Este 2026 se cumplen 50 años desde que comenzara la dictadura genocida el 24 de marzo de 1976. Hemos publicado en estas páginas la posición política de nuestro PCR, primero denunciando el golpe, y luego la lucha antidictatorial.
Como dijo nuestro secretario general fallecido el año pasado, Jacinto Roldán, en esos tiempos secretario del zonal de La Plata, Berisso y Ensenada “Tuvimos razón cuando señalamos que no había nada peor que el golpe de Estado que se preparaba. Esa posición y esa denuncia permitieron que una parte de las masas estuviera en condiciones de dar un paso atrás, cavando trincheras para organizar la resistencia contra la dictadura” (Así luchamos contra el golpe, charla de Jacinto Roldán en la Facultad de Humanidades de La Plata, 1998).
En esta lucha tuvimos mártires que son nuestro ejemplo y bandera en la lucha revolucionaria, a los cuales nunca vamos a olvidar. También tuvimos camaradas del Partido y la Juventud presos, torturados brutalmente, y exiliados. Nos consta la actitud heroica de muchas y muchos camaradas detenidos desaparecidos, que con su silencio derrotaron a la tortura y salvaron muchas vidas y bienes del Partido.
En las cárceles, la absoluta mayoría de nuestras y nuestros presos tuvieron una actitud ejemplar frente al enemigo de clase, y solidaria hacia el resto de los detenidos. Manteniendo sus convicciones revolucionarias, renunciaron a la opción de salir del país, y siguieron la batalla desde adentro de las cárceles. La mayoría, luego de ser liberados, retomaron su militancia en nuestras filas.
Recordamos estos hechos, porque la mayoría de la población de nuestro país no vivió los años del terror fascista, y hoy tenemos un gobierno que pretende negar los crímenes de la dictadura, que desmantela las políticas públicas de memoria, verdad y justicia, y que además quiere sacar de las cárceles a los genocidas presos.
Nuestro Partido, a partir de la resolución de su Comité Central en noviembre de 1974 en la que denunció el golpe que se venía, llevó esta posición política a las masas, y se preparó. Como dijera muchas veces nuestro camarada Otto Vargas, primer secretario general del PCR, pese a que nos preparamos, sufrimos, como el conjunto de la clase obrera y el pueblo, una represión brutal, y nos podaron muchas ramas, dejando el tronco pelado.
Tuvimos dirigentes obreros y estudiantiles secuestrados y asesinados por las bandas golpistas, y también presos en el gobierno de Isabel Perón.
En ese período, entre noviembre de 1974 y marzo de 1976, el Comité Central del Partido fue tomando medidas para resguardar las vidas de las y los camaradas, y preparó al Partido para la lucha en condiciones de clandestinidad.
Muchas y muchos camaradas, meses antes del golpe de Estado, pese a vivir ya en condiciones de clandestinidad, se mudaron a otras casas. Esto continuó durante la dictadura, incluso obligando a muchas familias a vivir separadas en determinados períodos de tiempo.
Cómo se garantizó la edición de Nueva Hora
La dirección del Partido preparó cómo garantizar la edición de nuestro periódico Nueva Hora en las condiciones de clandestinidad. Se dispuso así tanto la redacción del periódico, su impresión de forma clandestina, así como su distribución y cobro en todo el país.
Contaba Rosa Nassif, responsable de Propaganda y miembro del Comité Central de nuestro Partido en una nota que publicamos el año pasado (hoy 2057): “Ya en 1974 comenzaron los asesinatos de camaradas del Partido. Ahí resolvimos, sin ceder en la legalidad, tomar precauciones especiales, al sacar el periódico de Cogtal, la cooperativa donde se imprimía el diario en forma legal. Ahí empezamos los preparativos para lo que vendría después, sabiendo lo que era el Estado y las bandas golpistas…
“Cuando se produjo el golpe, fuimos a Cogtal, donde teníamos muy buena relación con la cooperativa, les pagamos lo que debíamos de la cuenta corriente, y les pedimos los clichés, que eran las placas de plomo con las que se imprimía en esos años. Esos clichés jugaron un papel muy importante en el caso del secuestro de Manuel Guerra, Quebracho, para certificar en qué centro clandestino había estado.
“En Cogtal nos dieron los clichés, y nos desearon suerte. Con ellos sacamos el periódico en la imprenta clandestina que tenía el Partido, durante toda la dictadura. Era la imprenta que teníamos desde nuestra fundación, mejorada. Eso nos permitió sacar, el mismo día del golpe, una declaración del Partido.
“No teníamos organizada la distribución clandestina, pero sabíamos que tenía que cambiar todo lo que veníamos haciendo. Como parte de la preparación, veníamos discutiendo con las zonas del Partido cómo hacer esta distribución. Lo primero era tener una dirección y un nombre a quién enviar los paquetes. Si bien sabíamos que lo que venía iba a ser dura, porque estuvimos más de un año bajo fuego del enemigo con compañeras y compañeros caídos en la lucha contra el golpe, no teníamos dimensión de lo que fue la dictadura, en los inicios”.
Sobre esta tarea heroica hay decenas de anécdotas de camaradas que se jugaron la vida cotidianamente. Había que garantizar, en esos tiempos cuando las comunicaciones no tenían las condiciones actuales, la llegada de las notas al periódico, en primer lugar. “Yo era el enlace entre la redacción y la imprenta clandestina. Iba a buscar el periódico escrito a máquina a la casa de un compañero y se lo entregaba a una compañera que tenía contacto directo con la impresión. Las citas solían ser en una iglesia, durante misa, o en el sector de juegos de una plaza, porque ella tenía dos hijos pequeños y eso servía como cobertura”, recuerda una compañera.
Otro sistema era el que quincenalmente aseguraba la llegada del diario a los zonales. Sobre esto se podría contar mucho, y lo haremos en sucesivas notas. Desde cómo se escondían los periódicos en paquetes de cigarrillos, yerba, etc., hasta cómo se jugaban la vida las y los camaradas en los zonales eludiendo controles militares y policiales de las maneras más diversas. A esto se sumaban las reuniones clandestinas para el cobro del periódico.
El funcionamiento del Partido bajo el fascismo
El Comité Central dio la pelea para que el conjunto de las direcciones zonales y los organismos mantuvieran sus reuniones y ligazón con las masas, en medio de la más bestial represión fascista.
Las y los camaradas que tuvieron tareas garantizando el funcionamiento del Comité Central cuentan cómo se hacía para garantizar las citas previas, las entradas al lugar de reunión sin que las y los camaradas supieran a dónde iban, y el propio funcionamiento.
Años en los que muchas y muchos fuimos educados para llegar con puntualidad a las citas, con el ejemplo de las y los comunistas en la Alemania nazi, de los que se contaba que, si una persona no venía al lugar de la cita tras cinco minutos, se iba a la reunión y se hacía un minuto de silencio por la o él camarada caído, ya que se partía de que era la única posibilidad por la que había fallado a la cita.
Una persona, que trabajaba en el funcionamiento del Comité Central, contaba que “Evitábamos en lo posible los bares, porque ahí hacían operativos: caían la policía y el ejército, pero si había que usarlos, acordábamos una coartada: ‘nos conocemos de tal lugar’, por ejemplo. Y si pasaba algo, nos decíamos rápidamente nuestros nombres, al minuto de encontrarnos. Por teléfono o en las notas usábamos claves previamente acordadas. Para una cita decíamos ‘el jueves de la semana que viene’, pero en realidad era dos días antes. Siempre se decía después, para no exponerse. Usábamos solo teléfonos públicos: cabinas o locutorios.
“Las entradas a las reuniones se organizaban de manera muy espaciada y de a uno. Se hacían en casas o departamentos. No eran reuniones numerosas, pero igual había que cuidar todo. Para que no supieran adónde iban, los compañeros caminaban mirando para abajo. El día anterior, cada compañero del Central dormía en una casa asignada y no en la propia: si caía uno, caía una sola casa. Para citar a compañeros del interior se hacía personalmente: viajábamos para citarlos. Y si no nos conocíamos, también usábamos claves”.
Seguiremos desarrollando en notas posteriores ejemplos y testimonios de “por qué resistimos” a la dictadura, como le contestaba Otto Vargas en “¿Ha muerto el comunismo?” a Jorge Brega: “Resistimos porque tuvimos una línea justa, entiendo, y nos esforzamos por practicar una línea de masas, aun en las peores condiciones de represión y con el heroísmo de nuestros cuadros forjados en la lucha revolucionaria y en el marxismo-leninismo-maoísmo”.
hoy N° 2094 28/01/2026
