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02 de octubre de 2010

La conquista del aguinaldo extra abre el camino a las paritarias. La vitalidad de los movimientos de desocupados y jubilados. Con los apagones brotaron los “cacerolazos”.

De nuevo piquete y cacerola

Hoy edición 1199

1. Vientos de crisis y de guerra
En Estados Unidos “la preocupación crece día a día. Allí se habla de recesión, estanflación [caída de la producción con inflación] y crisis financiera” (La Nación, 13/1). Los bancos deben sincerar pérdidas gigantescas, y los fuertes se devorarán a los débiles (el Bank of América, el segundo banco yanqui, se está “comiendo” al Countrywide, principal banco hipotecario y el más averiado por las hipotecas incobrables). Las acciones de la Bolsa de Wall Street cayeron, en 8 días, entre un 5,6% y un 8,7%. La moneda yanqui sigue bajando: el petróleo rozó los 100 dólares el barril, y la onza de oro los 1.000 dólares. La desocupación se acerca a cifras con las que “técnicamente” la economía se declara en crisis.
Con vientos en las finanzas y la economía que se han vuelto ingobernables, Bush negocia con el Congreso el aumento del gasto estatal y la rebaja de impuestos. Al tiempo que realiza una gira por países del Medio Oriente y Asia, a los que llama a enfrentar a Irán “antes de que sea tarde”. El imperialismo yanqui siente el viento de la crisis económica, y busca huir hacia adelante con la guerra para afirmar su dominio sobre el petróleo. Busca una coalición con las oligarquías petroleras árabes y la derecha de Israel, con Inglaterra y la “nueva derecha” europea (Alemania y Francia), para enfrentar las amenazas de apoyo a Irán de Rusia y China.
Si se precipita la crisis económica o la guerra, serán terremotos que conmoverán al mundo, y los imperialistas descargarán sus consecuencias sobre la clase obrera, los pueblos y las naciones oprimidas. Y los trabajadores, los pueblos y las naciones oprimidas empuñarán las banderas del combate para acabar con esas lacras de la explotación capitalista. Los tiempos de crisis y guerras son, también, tiempos de revolución.

2. Del “aguinaldo extra” a las paritarias
Cuando la mayoría de las direcciones sindicales ya estaba en las fiestas, de vacaciones, o viendo como se colocaban frente al nuevo gobierno, se desató en muchas fábricas y lugares de trabajo el reclamo del aguinaldo extra. Ese movimiento volvió a dejar en el aire a los más traidores y propatronales, como los trabajadores de Terrabusi-Kraft a Daer, otros tomaron el reclamo para rebajarlo, y a otros no les quedó más remedio que ponerse a la cabeza.
Al mismo tiempo, demostrando que para sectores muy importantes de la clase obrera el gobierno de Cristina Kirchner es continuidad del de Néstor Kirchner, antes y después de las elecciones se fueron incorporando a la lucha contingentes de trabajadores, con notable combatividad, que fueron poniendo sobre la mesa los problemas de fondo. Los trabajadores de Mafissa, del pescado, petroleros, los del Astillero Río Santiago, los del Casino y el Indec, los limoneros de Tucumán, tareferos de Misiones, del ajo en Mendoza, rurales de Río Negro, etc. También estatales (nacionales, provinciales y municipales) y los docentes.
Hay en estas luchas un gran contingente de jóvenes trabajadores que toman en sus manos la pelea, porque ya no aceptan seguir soportando la brutal superexplotación: salarios de pobreza, trabajo en negro, jornadas de 10 o 12 horas, despidos, etc. Esa superexplotación es la base de la reactivación económica kirchnerista.
Con la experiencia y el programa que brota en las luchas, se caldea el round de las paritarias (ver pág. 11).

3. El “ya fue”
Las clases dominantes sembraron la idea de que el movimiento de desocupados “ya fue”. Confiaban en que la campaña de terrorismo ideológico contra los piquetes, y la cooptación por el gobierno de una parte de sus dirigentes, lo habían liquidado. Se preparaban para hacer tabla rasa con “lo que quedaba”, a lo que consideraban “grupos politizados” y “desocupación estructural irrecuperable” (como consideran a los desocupados mayores de 35 años). Les facilitaba la operación la división estimulada por las rivalidades entre “candidatos” piqueteros.
El plan de lucha y los acampes, iniciado por los Desocupados de la CCC, junto al MTD Aníbal Verón, el Fubadeyo y otras organizaciones, unió la denuncia del hambre al voto bronca, en Buenos Aires, Jujuy, Rosario, Tucumán, la Capital Federal y muchos otros lugares del país. Fue una base que contribuyó, luego de las elecciones, a jornadas unitarias, conquistando numerosos reclamos parciales. Y demostró la vitalidad del movimiento piquetero.
También las movilizaciones de los jubilados, con el MIJP a la cabeza, conquistaron la jubilación para un millón de mayores, fortaleciéndose para la lucha por el 82% móvil de la canasta familiar.
Esas luchas forzaron al gobierno nacional a dejar de lado el discurso del “ya fue”. Ahora habla del 2008 como “un año social”. Cambia el discurso pero no las mañas. El nuevo discurso es para tratar de usar a los desocupados en las contradicciones por arriba, en lugares como Buenos Aires o la Capital Federal, pero está demasiado gastado. Los desocupados y los jubilados aprovecharán todas las contradicciones entre los de arriba, pero para desarrollar la lucha por sus reclamos fortaleciendo su organización, y su unidad con los trabajadores ocupados y el pueblo, por el camino histórico que los llevó a tantas conquistas.

4. Se vienen tormentas
El gobierno está sentado sobre la mayor parte de los dineros del Estado, principalmente para pagar la deuda pública. El gobierno decide cuándo y con qué condiciones les manda a las provincias el 31,9% de lo que se recauda (La Nación, 13/1), el resto (o más) lo usa, sin ningún control, el gobierno nacional.
La política que impulsa el gobierno y aceptan muchos gobernadores e intendentes, kirchneristas o no kirchneristas, es “resolver” sus déficit despidiendo a los trabajadores en negro (es decir, a los contratados), negar aumentos de salarios a estatales y docentes, mantener presupuestos que han hecho colapsar a la salud y la educación, y aumentar brutalmente los impuestos provinciales y municipales.
¡No hay plata para planes sociales, salarios, educación y salud, y varias provincias programan la compra de acciones de Repsol-YPF, que va a seguir siendo manejada por la burguesía imperialista española en perjuicio de la Argentina, para que una parte de sus ganancias vayan a los bolsillos de Kirchner-Eskenazi!
Esta política reaccionaria va a provocar tormentas sociales y políticas. Es una madeja de contradicciones: entre el gobierno nacional y los provinciales (sobre todo con algunos de ellos como Scioli y Macri), entre los gobiernos provinciales y municipales, entre los kirchneristas y los no kirchneristas. Hay que aprovechar todas las contradicciones, actuando con independencia para desplegar la lucha y la unidad obrera, popular, patriótica y democrática, golpeando centralmente a la política kirchnerista como principal responsable de esta situación.

5. El regreso de los “cacerolazos”
Los apagones provocados por la crisis energética, que el gobierno negó hasta hace una semana, castigan a millones de argentinos en las barriadas obreras y de capas medias, y en el aparato productivo. La respuesta no se hizo esperar: piquetes y cacerolazos.
Es una lucha que va a continuar, porque el plan del gobierno “de ahorro energético” es un mal chiste. El cambio de la hora perjudica a algunas provincias. Usar a los encargados de edificios como alcahuetes sólo se le podía ocurrir a un matón como Moreno; y se suspendió porque podía terminar en más cacerolazos.
Los piquetes y cacerolazos contra los apagones van a continuar porque la crisis energética es la consecuencia inevitable de la privatización de la energía. Y la política de este gobierno, como se demuestra en “el negocio” de Kirchner-Eskenazi con la compra del 15% de YPF-Repsol, es quedarse con una tajada de la renta petrolera, reprivatizándola. Es más de lo mismo que llevó a la crisis.

6. Material inflamable
Las clases dominantes argentinas, con los gobiernos de Duhalde y de Kirchner, trabajaron “milimétricamente” para desarticular la unidad que parió el Argentinazo: ¡Piquete y cacerola, la lucha es una sola! Pero, como ya se venía dando en el movimiento ambientalista, la bronca contra los apagones volvió a unir en las calles a muchos habituales piqueteros con otros muchos que protestan contra los piquetes.
El gobierno va fracasando en su intento de presentarse como “la continuidad del cambio”. Los hechos van demostrando, a grandes masas, que es más de lo ya conocido.
Algunas fuerzas reformistas usan su lamento electoral para justificar su conciliación con el gobierno. Otras, enfermas de parlamentarismo, tiran baldes de agua helada, castigando a las masas con su balance de las elecciones, tratando de justificar su poca combatividad. Los hechos van mostrando que hay cuestiones centrales de los comicios de octubre, como analizó el PCR, que son claves para el momento actual:
1) La continuación y profundización de las luchas y el surgimiento de una nueva camada de jóvenes trabajadores combativos tiene su base política en esa fuerza mayoritaria en las elecciones fue la abstención, el voto en blanco y nulo, expresando a lo fundamental de las masas obreras y populares en lucha.
2) Las capas medias de las grandes ciudades castigaron al gobierno usando el voto a los opositores del kirchnerismo, pero en lo fundamental, no son “votos cautivos”, o “de derecha”, como se ve ahora en los cacerolazos.
Los hechos siguen demostrando que las brasas del Argentinazo están encendidas, y que se acumula más material inflamable.