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10 de enero de 2018

El Gobierno cambió las metas de la inflación

Como venía perdiendo por goleada, corrió el arco

Al día siguiente de lograr la aprobación en el Senado del presupuesto 2018 y la reforma tributaria, el jueves 28 de diciembre el gobierno de Macri anunció el cambio de las metas de inflación de 2018 a 2020, del 10 al 15% en el primer año.

Al día siguiente de lograr la aprobación en el Senado del presupuesto 2018 y la reforma tributaria, el jueves 28 de diciembre el gobierno de Macri anunció el cambio de las metas de inflación de 2018 a 2020, del 10 al 15% en el primer año.
Tras dos años sin poder cumplir con las metas de inflación, el gobierno decidió “recalibrar”, según palabras del jefe de Gabinete, Marcos Peña, las estimaciones para los próximos años. En 2016 había estimado la inflación en un 25% y terminó resultando casi 41%. Y del 17% que estimó para 2017, ha terminado superando el 24%.
Con toda la pompa del caso, el presidente Macri logró reunir por primera vez en una conferencia de prensa en la Casa Rosada, junto a Peña, a sus principales espadas económicas: el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, y los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne; y de Finanzas, Luis Caputo.
Las metas de inflación fueron una zanahoria inalcanzable durante los dos años que lleva Mauricio Macri en el gobierno. Ya hubo 23 puntos de diferencia entre los pronósticos y la realidad en los primeros dos años de gestión de Cambiemos.
En 2016, con Alfonso Prat-Gay en el Ministerio de Hacienda, la estimación que se había autoimpuesto el gobierno era cerrar el año con una suba del 25% en los precios. Tanto Macri como el ministro hablaban de una banda de “20 a 25 puntos”. Y decían que, pese a la devaluación del 40% del dólar tras la salida del cepo, muchos de los ajustes ya se habían hecho durante el fin del mandato K. Pero eso nunca sucedió: la inflación del primer año de mandato cerró en 40,9%, el nivel más alto en 14 años.
Pese a ello, durante el año 2017, al menos hasta las elecciones de octubre, se sostuvo que la inflación sería del 17%, cuando ya era evidente que se superaría el 24%. Ahora Dujovne para justificar el atropello a la autonomía del Banco Central, tan caro a los economistas liberales, afirmó: “Necesitamos que las metas sean creíbles para que las políticas del Banco Central sean creíbles”. Y pretendió justificar los desvíos diciendo que los rangos de 2016 fueron hechos “con poca visibilidad de lo que vendría después”. Recién se dan cuenta después de dos años, ¿no pudieron verlo antes? ¿Error o improvisación?
Como si no hubieran sido gobierno durante estos dos años, Marcos Peña insistió con el libreto de Durán Barba: “La inflación alta en la Argentina existió por decisión del gobierno anterior”. Y, ¿quién estuvo en el gobierno en estos ya más de dos años? Se olvidó del golpe devaluatorio con que se inició la gestión macrista y el posterior alocado endeudamiento y su sostenimiento con tasas de interés leoninas, que nos hacen pagar con la mayor inflación.
Ahora dicen que mover la meta inflacionaria no va a causar ningún efecto pues era algo que estaría previsto por el mercado, como decía Prat Gay en 2016 respecto de la devaluación de diciembre de 2015. El efecto inmediato ha sido una devaluación del 10%. Para Dujovne: “Tenemos que acostumbrarnos a que tenemos un tipo de cambio flotante y dejar de hablar de corrida cuando se mueve un 10 por ciento”. Pero, de hecho, llegamos a un dólar en torno a 19,3 pesos a fines de 2017, que es el valor estimado para todo el año en el Presupuesto 2018.
También cambiar la meta implica cambiar previsiones sobre las expectativas inflacionarias. Si bien el cambio de la meta del 10 al 15% es más acorde con la inflación del 15,7% estimada para el Presupuesto 2018, ahora hay que considerar el impacto inflacionario de la devaluación y su incidencia en salarios y las cuotas de los préstamos indexados.
Si antes con la meta del 10% de inflación, el gobierno pensaba acotar las paritarias a una pauta del 16%, con cláusula gatillo si la inflación la superaba –como algún sindicalista se apresuró a aceptar–, ahora el reclamo no puede bajar del 22% con cláusula gatillo, dado el cambio de las expectativas inflacionarias. ¿O no es “el mercado” el que manda para este gobierno? Por eso el movimiento obrero debe prepararse para la dura pelea que se abrirá con las paritarias en 2018, sin bajar la guardia frente a la pretendida insistencia en lograr la llamada reforma laboral e imponer la flexibilización en los convenios gremio por gremio.