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03 de julio de 2013

Ha pasado casi un mes del comienzo de las masivas movilizaciones de protesta en Brasil, y la oleada no se detiene.

Brasil: “El gigante se despertó”

SE MULTIPLICAN LAS DEMANDAS DE CAMBIOS SOCIALES

Lo que comenzó como un recla-mo ante el aumento de la tarifa de transporte en San Pablo, derivó rápidamente en un rechazo a la corrupción y los multimillonarios gastos en la preparación de la Copa Mundial de Fútbol el año entrante, y se multiplicó por todo el país, en demandas de mayor inversión en los presupuestos públicos de salud y educación.

Lo que comenzó como un recla-mo ante el aumento de la tarifa de transporte en San Pablo, derivó rápidamente en un rechazo a la corrupción y los multimillonarios gastos en la preparación de la Copa Mundial de Fútbol el año entrante, y se multiplicó por todo el país, en demandas de mayor inversión en los presupuestos públicos de salud y educación.
Masivas protestas se han llevado a cabo en los estadios donde tiene lugar la Copa de Confederaciones, en carreteras y calles en las principales ciudades de Brasil, e incluso alrededor del Congreso Nacional y del Ministerio de Asuntos Exteriores en Brasilia. Las protestas también se producen en centros comerciales, vecindarios de clase media y favelas. Gran parte de la dirigencia política brasileña no termina de salir de su estupor ante los millones de personas que han tomado las calles, y en muchos casos han intentado descalificar las protestas con los mismos términos usados por el kirchnerismo para los cacerolazos en Argentina. Como dijimos la semana pasada, la extensión de esta lucha ha corrido el velo de las real situación social en el país hermano, donde, pese a la propaganda del gobierno que vende un Brasil en el que se han solucionado la mayor parte de los problemas sociales, millones siguen pasando hambre. Brasil presenta, según algunas fuentes, la segunda peor distribución de ingresos de todo el mundo: el 75% de los ingresos pertenecen a 10% de la población.

Transporte malo y caro
El PCR do Brasil, en un documento distribuido la semana pasada, refiriéndose al motivo inicial de las manifestaciones, dice: “El transporte público en nuestro país es de mala calidad, a pesar de que es uno de los más caros del mundo. El resultado es que 37 millones de brasileños se ven obligados a caminar a pie por no tener dinero para pagar un boleto…. El transporte público se privatizó. En todas las grandes ciudades de un pequeño número de familias ricas son propietarios de las empresas de autobuses… Esta minoría, además de tener súper ganancias con los chicos pasajes, recibe subsidios de los municipios y gobiernos. La solución es la nacionalización del transporte público”. Un habitante de los suburbios de San Pablo pierde un promedio de tres horas de viaje al trabajo en autobuses, metros y trenes urbanos ruidosos, abarrotados y caros. Los costes de transporte en Sao Paulo son los más elevados del mundo en relación con los salarios.
“Las personas también están sufriendo el desmantelamiento del Sistema Único de Salud (SUS), con la multitud de planes de salud, los maestros reciben salarios bajos y la educación se transforma en una mercancía. Sin embargo, para satisfacer los intereses de la FIFA, el gobierno federal ha gastado miles de millones para construir y renovar estadios. Además, el gobierno también utiliza el dinero público para pagar los intereses de la deuda, enriqueciendo especuladores, para garantizar los subsidios a los fabricantes de automóviles y de rescate de los bancos en quiebra”, continúa el PCR brasileño.

Siguen las marchas
El viernes 28, miles volvieron a marchar en distintas ciudades brasileñas, convocados por diversas organizaciones sociales. No las detuvieron ni los llamados “al diálogo” hechos por la presidenta Dilma Rousseff en cadena nacional el pasado 21 de junio, ni su reunión con algunos de los dirigentes del Movimiento Pase Libre de San Pablo, iniciador de las marchas, y tampoco el que se haya conseguido en varias ciudades que se dé marcha atrás con el aumento de las tarifas de transporte. En muchos casos se pronunciaron contra la llamada PEC 37 (Propuesta de Enmienda Constitucional número 37), una iniciativa del Legislativo para reducir los poderes de investigación del Ministerio Público, y garantizar impunidad en casos de corrupción.
Las marchas se realizaron en seis capitales, como Río de Janeiro, y otras 15 ciudades en el interior de Piauí, Pernambuco, São Paulo, Ceará, Rio Grande do Sul, Rondonia, Mato Grosso y Minas. Los enfrentamientos más graves ocurrieron cerca del estadio Arena Castelao, en Fortaleza y donde jugaban España e Italia.
“Vem pra rúa”. “Nos dieron espejos y vimos un mundo enfermo”, “Pensé en mí, pensé en ti, y estoy aquí por nosotros”, “¿Dónde está el metro?”, “No me corté el pelo porque me gasté el dinero con el ómnibus”, “La verdad siempre es dicha”, algunos de los mensajes de estos manifestantes en Salvador. “Los cambios empiezan con 20 centésimos”, “El gigante se despertó”, son algunas de las pancartas más vistas en las manifestaciones.
En muchos casos, las marchas fueron ferozmente reprimidas, con decenas de heridos y detenidos. Ya son cinco los muertos durante las protestas, luego de que falleciera un joven brasileño en Belo Horizonte (sureste), tras sufrir graves heridas. En las últimas marchas crece el reclamo contra la militarización de las favelas, y la exigencia de libertad para los detenidos durante las últimas protestas.
En los últimos días, tanto el gobierno de Rousseff, con su propuesta de un plebiscito para lanzar un proceso de reforma constituyente, como partidos de oposición, vienen tratando de incidir sobre las marchas. Los grandes medios también están muy activos en esta tarea de desvirtuar las protestas que han puesto muy nerviosos al gobierno y al conjunto de las clases dominantes en Brasil, que están haciendo inmensos negociados con la construcción de las sedes del Mundial de Fútbol. Proyectos faraónicos que contrastan con la falta de inversión en obras de infraestructura como agua potable y cloacas, hospitales abarrotados, y escuelas en malas condiciones.