Alrededor del 30° aniversario del golpe de Estado se está desplegando un debate político e ideológico profundo. Como decía Juan B. Alberdi, la falsa historia es la base de la falsa política. Y como no existe la llamada “objetividad”, porque ésta es nada más que una forma extrema de subjetividad, cada clase social enfoca la historia desde su particular punto de vista. Ahora, entonces, hay un gran debate en torno a tres ejes principales.
El primero es el que considera al golpe de Estado como una simple continuidad del gobierno de Isabel Perón. Así como el PC, en la década del ’30, dijo en un primer análisis que el golpe de Uriburu venía nada más que a profundizar la política “fascista” de Yrigoyen, ahora se dice que el golpe del 24 de marzo vino a profundizar la política “fascista” del gobierno peronista. Así, víctimas y victimarios son igualados.
El segundo es que se niegan las grandes luchas durante los años de la dictadura. Pareciera que en esos años en la Argentina no pasó nada. Pero esas luchas son las que explican por qué, mientras la dictadura de Pinochet duró 17 años, y… la dictadura argentina cayó a los 7 años y medio, y ya después del quinto año estaba tambaleándose. ¿Qué es lo que provocó el colapso de la dictadura violavidelista, que como otras muchas en la Argentina había venido a instalarse por mucho tiempo?… Esta dictadura tuvo que irse porque aquí hubo un pueblo que luchó; empezando por las Madres de Plaza de Mayo, las madres de los desaparecidos, con sus rondas de todas las semanas.
Y el tercer hecho que se niega, o se oculta, es el marco internacional en que se dio el golpe de Estado. Y así es absolutamente inexplicable lo que sucedió en la Argentina. Se oculta que había una disputa feroz por la hegemonía mundial entre dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética.
No era el mundo de hoy: los yanquis acababan de ser derrotados en Vietnam. Los rusos ocuparon la base de Danang, que los yanquis tenían allí; hicieron pie en el Yemen; en el Mar Rojo –porque controlaban Etiopía-; con la caída del imperio portugués hicieron pie en Mozambique; también en la ribera occidental del Atlántico, en Angola. Y por la fuerte infiltración habían hecho pie en América Central, en Nicaragua; estaban avanzando, también, en la lucha guerrillera que dirigía Shafik Handal en El Salvador…
El golpe vino a aplastar el gran auge de masas
¿A qué vino el golpe de Estado? Vino, en primer lugar, a aplastar el gran auge de masas que estalló en la Argentina en la década del ’60. En realidad, la década del ’60 en América Latina empezó el 1° de enero de 1959, cuando triunfó la Revolución Cubana, y una gigantesca oleada de rebeldía conmovió a América Latina. Entonces vimos que era posible, en el “patio trasero” del imperialismo yanqui, que triunfara una segunda revolución de liberación nacional. Y ese 1° de enero del ’59 cuando Fidel, el Che, Raúl, Camilo, bajaron de la Sierra, comenzó un nuevo momento en América Latina.
Allí se abrieron dos grandes corrientes: igual que está sucediendo ahora en América Latina. Una corriente que se montó en ese auge de masas: se había llevado a cabo el 20° Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética -este año se cumplen 50 años de su realización-, que planteó la posibilidad de destruir el poder del imperialismo, la burguesía intermediaria y los terratenientes por la vía pacífica, tomando el gobierno por elecciones y por el camino parlamentario.
Y también surgió entonces una poderosa corriente revolucionaria, que tuvo dos vertientes principales. Una, la de los que siguieron el camino de la lucha llamada guerrillera, del terrorismo urbano, o agrario, que hicieron una lectura apresurada y simplista de la Revolución Cubana y transformaron el “foco agrario” –que en realidad fue una base agraria en la Sierra Maestra- en lo que se podría llamar el “foco agreste”, es decir un foco de un grupo de revolucionarios que se instala en un lugar, para enfrentar a un ejército muchas veces superior sin apoyarse en las masas. O posteriormente el camino del terrorismo urbano.
Esta vertiente, por caminos muy complicados –como se vio en la Argentina con el caso de Montoneros y otros- fue “ensillada” por el socialimperialismo soviético. Porque sus dirigentes consideraban que la Unión Soviética era amiga de los pueblos.
Y la otra fue la corriente revolucionaria de masas. Una gigantesca explosión, donde apareció lo que siempre aparece cuando la clase obrera sale al combate: los cuerpos de delegados –o consejos obreros, o soviets-, que cuando son dirigidos por el clasismo y por una fuerza revolucionaria se transforman en un instrumento impresionante para que la clase obrera pueda jugar un rol de dirección en un proceso. Nosotros tuvimos aquí el proceso más avanzado en Córdoba, donde se recuperó el Sindicato de Mecánicos (Smata) con la dirección del camarada René Salamanca, y los cuerpos de delegados de todas esas fábricas –que no eran fábricas esqueléticas como ahora sino que trabajaban 8 o 9 mil obreros, como en Renault-; cuerpos de delegados como el de Sitrac-Sitram en Fiat; y estaba el cuerpo de delegados de Luz y Fuerza, y el que surgió en el Área Material Córdoba, y el de ferroviarios. Y Córdoba se transformó en una ciudad proletaria donde esos cuerpos de delegados jugaban un papel importantísimo.
¿Quiénes empujaron el golpe?
Al mismo tiempo estaba la disputa interimperialista entre yanquis y rusos. Los prosoviéticos trabajaron para el golpe institucional; lo hicieron porque tenían mucha fuerza en el movimiento popular, producto de un trabajo de muchos años; mientras que los yanquis eran muy débiles en el movimiento popular.
Trabajaron para el golpe institucional, pero los yanquis los fueron apretando. Es cuando Capellini da el golpe en diciembre de 1975. Los soviéticos tuvieron que aceptar también que no tenían otro camino que el del golpe militar abierto, para dirimir la disputa con los yanquis. Y por esa razón se fue al golpe…
Dos trincheras: golpismo o antigolpismo
Perón resistía. Y entonces lo pusieron en el blanco. Y le hicieron como cuando se caza un puma, se usan los cuzquitos garroneros, y el puma se vuelve loco, se «empaca» y se asusta, y el paisano no precisa ni pegarle un tiro para matarlo. Lo pusieron en el blanco a Perón y le “tiraron” las organizaciones armadas. Desde ya, como pasa siempre con la izquierda, tiene que haber una teoría para que hagamos algo. Vanguardia Comunista explicaba que el enemigo era la «gran burguesía». Y ¿quién era la «gran burguesía»? El general Perón. Por eso, cuando Perón los echó de la Plaza de Mayo, los Montoneros se fueron cantando “Vea, vea, vea, qué manga de boludos, nos gobierna una puta, un brujo y un cornudo”. El blanco era el general Perón. Le hacían el juego del cuzco. Por eso se volvió loco Perón cuando le mataron a Rucci: porque era lo único propio que tenía.
Cuando murió Perón, sonó la hora del golpe. Nosotros ya advertimos, en la Declaración que sacamos con motivo de la elección de Perón, en setiembre del ’73, que a partir de ese momento comenzaba la cuenta regresiva hacia el golpe de Estado…
…Isabel resistió. Resistió más de lo que esperaban Gelbard y compañía. Era un gobierno heterogéneo, donde había sectores fascistas como el de López Rega, Ivanissevich y Ottalagano, y donde había un sector prosoviético, con Gelbard y compañía.
Entonces ¿cuál era el enemigo? ¿Era el gobierno peronista, Isabel Perón, o eran los golpistas? Nosotros en ningún momento dejamos de luchar: Armando Ricciotti, el primer nombre de los asesinados que acá se leyeron, cayó en una manifestación por la reapertura de la Universidad que había cerrado Ottalagano. Pero al mismo tiempo, en noviembre de 1974, nosotros hicimos pública nuestra posición antigolpista que decía: No a otro ’55; junto al pueblo peronista, contra el golpe prorruso o proyanqui, para avanzar en el camino de la liberación…
¿Dónde estaba el enemigo? Cuando se encrespa la polémica nos acusan de lopezrreguistas. Yo, cada vez que me acusan les digo: “Seguro que vos fuiste videlista…
Fue una lucha muy dura, porque a nosotros nos empezaron a matar a los compañeros. Y fue el heroísmo de compañeros como Enrique Rusconi y Daniel Winer que, en ese momento que define la vida de una persona, señalaron a los golpistas como culpables de su asesinato. Y el centro de esto estaba en La Plata y en la provincia de Buenos Aires, con el gobierno provincial de Calabró…
El PCR se quedó para luchar contra la dictadura
Nosotros nos quedamos aquí: decidimos hacerlo. Esa fue otra discusión. Nuestros compañeros presos no ejercieron el derecho de opción a salir del país. A Horacio Ciafardini, para que ejerciera el derecho de opción, le ofrecieron trabajo en algunas de las más renombradas universidades de Europa; y él no aceptó, y se quedó preso hasta el final de la dictadura, en condiciones que después iban a provocarle la muerte. Nosotros nos quedamos y luchamos junto a nuestro pueblo.
hoy N° 2094 28/01/2026
