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14 de enero de 2015

Europa: desocupación, racismo, fascismo, guerras imperialistas y desarrollo de una guerra nacional en su interior. 

El atentado a Charlie Hebdo

Por la unidad del pueblo francés con las culturas oprimidas

El miércoles 7 de enero fue una mañana de sangre en París. Dos o tres enmascarados, al grito de “Allahu Akbar” (Ala es el más Grande) ejecutaron a doce personas en la revista satírica Charlie Hebdo, publicación que estaba siendo señalada desde 2005, pues había reproducido caricaturas del profeta Mahoma.

El miércoles 7 de enero fue una mañana de sangre en París. Dos o tres enmascarados, al grito de “Allahu Akbar” (Ala es el más Grande) ejecutaron a doce personas en la revista satírica Charlie Hebdo, publicación que estaba siendo señalada desde 2005, pues había reproducido caricaturas del profeta Mahoma.
Los partidos de las burguesías proimperialistas aprovechan este repudiable atentado para reclamar una ilusoria “unidad nacional”, que por supuesto tenga distanciado al Frente Nacional, partido chovinista, capitalista, con contenidos racistas y fascistas, y que aparece como candidato para ganar las elecciones próximas. Solo una alianza del PS de Hollande y los conservadores de Sarkozy podrían detenerlos. Estos partidos de la burguesía llamaron a manifestar este domingo (11/01) en nombre de esta “unidad nacional” y en “defensa de la República”, a sabiendas de que no existe ninguna unidad en el país: unos son explotadores e imperialistas, y otros, la gran mayoría, explotados.
Hubo el mismo miércoles por la tarde manifestaciones espontáneas en varias ciudades de Francia, principalmente en París, en solidaridad con la publicación Charlie Hebdo y en repudio por el crimen. En ellas no participaron ni los árabes magrebinos ni los africanos (numerosos en las periferias de París) salvo excepciones.
 
Seis millones de musulmanes en Francia
Una nueva situación se ha producido en Europa. “Nueva” de las últimas décadas, pues aparece como una consecuencia de la gran inmigración a Europa desde países del Medio Oriente y el Magreb. Se llama Magreb la zona del norte de África que incluye Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, Sahara Occidental y Libia. Esta inmigración tiene comienzo desde la época colonial, pero se desarrolla exponencialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Inmigraciones fomentadas por las potencias imperialistas con el fin de atraer mano de obra barata y de fácil explotación. 
Así en Francia hoy hay más de 6 millones de musulmanes, oriundos de esos países de emigración. Además hay que contar los que se encuentran en Bélgica, España, Holanda, los más de dos millones de turcos y kurdos en Alemania –también de confesión y tradición mayoritaria musulmana–, y hasta los casi dos millones de pakistaníes en el Reino Unido. Como era de esperar, estos nuevos pobladores de Europa tienen una categoría de ciudadanos de segunda clase, pese a que las “avanzadas” leyes burguesas proclaman la igualdad.
Desde la invasión del socialimperialismo ruso a Afganistán, pasando por el reemplazo de dicha invasión por los yanquis y sus aliados europeos, continuando por la invasión de Irak por los mismos, la desintegración de Yugoslavia, y la intervención en Libia, siempre, los mismos imperialistas actúan autodefiniéndose como grandes defensores de la democracia y la libertad. También ha sido así en las intervenciones en las luchas populares de los pueblos árabes, que comienzan con la llamada “primavera árabe” y que finalizan con las traiciones a esas luchas por los mismos Estados intervinientes, con ayuda de las burguesías intermediarias locales, como en Túnez y Egipto. Esto se repite en las disputas por Siria y las otras zonas petroleras de Medio Oriente, y en el apoyo a los criminales israelíes que llevan más de 60 años asesinando palestinos. En sus nuevas intervenciones en África (Malí, Níger, Chad) los franceses son punta de lanza.
Estas guerras de intervención, de pillaje, y de dominación imperialista, ha señalado como enemigos a los pueblos de esos países, y como resulta natural, los inmigrantes en Europa lo sienten así en Francia, país donde las castas elitistas de la educación media y superior controlan las riendas administrativas del Estado, siendo así los capataces bien pagados de la gran burguesía imperialista. 
 
Opresión y rebeldía
La discriminación a los inmigrantes del Magreb y musulmanes en general se realiza desde su infancia. Viven en guetos en las periferias de las grandes ciudades, y son dejados de lado, tanto en educación, en sanidad, como en posibilidades de futuro. Los jóvenes de segunda y hasta tercera generación de inmigrantes, son denominados despectivamente “bougnouls”, término injurioso que se utiliza desde fines del siglo 19 para designar a los esclavos africanos. Las cárceles en Francia están tan llenas de estos jóvenes “bougnouls” como las de Estados Unidos están llenas de negros, a pesar de que, aún numerosos, en ambos casos constituyen minorías en la población de dichos países.
Es así como las rebeliones de las periferias, los ataques a escuelas, juzgados y comisarias, incendios de automóviles, por parte de jóvenes de estas “minorías”, se suceden indefectiblemente año tras año; a estos jóvenes el presidente Sarkozy, durante su mandato entre 2007-2012, proclamó que había que “karcherizarlos” haciendo referencia a esas bombas de presión utilizadas para la limpieza en profundidad.
Así se ha creado una nación dentro de la nación, con una cultura diferente, que vive un sentimiento de opresión constante, y que conserva muchas de sus tradiciones, religión incluida, de sus países de origen, países todos ellos semifeudales y semicoloniales, ahora golpeados como nunca por el imperialismo yanqui, chino, los europeos y el ruso.
Con todo este contexto no faltan los que ven la lucha de los movimientos islamistas como una puerta de salida de sus guetos de opresión, en las periferias de estas ciudades. Así llegamos a que jóvenes de entre 15 y 30 años, la mayoría sin trabajo, y con estadías en prisiones, por narcotráfico y otros delitos como robos, riñas etc., son ganados por diversos movimientos islámicos; y algunos de ellos se convierten en “criminales de Dios” de los grupos fundamentalistas. 
Muchos de estos jóvenes buscan en estos movimientos, antes que una postura religiosa radical, una manera de luchar contra los invasores imperialistas, y ante la traición del revisionismo a la lucha de las naciones y pueblos oprimidos, se vuelcan a organizaciones fundamentalistas reaccionarias, en cuyas direcciones participan sectores feudales, con vínculos con uno u otro imperialismo. Tal el caso de Al Qaeda, en sus orígenes armada y entrenada por la CIA y financiada por la monarquía feudal de Arabia Saudita; o como el Ejército Islámico, financiado de inicio por Qatar y luego también por sectores de Arabia Saudita, y ahora embarcado en el negocio petrolero. Esto lleva a acciones terroristas que, en muchos casos, ponen como blanco a personas que no tienen responsabilidad directa en los crímenes imperialistas de su Estado, y que en ocasiones tiene que ver con el complejo tablero de la disputa interimperialista.
 
El Estado francés oprime a las cuturas afincadas en su país
Por otro lado, los partidos como el P“C” francés –otrora con gran seguimiento en la clase obrera y con una historia de luchas y triunfos– es hoy y después de varias décadas un partido más de la alianza imperialista. Ya desde los años 30 algunos de sus dirigentes apoyaban las intervenciones colonialistas del Estado francés en el Magreb e Indochina. Hoy ante estos hechos de París se ponen a la cola de los partidos en el poder, de la misma forma que partidos trotsquistas como el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) que no es nuevo ni anticapitalista, o Lutte Ouvriere (Lucha Obrera), también de orientación trotsquista. Consecuentes en su línea contrarrevolucionaria, se inscriben en un tipo de denuncia que tiene ecos de la “defensa de la República y las libertades de prensa” que hacen los partidos de la gran burguesía. No es para menos, pues estos partidos trotsquistas basan su accionar, y priorizan su actividad, en su participación en el parlamento burgués.
Las masas obreras no aparecen en este debate por lo menos en los medios, que están saturados por la propaganda del Estado en defensa de lo que ellos llaman “La república y la libertad de opinión”, dejando a toda la población de inmigrantes magrebinos, y a sus descendientes fuera de esta república, e impulsando una división que en el interior del país –así como en otros países de Europa– se va convirtiendo en lucha de clases, con la característica de que se trata de poblaciones que viven en un territorio común (sus guetos), que tienen conciencia de una historia, una cultura, y una religión común, y son explotados y discriminados por un mismo enemigo: el Estado imperialista francés. He aquí como esta lucha de clases se desarrolla con características de lucha entre naciones, en el interior mismo del país.
En Europa y particularmente en Francia, se debe transitar un camino de unidad de la clase obrera y el pueblo contra el Estado imperialista, contra las guerras de dominación hacia otros pueblos que implican necesariamente la opresión y dominación de otras culturas afincadas en el país, culturas que sufren además de la explotación capitalista, el racismo y el fascismo. A todo ello debe oponerse una política obrera y popular, revolucionaria, que termine con este Estado imperialista, que al tiempo que habla de igualdad y fraternidad deja sin recursos a casi 10 millones de desocupados y marginados, y donde aquellos surgidos de la inmigración magrebina resultan los más oprimidos.