Junto a Los Redonditos de Ricota construyó un fenómeno cultural único, surgiendo desde el circuito independiente y contracultural del rock argentino hasta convertirse en una de las expresiones más masivas de la cultura popular de nuestro país. Con una construcción desde abajo, con identidad propia y de denuncia al poder.
El propio Indio se identificó “un poco peronista, un poco comunista, pero seguro no neoliberal” y definió a sus grupos como «bandas de combate» y sostenía que no le parecía bien «mantener entretenida a la gente mientras los poderosos les meten las manos en los bolsillos». Una forma de entender el arte que marcó su obra, tanto con los Redondos como luego con los Fundamentalistas.
Sus canciones acompañaron la vida de trabajadores, jóvenes y sectores populares de todo el país. Sus recitales se transformaron en verdaderas peregrinaciones populares en los que cientos de miles de personas que no solo iban a ver a un músico sino a encontrarse entre sí, a reconocerse, a corear juntos lo que de otra manera casi no tenía voz.
Esa dimensión colectiva, esa comunión de los de abajo, fue quizás su obra más grande. Como indica un parte de inteligencia de la policía bonaerense en 1997 previo a un show en Olavarría, “sus fans, denominadas ‘las bandas’, se identifican con el grupo por sus actos de rebeldía”.
En los 80 y 90, cuando lo normal era acomodarse al anunciado “fin de la historia”, el Indio y los Redonditos, con sus formas, denunciaron las guerras del imperialismo yanqui, mostraron simpatía con guerrillas y alzamientos populares y criticaron las consecuencias del capitalismo en el cuerpo y la cabeza de millones. Fueron solidarios con la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y se expresaron a favor de reivindicaciones populares sentidas.
Decenas de sus frases están pintadas en paredes de lo largo y ancho de la patria, como “todo preso es político”, “violencia es mentir, “el lujo es vulgaridad”, “mi único héroe en este lío”, por solo citar algunas. Mantuvo prendida la llama de la revolución en sus temas con “Fuegos de Octubre”, “Había una vez”, “El regreso de Mao”, “Vencedores vencidos” y “Nuestro amo juega al esclavo”, entre otros.
En sus letras, en sus personajes y en sus historias, recogió y expresó parte de la identidad argentina de las últimas décadas. La identidad de los que trabajan y no llegan, de los que resisten sin que nadie los reconozca, de los que producen las riquezas mientras otros se lo reparten.
En los últimos años, ya muy enfermo, manifestó su oposición a la política de Milei, denunciando el desfinanciamiento del Estado, el ajuste sobre la educación pública y el ataque sistemático a las universidades.
Sus canciones seguirán siendo la banda sonora de millones y parte de la memoria cultural de nuestro pueblo. Y también una herramienta de combate, “deseando al final hacer la revolución”. Querido Indio, ¡hasta siempre! Cuando el fuego crezca, estarás ahí.
hoy N° 2112 10/06/2026
