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02 de octubre de 2010

Conversamos con Carlos, obrero de Arrufat, que en enero dejó 53 obreros en la calle, y hoy pelean por seguir trabajando como cooperativa.

Arrufat: “vamos a seguir siendo obreros”

Hoy 1257 / Fábrica de chocolate en Paternal, Buenos Aires

–¿Cómo se inició el cierre de la fábrica?
–Hace dos meses y un día que la patronal se fue: puso un cartelito en la puerta diciendo que la empresa no era operativa, que no podía pagar la luz, que nos fuéramos a casa. Una empresa con tantos trabajadores, pienso que no va a cerrar porque no pueda pagar la luz.
Nos debían diez meses de sueldo, dos aguinaldos, vacaciones correspondientes a 2007 y 2008, aportes jubilatorios. Debían a los proveedores, a todo el mundo.
Desde aquel seis de enero, con los compañeros empezamos a quedarnos acá las 24 horas. El primer día nos quedamos todos y después empezamos a turnarnos para que no desvalijen la empresa. Los dueños intentaron vaciarla, llevaron la mercadería, no quedó nada. Mientras ella, –Diana Ruffa, la propietaria– iba sacando la mercadería, venía con la mentira de que estaba consiguiendo un inversor.
Ella viajaba seguido a España, a Grecia, a Chile con sus hijos y su marido, Eduardo Pagano. Decían que iban a exportar a Chile pero si no podían vender acá, ¿cómo iban a hacerlo afuera? La mentira constante era que traían inversionistas; después supimos que era para ver las máquinas para venderlas.

–¿Cómo decidieron ocupar la fábrica?
–El 6 de enero, cuando cortaron la luz y ella puso ese cartel, nosotros sabíamos que si nos íbamos a nuestras casas no entrábamos más, entonces decidimos quedarnos, nomás. Decidimos formar una cooperativa. Empezamos a trabajar con materia prima que nos donan algunas otras cooperativas, gente solidaria que trae dulce de leche, chocolate y empezamos a producir.
Hasta el 6 de enero éramos 53 trabajadores, ahora somos treinta y pico. Varios compañeros están volviendo porque salieron a buscar trabajo, de la desesperación que tenían llevaron a sus chicos a lo de los abuelos, los padrinos, algunos amigos… para poderlos mantener porque a algunos les cortaron la luz, el gas.

–Antes estuvieron diez meses sin cobrar…
–Algunos tenían la señora que trabaja, algunos changueaban aparte, otra que el esposo trabajaba. En total, hace un año que nosotros no tenemos un sueldo. La empresa había hecho reducción de horarios. Nosotros nos presentábamos todos los días al mismo horario, cumplíamos las nueve horas de trabajo, pero nos hacían trabajar 3 días. A veces estábamos tomando mate sin saber qué hacer.
Ahora no tenemos luz, por eso estamos trabajando manualmente, artesanalmente, para poder trabajar. Trabajamos de día, cuando hay un poco de luz. Tenemos una vecina que nos ha tirado un cable para tener una lamparita. Acá la cooperativa ya está armada y nosotros queremos trabajar.

–¿Y cómo están tus compañeros?
–Hay gente que llora por el engaño que tuvo de la patronal, tenemos muchos compañeros enfermos que se han deprimido, que tienen 43 años de trabajo acá adentro (la empresa tiene más de 70 años) que todavía les falta la edad para jubilarse. Algunos vienen día por medio porque no tienen para el boleto, por eso nos turnamos.
Hemos hecho un bono de huelga, hemos salido con la urna frente al Coto. Vendemos unos bomboncitos que producimos en la semana, vamos a la puerta del supermercado y los vendemos ahí. Y así bancamos la olla de la gente que viene a comer acá. Hay compañeros que traen a su chico a comer. Y más la solidaridad de los vecinos.

–¿Cómo frenaron que les quiten las máquinas?
–El jueves, con la orden de un juez se quisieron llevar una máquina que habían rematado 4 meses atrás y nosotros no sabíamos nada. Si se llevan esa máquina es imposible seguir. Impedimos que se la lleven.
No podemos perder esa máquina, porque si no perdemos el trabajo y hoy día conseguir un trabajo, no hay. Por eso hubo compañeros que se encadenaron a la máquina. Hubo un montón de policías acá adentro, rompieron todas las puertas, entraron, pero estábamos todos resistiendo a que se la lleven. Afuera había muchísima gente: los vecinos que nos apoyan, vinieron diputados, y una jueza vino a parar que se lleven a máquina.

–¿Cuál es la situación de la maquinaria y el inmueble?
–Tenemos 15 días hábiles para solucionar el conflicto. Hasta ahora impedimos que se la lleven, queremos que el gobierno se haga cargo, que pague lo que pagó el hombre del remate y que la máquina quede acá.
El inmueble está hipotecado. Nosotros queremos seguir trabajando acá. En el Inaes dicen que nos van a dar una respuesta antes de ese plazo. Nosotros queremos que el gobierno se haga cargo de la deuda, y que la máquina y el inmueble queden para la cooperativa.

–¿Han recibido apoyo sindical?
–Vinieron muchas cooperativas, el compañero Bogado de Terrabusi, los de Pepsico, los vecinos, algunos diputados, Vilma Ripoll, un médico del hospital israelita. No tenemos palabras para agradecer a esa gente.
Del gremio de la alimentación no hablo porque no sabemos nada. Gustavo Salas, que acá venía muchas veces a joder cuando la empresa funcionaba, ahora que estamos mal no aparece nunca. Ellos no aparecieron nunca más por acá. Muchas veces mis compañeros fueron a pedir información y les decían que se consideren despedidos, y yo pienso que nunca un dirigente le tiene que decir a un obrero que se considere despedido, porque si no ¿qué defiende?

–¿Querrías agregar algo más?
–Nosotros somos obreros y vamos a seguir siendo obreros. Trabajamos dignamente y queremos llevar el pan a nuestra casa. Por eso queremos que esta empresa no se cierre, queremos seguir trabajando como cooperativa, que el gobierno se haga cargo de la deuda y no nos lleven las máquinas. Que Alicia Kirchner que se comprometió a darnos para que podamos producir, lo cumpla.