Desde la agudeza teórica e histórica de Otto Vargas en su obra Los Ignorados, se hace evidente el hilo conductor que une las claudicaciones de las clases dominantes en el Río de la Plata con este mal presente. Otto desnudó cómo la frustración de una revolución democrática que liquidara el latifundio impidió el nacimiento de una estructura agraria soberana. A diferencia de los procesos revolucionarios de México, donde el campesinado conquistó la tierra mediante la reforma agraria, en la Argentina se consolidó una oligarquía terrateniente asociada al capital extranjero de distintos signos. Prostituta de todos y de cada uno.
Dominar internamente el ciclo petroquímico del nitrógeno y ligar la producción estatal de la PIAP a una transformación estructural permitiría un verdadero autosostenimiento productivo, industrial y agrario, independientes. Los fertilizantes producidos por una empresa Sociedad del Estado (y no anónima) a precio de costo, lejos del esquema especulativo internacional, se transformarían en la palanca de apoyo para los campesinos pobres y medios. Sería el soporte técnico para aquellos que se conviertan en genuinos propietarios de la tierra que trabajan, en el marco de la reforma agraria pendiente en el suelo rioplatense.
Basarse en la fuerza propia
Como muchas veces nos recordó Jacinto Roldán, Mao enseñaba que la autosuficiencia es la base de la línea de masas: «contar con las propias fuerzas». Defender la PIAP en las jornadas de movilización no es sólo defender puestos de trabajo o fierros industriales; es, principalmente, disputar el destino de la soberanía alimentaria y energética de la Patria contra la voracidad de las minorías entreguistas, antinacionales y hambreadoras. Es parte del futuro luminoso.
Escribe Horacio Micucci
hoy N° 2110 27/05/2026
