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25 de febrero de 2026

El conflicto más sangriento en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial

Cuatro años de la invasión rusa a Ucrania

El 22 de febrero se cumplen cuatro años de la invasión del imperialismo ruso a Ucrania. La resistencia del pueblo y la nación ucraniana transformó la invasión imperialista en una guerra de carácter nacional.

Es el conflicto armado más largo y sangriento en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Si bien el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos dice que casi dos millones de soldados de ambos países han muerto, han resultado heridos o están desaparecidos, es imposible conocer una cifra cierta. Sí podemos afirmar que esta guerra es la expresión más importante de la intensificación de la disputa interimperialista por un nuevo reparto del mundo después de los acuerdos establecidos en 1945.

Tras el fin de la llamada “Guerra Fría” y la implosión de la Unión Soviética en 1991, hubo una ofensiva de la OTAN. La mayoría de los países miembros del Comecon (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y del Pacto de Varsovia se integraron a la OTAN; Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria, También lo hicieron en 2004 Estonia, Letonia, Lituania después de independizarse de la Federación Rusa. En 2009 se sumaron Albania y Croacia.

La invasión produjo el reforzamiento de los lazos de Estados Unidos, bajo la presidencia de Biden, y Europa en la OTAN, que respaldó económicamente, con armas y tecnológicamente a Ucrania.

Lo que Putin concibió como una guerra relámpago, después de no lograr tomar Kiev, en 2022, se ha transformado en una guerra de trincheras con un altísimo costo en vidas.

Como en la Primera Guerra Mundial hay una guerra de trincheras, pero en la época de la IA se combina con una guerra de drones que han ampliado la “zona de muerte”. Ucrania ha dependido de drones para contrarrestar la superioridad militar rusa, mientras que Rusia ha expandido el uso de drones de largo alcance, que han aumentado la zona de ataque.

Rusia ocupa aproximadamente el 20% de Ucrania desde 2014, pero sus avances tras la invasión han sido extremadamente lentos. A pesar de eso Putin sigue exigiendo que Ucrania retire sus tropas de las regiones anexadas y abandone sus aspiraciones de unirse a la OTAN, y usa la amenaza nuclear para frenar el apoyo europeo a Ucrania.

Desde el inicio de la invasión rusa, casi 6 millones de ucranianos permanecen desplazados fuera del país y otros 3,7 millones siguen desplazados internamente. Más de la mitad son mujeres, niñas y niños que representan el 76% de los refugiados en el extranjero.

Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, “Rusia ha sufrido la tasa de bajas más alta de cualquier gran potencia en cualquier guerra desde la Segunda Guerra Mundial”.

La guerra y las sanciones económicas occidentales han erosionado la economía rusa. El crecimiento se ha detenido debido a la inflación persistente y a la escasez de mano de obra. Las sanciones recientes de Estados Unidos a las exportaciones de petróleo ruso han agravado la situación. Aun así, Rusia sigue incrementado su producción bélica.  La economía rusa muestra una creciente dependencia del imperialismo chino. China es el mayor socio comercial de Rusia, absorbe gran parte de sus exportaciones energéticas y le suministra maquinaria, vehículos y tecnología crítica.

La asunción de Donald Trump en la presidencia produjo cambios en la política exterior de los Estados Unidos. Restringió la ayuda económica a Ucrania, intimó a Europa para que incrementara el gasto militar de la OTAN al 5%, a la vez que presionó a Volodymir Zelenzky para el fin de la guerra en los términos negociados con Putin: la cesión de los territorios anexados a Rusia y la entrega de tierras raras a Estados Unidos.

Esta política de Trump ha acrecentado las contradicciones con los países europeos, incluida Inglaterra (aliada tradicional de los yanquis), que respaldan a Ucrania y defienden los intereses europeos frente a las otras potencias imperialistas.

Hoy el pueblo ucraniano enfrenta un invierno excepcionalmente duro marcado por una nueva ola de ataques rusos dirigidos contra infraestructuras energéticas críticas, el 80% de Ucrania se enfrenta a cortes de electricidad de emergencia. El acceso a calefacción, refugio seguro y recursos básicos se ha convertido en un desafío constante.

Según Cáritas, el 2025 ha sido el año más mortífero para la población civil desde el inicio de la invasión. Las instalaciones sanitarias han sufrido 438 ataques y alrededor de 340 centros educativos han sido dañados total o parcialmente.

Rusia aceptaría que Ucrania ingrese en la Unión Europea, aunque rechaza el despliegue de fuerzas de paz europeas en este país. Por su parte, el presidente ucraniano Zelensky busca un alto el fuego inmediato, mientras que Putin descarta una tregua en nombre de una “paz integral”.

Trump busca un acuerdo de paz antes de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, Putin insiste en que Ucrania retire sus tropas de Donetsk, condición que Zelensky rechaza, lo que dificulta un acuerdo rápido. Además, Zelensky expresó escepticismo respecto a una propuesta estadounidense para convertir la región oriental en una zona económica libre.

Asistimos a una reconfiguración de las alianzas en la disputa imperialista donde se van conformando dos bloques principales, uno encabezado por EEUU y el otro por China, que están en una intensa batalla política, económica y diplomática por el alineamiento del resto de los países y naciones. En esa disputa promueven guerras locales, utilizando a los pueblos como carne de cañón de sus intereses imperialistas.

Como decía nuestro querido primer secretario general Otto Vargas “la guerra es la peor lacra y la más horrible consecuencia del capitalismo: No queremos la guerra, luchamos contra ella. Los pueblos no ganan nada con temer a la guerra; es como las enfermedades o las plagas, son horrendas, pero no se gana nada con el temor; se gana, sí, con enfrentarla. La mejor forma de hacerlo es tratar de utilizarla para la causa revolucionaria. En resumen, no queremos la guerra, pero no le tememos; en el caso en que se haga inevitable, lucharemos para transformarla en una guerra revolucionaria”.

Ese es hoy nuestro desafío.

 

Escribe Elena Ríos

Foto de portada: Rusia atacó residencias civiles en Kiev al cumplirse cuatro años del comienzo de la invasión

hoy N° 2098 25/02/2026