En la Argentina de mayo de 1969 nos acercábamos al tercer año de la dictadura militar que había llevado al gobierno al general Juan Carlos Onganía. Esta dictadura, llamada pomposamente “revolución argentina” venía aplicando un plan antiobrero y antipopular, ya en medio de grandes combates de masas.
El detonante del Cordobazo fue la decisión de la dictadura de eliminar el “sábado inglés” para los mecánicos, por el que los sábados se trabajaban cuatro horas, pero se cobraban 8. Además, hubo quitas a los salarios de los metalúrgicos, congelamiento salarial, persecución a la actividad política y sindical. Venía creciendo en las masas la unidad y el odio a una dictadura reaccionaria y entreguista.
El 15 de mayo de 1969 caía asesinado en Corrientes, por las balas de la policía de la dictadura, el estudiante de medicina Juan José Cabral, en medio de una violenta represión a la manifestación que se realizaba contra la privatización del comedor universitario. La indignación hizo que la lucha estudiantil pasara a un nuevo momento en todo el país. En Rosario son asesinados en manifestaciones el estudiante de Ciencias Económicas Ramón Adolfo Bello y el joven metalúrgico Néstor Blanco.
En Córdoba, los trabajadores mecánicos venían en lucha en defensa del “sábado inglés” y se habían enfrentado con la policía el 14 de mayo. Se solidarizan con ellos otros gremios y los estudiantes, y se marcha a un paro de 14 horas con movilización convocado por la CGT cordobesa para el 29 de mayo, a partir de las 10 hs. El mismo fue precedido por asambleas del Smata, Luz y Fuerza, Dinfia, Fiat, etc., donde los obreros masivamente decidieron el paro y la movilización. A su vez, los estudiantes, en una asamblea con más de diez mil participantes, decidieron democráticamente su participación en el paro.
Los obreros y los estudiantes, que venían protagonizando luchas y movilizaciones por las calles de Córdoba, sabían que iban a un combate y se prepararon para ello. En algunas fábricas a través de los cuerpos de delegados, jugando un importante papel las agrupaciones clasistas, se armaron bombas “molotov”, se juntaron piedras y también algunas armas. En el Barrio Clínicas, donde vivían miles de estudiantes que venían del interior y de otras provincias, a través de delegados por manzana y por cuadra organizaron sus fuerzas.
Los obreros y el pueblo de Córdoba quedaron dueños de la ciudad
A las 10 de la mañana del 29 de mayo salieron las columnas desde las distintas fábricas. La policía había montado un gran dispositivo para frenar la movilización. En distintos puntos de la ciudad comenzaron los enfrentamientos. En el choque de la columna de la planta Santa Isabel (de la Renault) con la policía, cae asesinado el obrero Máximo Mena. Al correrse la noticia, crece el odio y la masividad. Se multiplican las barricadas. Las columnas obreras combaten palmo a palmo con la policía. Los estudiantes ocupan y se adueñan del Barrio Clínicas. A las 13 horas, la policía se retira derrotada hacia el Cuartel Central.
El combate de las masas, principalmente de las empresas de concentración proletaria, con un gran papel de los cuerpos de delegados y comisiones internas donde participaban activamente las fuerzas clasistas y la emergente izquierda revolucionaria, desbordó la política burguesa.
Los obreros de la IKA-Renault fueron una de las principales columnas del Cordobazo. Unos 6.000 trabajadores del turno mañana marcharon hacia el centro de Córdoba, sumando a metalúrgicos, estudiantes y otros sectores populares. Tras derrotar a la policía, llegaron a la Ciudad Universitaria al grito de “Obreros y estudiantes, unidos adelante”.
En los enfrentamientos fue asesinado Máximo Mena, obrero de IKA-Renault y estudiante de la Tecnológica. Su muerte multiplicó la combatividad popular y la policía terminó replegándose a sus cuarteles. En la cabecera de la columna participaban compañeros de la agrupación 1° de Mayo y del Partido Comunista Revolucionario.
También tuvieron un papel destacado los obreros de Dinfia (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas), que organizaron una columna motorizada de 500 trabajadores encabezada por delegados clasistas de la 1° de Mayo y el PCR. Otras columnas obreras llegaron desde Perdriel, Ilasa, Ferreyra, donde René Salamanca, delegado metalúrgico, integrante de la 1° de Mayo y el PCR, encabezó el abandono y recorrieron la zona sumando otras fábricas, obreros de la Fiat (sus sindicatos no paraban), de GMD y una parte de Luz y Fuerza. Fueron al centro creando un nuevo frente de lucha contra la represión.
Más de 3.000 trabajadores de Luz y Fuerza y otros sindicatos combativos marcharon al barrio Clínicas, donde junto a estudiantes protagonizaron fuertes enfrentamientos y una “guerra de techos” contra la represión.
La masividad y la combatividad obrera y estudiantil, apoyadas por el pueblo, obligaron a la policía a retirarse. Pasado el mediodía, gran parte de Córdoba estaba en manos de los manifestantes. Recién al anochecer ingresó el Ejército, que ocupó las principales avenidas y comenzó la represión. Durante la madrugada y el día siguiente se realizaron rastrillajes y detenciones masivas, aunque todavía persistían focos de resistencia popular.
Un gigantesco ensayo revolucionario
El Cordobazo fue un gigantesco ensayo revolucionario de las masas que introdujo un cambio de calidad en la lucha obrera y popular de nuestro país. Un cambio tal que se puede decir que, después de él, nunca nada volvería a ser igual en la Argentina.
Nuestro Partido Comunista Revolucionario había surgido apenas un año y medio antes, el 6 de enero de 1968, rompiendo con la dirección reformista del viejo Partido Comunista, y sus corrientes constitutivas principales vinieron de la Federación Juvenil Comunista, con la que confluyeron otros sectores antiimperialistas y revolucionarios organizados en el Movimiento Estudiantil Nacional de Acción Popular (Menap).
César Gody Álvarez, el camarada Antonio, secuestrado por la dictadura genocida el 23 de abril de 1976, se había radicado en Córdoba enviado por la dirección naciente del PCR, y era secretario de su zonal en el momento del Cordobazo. Como recuerda Ricardo Fierro, miembro del Comité Central de nuestro Partido y protagonista en esos años “Gody Alvarez había estudiado Córdoba desde el punto de vista insurreccional: las cuatro grandes empresas rodeando la ciudad, las concentraciones estudiantiles, y los barrios combativos de las masas más pobres. Por eso, las Agrupaciones 1° de Mayo (hoy CCC), el Faudi (hoy CEPA) y el PCR, discutieron en asambleas y cuerpos de delegados dos cosas: la preparación para la lucha de calles y un recorrido de las columnas que facilitara la concentración de las masas y la unidad obrera, estudiantil y popular”.
Como consecuencia del Cordobazo cayó el gobernador Caballero y quedó herida de muerte la dictadura. Pero el Cordobazo fue más allá: alumbró el camino de la revolución en la Argentina.
Como señaló entonces Otto Vargas, secretario general del PCR, fue un borrador, un boceto insurreccional.
El PCR estudió la experiencia del Cordobazo desde el marxismo-leninismo, destacando las formas de lucha y organización creadas por las masas, especialmente el papel de los cuerpos de delegados y su posible transformación en órganos de doble poder.
La corriente clasista revolucionaria surgida en los mecánicos alcanzó su mayor expresión con el triunfo de la Lista Marrón en el Smata Córdoba, en un frente único integrado por obreros clasistas, peronistas, radicales y de otras corrientes, encabezado por René Salamanca y dirigido por el PCR. Salamanca fue secuestrado por la dictadura el mismo 24 de marzo de 1976. Gody Álvarez y Salamanca, integrantes de la Comisión Política del CC del PCR fueron figuras centrales de esa experiencia que impulsó una democratización sindical inédita, basada en la consulta a las bases, el fortalecimiento de los cuerpos de delegados, la rotación de dirigentes y la unidad obrera con el campesinado pobre y el pueblo.
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Otto Vargas, primer secretario general del PCR
Un polvorín de odio popular bajo los pies de la dictadura
Nosotros decíamos que las medidas de Onganía habían resecado un polvorín de odio popular bajo los pies de la dictadura, y que ese polvorín iba a estallar. Lo que nos orientaba era la confianza poderosa en la clase obrera argentina. Teníamos, claro, una evaluación diferente de las luchas de esos años. Nosotros veíamos que el factor principal de ese movimiento obrero y popular era su combatividad y que había elementos de conciencia revolucionaria, aun cuando estos elementos estuvieran en gran parte mezclados con elementos ideológicos burgueses por su adhesión al peronismo.
hoy N° 2110 27/05/2026
