La política de Milei se expresa en dos temporadas seguidas en rojo, deudas, importaciones que derrumban precios, alquileres en dólares y un invierno que se avecina sin herramientas para afrontarlo. El reclamo es por la emergencia.
La compañera Albina comienza contando que “La temporada de verano está llegando a su fin. Se termina el tomate local, que empieza a ser desplazado por el que entra desde Mendoza, Corrientes y el norte del país. En algunas pocas quintas ya se prepara la tierra para la plantación del tomate temprano, que sale a mediados de octubre. Lo que predomina ahora es la verdura de hoja: acelga, repollo, remolacha, rúcula, brócoli, coliflor”.
Albina tiene más de veinte años en la producción y dice que nunca había visto una situación tan mala como la del año pasado. Hasta que llegó esta temporada, que fue peor. «Tendríamos que haber hecho unos pesos para bancar el invierno y lo que hicimos fue meternos en deuda. Esta es la época en que la producción tarda más, en que se necesitan los pesos acumulados durante el verano para bancar los gastos. Esos pesos no existen”.
La compañera describe cómo los precios pagados al productor fueron devastadores. En plena temporada, el cajón de tomate -dieciocho kilos- llegó a valer 2.000 pesos, y cayó hasta 500. “Yo no produzco tomate acá, pero el que venía a cargarme me decía: ‘Mirá, lo compré a 500 pesos el cajón, te dejo el cajón’. Y yo agradecida, pero a la vez triste también, porque el que lo vendió a 500 pesos no recibe nada, no es ni para un caramelo.
“Una jaula de morrón, 15 a 16 kilos, llegó a 4.000 pesos y se derrumbó a 2.500. Producciones caras, que exigen mantenimiento constante de la planta, vendidas a precios que no cubren ni los costos básicos. Muchos productores que pusieron tomate temprano sacaron una o dos cosechas y arrancaron la planta antes de tiempo, en noviembre, para no seguir gastando en el mantenimiento. Una planta que podría haber durado hasta diciembre terminó siendo un gasto, no un ingreso”.
Verdura de hoja: los precios tampoco acompañan
Con la verdura de hoja el panorama no es muy distinto. Una jaula de remolacha llegó a cuatro mil pesos –“lo vemos bien porque estuvo mucho menos”-, una jaula de acelga con doce paquetes se paga a mil quinientos, un cajón de rúcula con veinticuatro paquetes a mil pesos.
A esto se suma otra dificultad estructural que relata Albina: el ciclo de cobro. Más del 85% de los productores trabaja “a culata de camión”: el camión llega a la quinta, carga y lleva la mercadería al mercado. El productor no pone el precio y cobra cuando puede. “Hay que cargar lo que producís, por lo menos para la sal, como decimos nosotros», los intermediarios aprovechan para bajar aún más los valores.
El resultado es que la producción no se vende y termina tirándose. “La acelga la tenés que deshojar y tirarla para que la planta pueda seguir dando; si no, perdés toda la planta. Esto es un plan de exterminio hacia los pequeños productores. Con su política de ajuste, la apertura de importaciones y la falta de políticas para acceder a la tierra, nos van expulsando de a poco de la producción”, asegura Albina.
Importaciones, alquileres en dólares y expulsión del territorio
A la caída del consumo y los precios se le suma la competencia de productos importados. Desde que el gobierno nacional abrió las importaciones, entra más producción de afuera. Los propios verduleros de la zona comentan que compraron tomate de Chile más barato que el local, nos dice la compañera.
Los alquileres de la tierra son otro drama. Todo se paga en efectivo. “En los últimos tiempos algunos propietarios comenzaron a cobrar directamente en dólares -500 dólares por hectárea-, y otros fijan el precio de renovación del contrato según la cotización del dólar. Estamos viviendo una situación que es devastadora para quienes producimos en pesos, y con precios cada vez más bajos”.
A esto se suma el avance inmobiliario sobre el cordón hortícola. Durante la intendencia de Garro en La Plata, se desarmaron cientos de hectáreas de tierra productiva para construir countries y barrios privados. Productores fueron expulsados de quintas en plena temporada: Cuenta Albina que “en Echeverri llegaron con la topadora mientras los invernaderos estaban plantados. Las familias que decidieron continuar fueron empujadas hacia zonas como Poblet, Oliden y Brandsen -sin caminos, sin luz, sin escuelas, sin transporte-, aisladas de todo”. El nuevo intendente puso cierto freno al avance urbano, pero el daño ya estaba hecho y el encarecimiento de los alquileres quedó instalado.
La respuesta de muchos productores es el achique: quien trabajaba dos hectáreas con toda la familia se queda con una, o con media. Algunos alquilan en sociedad para repartir costos. Otros, directamente, dejan. “Algunos se van a Bolivia y, ante la crisis allá, vuelven. Y los que vuelven, o los que no tienen adónde ir, terminan como peones en las grandes quintas del cordón. Una de ellas, cerca de la sede de ASOMA, tiene hasta cuatrocientos trabajadores en plena temporada. Si esto no cambia, vamos a terminar en esas quintas, donde concentran mano de obra y te pagan monedas», nos dice Vides, porque “La producción no va a desaparecer. Se va a concentrar en menos manos, como ya está pasando con la tierra”.
Las demandas: emergencia, tierra y semillas
Desde el comienzo del gobierno de Milei, la FNC y ASOMA vienen participando de las luchas junto a organizaciones sociales y campesinas, reclamando políticas para el sector.
“El gobierno nacional cerró el Instituto de Agricultura Familiar Campesino Indígena, se desmanteló el INTA, desaparecieron las ventanillas nacionales donde antes se podían presentar petitorios”. La provincia de Buenos Aires solucionó algunas cosas “a cuentagotas. Recién el mes pasado llegó mercadería para las familias de productores. Duele mucho y te da bronca que los que producimos alimentos no tengamos comida para poner en la mesa, y que muchos de nuestros hijos tengan que ir a comedores”, dice Videz.
Albina enumera las demandas principales: “subsidios de emergencia para atravesar el invierno, acceso a semillas e insumos para continuar produciendo, y políticas de acceso a la tierra”. Sobre esta última reclaman también una ley de arrendamiento que ponga límites a los alquileres.
“Acceder a un pedazo de tierra es poder arraigar, tener una casa de material que no sea un riesgo para la familia y poder producir con decisión propia.” Hoy, en muchas quintas, las casas son de madera envuelta en nylon para contener el frío, con conexiones eléctricas precarias. “El mes pasado se incendió una vivienda en el Peligro: el compañero perdió todo, incluyendo la camioneta que había comprado con gran esfuerzo. No hubo víctimas, pero la familia quedó con la ropa en el cuerpo”, cuenta la compañera.
Desde la Comisión Directiva de Asoma acordaron presentar en la Legislatura de La Plata un pedido de ley de emergencia para el sector hortícola. Estamos hablando con otras organizaciones para que acompañen la presentación. La FNC acordó impulsarlo también a nivel nacional. “Estamos muy enojados, muy embroncados. Nuestros hermanos bolivianos nos están dando un gran ejemplo de cuál es el camino. Tenemos que tomar medidas de lucha más fuertes, hacernos sentir más. Si no, vamos a dejar de ser productores. Y esto no es solo por nosotros: si cerraron más de 25.000 pymes, esa es gente que consumía lo que nosotros producimos. Es toda una cadena. Tenemos que unirnos, hacer una sola fuerza y tomar una decisión que dé vuelta esta situación”.
——————
Las mujeres productoras del cordón hortícola
«¿Cuántas más vamos a ser?»
El 3 de junio, las compañeras de ASOMA y la FNC se sumaron a las gigantescas marchas en La Plata y en CABA. Como madres, como mujeres, preocupadas por sus hijas y por ellas mismas. “¿Cuántas más vamos a ser?», dice Videz.
Dice Albina que, en el sector hortícola, la violencia machista es un problema grave que existió siempre pero que durante años quedó encerrado detrás de las puertas de las casas. “Después de la pandemia dimos pasos importantes”, pero con el desmantelamiento del Ministerio de Género ese avance se sostiene sobre bases muy frágiles, como les pasó con un caso muy grave de violencia machista. Y finalmente reivindica que “las compañeras empezaron a animarse a hablar, a buscar ayuda, a saber que no están solas”.
hoy N° 2112 10/06/2026
