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14 de agosto de 2019

Crónicas proletarias 355

Fábricas en la década de 1920 (7)

Un debate particular que se dio en las distintas corrientes sindicales que buscaban desarrollar su influencia en las fábricas y lugares de trabajo, fue la distinta concepción de los consejos de fábrica o comisiones internas, y su vinculación o diferencia con los soviets que se multiplicaron en la Rusia revolucionaria, y que los comunistas impulsaban a través de la Tercera Internacional, y de la Sindical Roja.

Un sector del anarquismo porteño, que editaba la revista mensual Vía Libre, que dirigía Santiago Locascio, hizo suya las consideraciones del Congreso Anarquista de Bolonia, Italia, de 1920, entre cuyas resoluciones planteó que “si se apoyaba la formación de Consejos de Fábrica, también se aconsejaba ‘no dar algún valor revolucionario a una probable constitución de los Soviets, según la forma del régimen burgués’, pero aclaraba que ‘cuando [los soviets] se formen durante las tentativas de insurrección y de revolución es un deber para los anarquistas penetrar en esos organismos para mantener su carácter inicial, autónomo, descentralizado y federalista e impedir que lleguen a transformarse en organismos políticos, autoritarios y estatales, sobreponiéndose a las funciones productivas y creando nuevas jerarquías sociales destinadas a preparar una nueva dominación de clase” (ver Roberto Pittaluga, Soviets en Buenos Aires).

Si bien el Partido Comunista declaraba su acuerdo con los consejos de fábrica, y con su orientación “sovietista”, como se plantea en las páginas de su periódico La Internacional, no siempre fue consecuente en llevar esto a la práctica. Otto Vargas, en su análisis del PC en las grandes huelgas de la Patagonia a comienzos de la década de 1920 en el tomo 2 de su obra El marxismo y la revolución argentina, afirma que “Tal como había acontecido antes con la llamada Semana Trágica, la dirección del PC no estudió a fondo la experiencia de la huelga de la Patagonia. En ella los obreros organizaron ‘comunas’ que eran verdaderos soviets. Desde el punto de vista insurreccional las enseñanzas de esa lucha son enormes. Años después, en los debates internos, la dirección del PC enfrentaría al izquierdismo ridiculizando aquellas experiencias, presentándolas como fruto de un sectarismo que intentó trasplantar aquí métodos inadecuados —‘sovietistas’—, sin ver que el movimiento de los peones de la Patagonia utilizó formas organizativas que son propias del proletariado internacional, formas que bocetan la dictadura del proletariado y que volverían a aparecer en la Argentina —muchas décadas después, una y otra vez— al tensarse la lucha de clases”.

Hoy N° 1778 14/08/2019