En la recorrida, Orellano, miembro del Comité Central del PCR y las compañeras y compañeros que nos acompañaban fueron contando sobre el funcionamiento de las empresas y la magnitud del saqueo.
A lo largo de pocos kilómetros, pudimos ver algunos de los gigantescos monopolios agroexportadores, como Viterra, Dreyfus, Cofco, AGD, Glencore, Cargill, ADM, Bunge, Vicentin, entre otras, junto a termoeléctricas, petroquímicas y refinerías, de EEUU, Italia, Gran Bretaña, Suiza, China, Francia, Bélgica, entre otras potencias.
Entre los grandes barcos con banderas de China, Panamá, Liberia, Paraguay o Malta y las barcazas que bajan por el Paraná hasta las terminales, Luciano comienza diciéndonos que hay una historia que viene desde la colonización en la disputa por el agua, y desde ahí los territorios. Y que esto se puede ver a lo largo de nuestra historia. «La aduana, el río, el territorio y la moneda. ¿Cómo voy a explicar la guerra civil y la del Paraguay por fuera de eso? Si no controlás el agua, no controlás el territorio».
Orellano ubica esta disputa como parte inherente a la Argentina, que tiene el 63% de su territorio vinculado al agua y es un país bicontinental. “Por eso Malvinas no es un capricho: es control oceánico” y agrega que “El Paraná no es un río de los estados ribereños. Es un río internacional. Eso significa que el Estado argentino no tiene ni siquiera poder de policía sobre los barcos que lo navegan”.
La cuenca y la disputa mundial por los alimentos
Luciano ubica el saqueo en la Cuenca del Plata en la disputa entre las grandes potencias imperialistas. Sobre China, plantea que su principal “debilidad estratégica” es el “déficit energético y alimentario” y ejemplifica “Lo que Ormuz es para el petróleo, la Cuenca del Plata lo es para las proteínas”, y que además ha crecido la exportación del mineral de hierro. El socialimperialismo chino busca cambiar la dependencia de la importación de alimentos desde EEUU, que se estima en 60 mil millones de dólares anuales, y en eso enmarca los avances de China en nuestro país y en Brasil.
Destaca que “El corredor exportador que va desde el Gran Rosario hasta Bahía Blanca mueve entre 75 y 80 millones de toneladas de alimentos por año”, que compite con el puerto de Nueva Orleans -la salida del Misisipi, “la gran arteria exportadora de Estados Unidos. Quien los controla puede dejar sin comer a continentes enteros”.
«Los chinos no tienen ningún interés en que nosotros entremos en conflicto. Buscan la neutralidad. Y al mismo tiempo trabajan para reducir esa dependencia a largo plazo: batieron récords de producción de maíz”.
Por el Paraná circula la tercera flota fluvial más importante del mundo. El sistema de barcaza y empuje es el más barato del planeta y el más ecológico. El Paraná corre entre 4 y 6 kilómetros por hora según la altura. El Paraguay un poco menos. Hay unas 3.000 o 4.000 barcazas operando en la cuenca. Paraguay tiene 42 puertos. Han desarrollado astilleros con capital japonés, alemán. La llamada «flota paraguaya» es un paraíso fiscal donde están registradas las navieras del mundo entero. Por el río bajan 5 o 6 millones de toneladas de poroto de soja desde el Paraguay -sobre las 11 que produce ese país, sin contar el contrabando-, y también bajan unos 7 millones de toneladas de mineral de hierro que van a Somisa, a Siderar, al puerto de Palmira. Por el río también sube todo: productos industriales, fertilizantes, urea. Paraguay es estructuralmente dependiente del trigo argentino y de la energía.
“Pero lo más importante, lo que menos se ve desde afuera, es lo que pasa en los puertos del Gran Rosario. Lo que hay ahí no son puertos en el sentido convencional: son puertos-fábrica. La barcaza llega cargada, descarga, el puerto procesa: hace aceite, harina de soja, biocombustible. Y de ahí el producto elaborado sube al barco ultramarino y se exporta.
“Argentina produce 150 millones de toneladas de granos. Le vende al mundo 113 millones de toneladas. Y no tiene ni una sola empresa testigo del Estado en los puertos. Los puertos son en algunos casos de propiedad pública -como en la provincia de Buenos Aires-pero todos están operados por privados extranjeros. El Estado depende de las declaraciones juradas de las multinacionales para saber cuánto y a qué precio se exporta. No hay manera de verificar nada”.
Y agrega Luciano que “Por eso no quieren que tengamos flota ni barcos. Si no controlás los barcos, no controlás el comercio. No sabés qué te roban ni cómo. Y te saquean de ida y de vuelta. Con lo que exportan -porque fijan ellos el precio, las condiciones, los volúmenes- y con lo que importan: los fertilizantes, la urea, los insumos industriales sin los cuales no podría producirse”.
Además “Usan el agua del río para producir vapor, ese vapor disuelve el poroto de soja para extraer el aceite, y ese mismo vapor después genera energía eléctrica. No es un detalle: es la columna vertebral de una parte decisiva del sistema energético nacional. En esa zona están Pampa Energía, las centrales termoeléctricas conectadas al sistema interconectado, la destilería de San Lorenzo, Shell, los grandes importadores de urea sin los cuales no podría sembrarse la pampa húmeda. “Esto es un centro energético. Que nosotros no lo tenemos ni estudiado”.
El dragado: encajonar el río y quedarse con la tierra
Sobre el plan de dragado que impulsa el gobierno, Orellano afirma que es parte del control de la tierra y del territorio. El plan concreto es encajonar el río, secar los humedales y quedarse con la propiedad de 3 o 4 millones de hectáreas vinculadas a las islas del delta. “La escala es de otro mundo: dragar entre 100 y 150 metros de ancho, a 3 metros de profundidad, a lo largo de 500 kilómetros -porque cuando llega al delta el río se divide en tres brazos, el Guazú, el Bravo y Las Palmas, que van hacia el río Uruguay y el litoral, y eso suma 500 kilómetros de encajonamiento-. El total es 123 millones de metros cúbicos de tierra extraída”.
Para ver las consecuencias, Luciano dice que hay que ver lo que ocurrió en el norte de Santa Fe: “hicieron un canal de 200 kilómetros en la cuenca del Salado, en los Bajos Submeridionales y eso lo que hace es secar el humedal. Eso es exactamente lo que va a pasar aquí, pero a escala que afecta al 50% de la provincia de Santa Fe en materia de agua, con consecuencias nacionales”.
Además, Orellano dice que otro negociado producto del dragado son los millones de toneladas de sedimentos que se van a extraer: “El río Marrón ya trae 160 millones de toneladas de barro por año que fabrican islas y territorio. Si a eso le sumás lo que van a sacar con la profundización, tenés material para fabricar varias islas artificiales”, comentando que están reflotando un viejo proyecto de tiempos del menemismo, de construir una isla artificial frente a Buenos Aires.
El rol de las y los trabajadores
Orellano parte de decir que “nos falta conocer en profundidad la dimensión obrera en este complejo. Es un sistema distinto al de la concentración en una fábrica como el Swift o la Ford. En una planta automotriz o en un frigorífico, miles de trabajadores entran a las seis de la mañana, paran la producción y la empresa siente el golpe de inmediato. Acá la lógica es otra: el noventa y nueve por ciento de estos lugares depende de la logística. Y la logística está repartida”.
Son 23 gremios distintos. El sereno, el que ata el barco, el remolcador, el ferroviario, el camionero, el aceitero, el capitán, los operadores satelitales, el tractorista de río, etc. Es un sistema que para funcionar depende de que llegue el combustible, de la barcaza, del barco, del tren, del camión, del satélite, depende de mil cosas. “Un eslabón que falle, se para la cadena».
Y Orellano da el ejemplo de un paro de aceiteros que paró 250 buques y movió los precios en la bolsa de Chicago. “Eso es lo que significa tener la llave de este sistema”.
Finalmente, mientras volvemos de la recorrida por el Paraná, Luciano reflexiona «La primera condición para ser marxista es conocer la realidad. Y este centro de poder alimentario, energético, logístico, estratégico, está operando a la vista de todos y sin embargo es casi desconocido para la militancia revolucionaria. Por eso, conocerlo es la tarea para “completar una estrategia, una línea, que comprenda la importancia del río, del agua, de los puertos y del territorio”.
hoy N° 2109 20/05/2026

