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28 de agosto de 2019

El fuego y la voracidad imperialista arrasan con los pueblos

El Amazonas en llamas

Los gigantescos incendios del Amazonas están mostrando las criminales consecuencias de la tremenda deforestación provocada por los grandes terratenientes brasileños, amparados por la política de Bolsonaro.

Hace casi un mes empezaron los incendios en uno de los pulmones de la Tierra, lo que acarreará un gravísimo colapso climático, contaminación del agua, extinción de especies y desaparición de etnias que habitan en el Amazonas. Las razones de fondo de este desastre ambiental son un modelo extractivista, saqueante y contaminante que avanza desenfrenadamente en el territorio brasileño. El responsable político de esta situación es el presidente Jair Bolsonaro y su gobierno que, con recortes de presupuesto y desmantelamiento de las políticas medioambientales, dio rienda a la deforestación y la expansión terrateniente para favorecer los agronegocios en la región del Amazonas.

Organizaciones ambientalistas, campesinos pobres y el propio INPE (Instituto Nacional de Investigación Espacial) venían denunciando el avance de la deforestación terrateniente, razón por la cual entre 2012 y 2014 el gobierno anterior en Brasil aplicó medidas restrictivas al sector, manteniéndolo a raya con el desmonte. Sin embargo, Jair Bolsonaro –alineado a la política del presidente norteamericano Donald Trump– recortó el 95% del presupuesto para combatir el cambio climático. En lo que va del 2019 los incendios en Brasil aumentaron un 82% con relación a los producidos entre julio y agosto de 2018.

Unidades de Conservación y tierras indígenas afectadas y quemadas
Los representantes de las comunidades indígenas, como hemos consignado en notas anteriores, vienen denunciando esta política del gobierno de Bolsonaro. Denuncia reiterada en la última marcha de mujeres indígenas (ver hoy 1779).

Una de las marchantes expresaba al diario El País de España: “El primer impacto de la política Bolsonaro fue extinguir el Ministerio de Derechos Humanos y de Cultura, y colocar al frente de Medio Ambiente a una persona totalmente favorable a los agronegocios. Fue entonces, desde enero, cuando los pueblos indígenas empezamos a movilizarnos. Lo llamamos el enero rojo, por el genocidio de los pueblos indígenas, por la resistencia. La lucha ambiental y la indígena no pueden separarse. Es una lucha única. Estamos trabajando con parlamentarios para frenar esas medidas que están acabando con las leyes ambientales”. En esa misma marcha denunciaban la deforestación, los incendios forestales y los macroproyectos autorizados por el gobierno que abren paso a los grandes cultivos, a las explotaciones a gran escala, como las de soja, caña de azúcar o eucalipto, junto a la explotación minera.

El fuego avanza incluso en áreas de protección ambiental: solo la semana pasada se han registrado 68 incendios en territorios indígenas y zonas de conservación, la mayoría en la Amazonia.

Las fotos de la Amazonia deforestada invadieron las redes sociales, lo que aumentó la presión sobre el Ejecutivo de Bolsonaro quien, a última hora del viernes 23 mandó fuerzas militares para controlar los territorios.

Los diez municipios de la Amazonia que más han ardido son también los más deforestados. Juntas, esas localidades suman el 37% de los incendios en lo que va de año y el 43% de la deforestación total registrada hasta julio.

El imperialismo voraz arrasa con la riqueza de nuestra tierra
La búsqueda de la máxima ganancia por parte de los imperialismos los lleva a saquear y depredar el medio ambiente, sobre todo el de los países dependientes, como los de América Latina. Para tener una dimensión de la enormidad de los incendios, el humo producido llegó a San Pablo, en el sudeste brasileño, y hasta el litoral argentino.

Varios medios relatan que, en el suroeste del estado de Pará, los terratenientes llegaron a realizar un “día del fuego”, donde realizaron quemas simultáneas a los márgenes de la carretera BR 163, para llamar la atención del gobierno afirmando que el “único modo de trabajar es tumbando la selva”. Así comenzaron a incendiar los bosques para abrir paso y colocar pastos para el ganado.

El fuego no solo avanza sobre territorio brasileño sino también sobre Bolivia y Perú. Pero muy distintas fueron las reacciones de los mandatarios: mientras el presidente Evo Morales movilizó un avión supertanker para frenar los incendios, el “capitán motosierra” -como se autodenominó Bolsonaro- ha despedido al director del instituto de investigación que denunció los 72.000 incendios que se han producido en el país durante este año, cuestionó los datos presentados por el INPE y cambió su dirección, reemplazando al físico Ricardo Galvão por un oficial de la Fuerza Aérea Brasileña.

Bolsonaro lo primero que hizo fue acusar a miembros de organizaciones de defensa del medioambiente como autores del fuego, en venganza por el recorte de fondos decretado por el gobierno. Mientras tanto, en las esferas internacionales encendieron las sirenas de alarma y los mandatarios imperialistas salieron a exigir respuestas a Bolsonaro. Entre ellos el presidente francés Macron quien catalogó a los fuegos en Amazonas de “crisis internacional” e incluyó el tema en la agenda del G7 de este fin de semana. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, dijo que “En medio de la crisis climática mundial, no podemos permitirnos más daño a una gran fuente de oxígeno y biodiversidad. La Amazonia debe ser protegida”. Macron dijo además que, de no resolverse el fuego en Amazona, peligran los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea.

Bolsonaro, fiel a su estilo fascista, respondió: “¿Quieren que culpe a los indígenas? ¿Quieren que culpe a los marcianos? Todo el mundo es sospechoso, pero los principales sospechosos son las ONG. Es una indicación muy fuerte de que esas organizaciones han perdido sus beneficios. Es simple”.

Pero la bronca ante semejantes declaraciones, unió a cientos de organizaciones de un amplio arco que salió con todo a responder al presidente brasileño. “Es una declaración absolutamente frívola e irresponsable que tiene un objetivo muy claro: desviar la atención de lo que realmente importa a la hora de tomar medidas que reduzcan la deforestación”, expresó Raúl do Valle, director de Justicia Socio-ambiental de WWF Brasil.

Al mismo tiempo, en varios países organizaciones civiles, partidos políticos, ecologistas, movimientos antiganadería, el viernes 23 se movilizaron en distintas embajadas con la consigna “todos por el Amazonas”, denunciando a Bolsonaro y su política de explotación y desprotección ambiental. Hubo movilizaciones en el propio Brasil, en Francia, donde se llevaba a cabo el G7, en España, en Uruguay. En Sydney, Australia, donde hay una gran comunidad brasileña, se organizaron marchas. En Buenos Aires, movimientos ecologistas, indigenistas, y partidos políticos como el PCR y su Juventud se movilizaron hacia la Embajada de Brasil.

 

Hoy N° 1780 28/08/2019