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06 de julio de 2011

Reproducimos esta nota publicada en la revista Chispa Nº 257, de la JCR, de abril de 2011el personaje de oesterheld

El Nestornauta

Hoy 1376 > La historia de una Kareta

Una imagen extraña recorre las campañas publicitarias del kirchnerismo: la de Néstor devenido en personaje de la cultura popular, la de Néstor-héroe (nada más alejado del mensaje de la historieta) que, bajo el disfraz de Eternauta, regresa del más allá a eternizarse en el poder por medio de su único legado en la tierra, Cristina. Sin embargo, para quienes leyeron y disfrutaron de la más importante historieta argentina de ciencia ficción, el verso no cierra, las imágenes no encajan.

Una imagen extraña recorre las campañas publicitarias del kirchnerismo: la de Néstor devenido en personaje de la cultura popular, la de Néstor-héroe (nada más alejado del mensaje de la historieta) que, bajo el disfraz de Eternauta, regresa del más allá a eternizarse en el poder por medio de su único legado en la tierra, Cristina. Sin embargo, para quienes leyeron y disfrutaron de la más importante historieta argentina de ciencia ficción, el verso no cierra, las imágenes no encajan.

 

El Eternauta
Transcurrían los primeros años de la dictadura militar que derrocara al primer gobierno peronista y Germán Oesterheld (un geólogo con oficio de historietista) daba vida, junto al dibujante Solano López, a la más heroica de las epopeyas argentinas. En ella, el mundo era invadido por extraterrestres (“los ellos”) y la ciudad de Buenos Aires se convertía en uno de los epicentros de la resistencia. Sobrepasadas las fuerzas militares nacionales en una guerra asimétrica, sólo cabía una esperanza: la liberación nacional protagonizada por el pueblo en armas. En la historia de Oesterheld no hay lugar para los héroes individuales y sólo la valentía de un pueblo unido puede derrotar a un enemigo tan poderoso. Es así que Juan Salvo (dueño de una pequeña fábrica de transformadores) protagoniza junto a obreros, profesionales, jóvenes y soldados, la resistencia a la ocupación de las fuerzas comandadas por los “ellos”, una especie de raza superior. Esta suerte de ser supremo e invisible muestra su poderío por medio del accionar de sus lugartenientes (los “manos”, seres humanoides con múltiples dedos) quienes dirigen, a su vez, al resto de especies sojuzgadas y utilizadas como carne de cañón (Gurbos y Cascarudos).
Este es, sintéticamente, el argumento principal de la alegórica historia de ciencia ficción creada por quien fuera uno de los 30.000 desaparecidos de la dictadura de 1976. A la vez que se muestra el heroísmo y solidaridad de un pueblo, también se evidencian sus peores bajezas, el colaboracionismo derrotista, la cobardía, el “sálvese quien pueda”. Los humanos son masacrados con armas poderosas, pero también con la manipulación de sus propias mentes, dando lugar a la psicosis y el aniquilamiento entre hermanos.

 

¿Qué tendrá que ver con K?
El kirchnerismo, que ha hecho de los derechos humanos una consigna electoral, utiliza la imagen del Eternauta (escrita por un peronista desaparecido), una figura de la cultura popular argentina. Para ello, aprovecha la incorporación de la historieta al conjunto de obras literarias sugeridas en los programas curriculares de la escuela media. Así, se aseguran el impacto en los jóvenes.
Pero, ¿en qué aspecto de esta historia cree poder identificarse el Kirchnerismo? Tal vez quiera hacernos creer que tener un patrimonio de decenas de millones de pesos producto de la corrupción estatal equivale a tener una fábrica de transformadores (como Juan Salvo, el protagonista de El Eternauta). O que los brillantes aportes del físico Favalli (otro de los personajes) a la resistencia pueden compararse con los falsos argumentos de los intelectuales de Carta Abierta. O, peor aún, tal vez intente usurpar, con la figura de Moyano, el puesto del joven Franco, el heroico obrero fundidor, quien ocupa en numerosas ocasiones el centro de la escena por su indiscutible coraje. Pero la valentía con la que se juega la vida el joven obrero no encaja ni con Néstor, ni con Moyano, ni con ningún miembro del gobierno. Está más cerca quizás de Mariano Ferreyra, un nombre que no se escucha en los pasillos de la Rosada ni en los medios “independientes” de la era K.
El principal legado de Oesterheld fue su genialidad y su entrega militante. Usando su memoria, la Cámpora intenta reforzar el balance que se hizo cuando murió Néstor: inventarlo como un “militante”, como si la militancia fuera un disfraz con el que pueden salir a escena. Pero, mientras Germán Oesterheld moría al igual que sus hijas en la lucha antidictatorial, Néstor hacía una fortuna en Santa Cruz, soñando quizás con convertirse alguna vez en presidente por varios períodos.
Tal vez esa sea la idea de fondo, la de convertirse en mito, en una leyenda, en un recuerdo popular que, vaciado de contenido, viaje a través del tiempo como el Eternauta. Pero eso tampoco va a ser posible, Oesterheld existió y su historieta también, los K sólo tienen la careta que caerá, más tarde o más temprano, bajo la realidad de la Argentina que vivimos. Quienes todo lo corrompen, hacen sus esfuerzos por presentarnos un heroico Néstor travestido en Eternauta. Pero, más desvencijado que jovial, más egoísta que heroico y sobre todo, más mentiroso y corrupto que valiente y honesto, la deformación caricaturesca de Nestornauta sólo persigue la confusión, sólo es una máscara, un disfraz, una careta.