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02 de octubre de 2010

Ciego ante las 300.000 personas reunidas en Rosario, el gobierno redobla la apuesta para desgastar, dividir y aplastar la protesta. Unir la lucha de los de abajo del campo y la ciudad.

Gigantesco banderazo en Rosario

Hoy 1218

1. En Rosario: un gigante de pie
¡Impresionante! Una verdadera marea humana se fue volcando hacia el monumento a la Bandera; desde las calles y avenidas hacia la ribera del Paraná. Más de 300.000 personas. Grupos llegados desde todos los puntos del país, familias enteras de rosarinos, llenaron el inmenso espacio del parque flameando decenas de miles de banderas argentinas. ¡Gigantesco!
Recibido con aplausos y flamear de banderas, el discurso del “Mellizo” De Angeli marcó la cancha. Recorredor de piquetes, De Angeli dijo lo que esa marea humana del acto quería escuchar. Denunció las provocaciones del gobierno, su total falta de voluntad para negociar, y convocó: “Si el lunes no hay soluciones, el martes empiezan las acciones”. El acto estalló en aplausos, agitar de banderas, y se unió en la consigna: “¡Y ya lo ve, para Cristina que lo mira por TV!”
El discurso de Gioino, de Coninagro, fue el más conciliador. Coincidió con Miguens (Sociedad Rural) en reclamarle al gobierno “basta de confrontación”, pero el presidente de la Rural le puso un límite al gobierno: “No hay más margen, nos deben una respuesta y nos la deben ya”. Llambías, de CRA, afirmó: “Nosotros no somos la Unión Democrática, como dice el gobierno; ni el matrimonio de la Casa Rosada son Perón y Evita”. Su discurso puso el acento en la defensa del federalismo.
El presidente de Federación Agraria fue recibido con la consigna: “¡Y pegue, y pegue Buzzi pegue!”. Buzzi valoró la pueblada federal en la que “los chacareros tomaron las cosas en sus manos”. Leyó una carta de una Madre de Plaza de Mayo presente, recordó “la década del 90” que llevó a la quiebra a miles de productores, y cuestionó al gobierno actual con sus aliados como las cerealeras y Urquía y sus proyectos como el “tren bala”, como “un obstáculo” para que el campo y la Argentina avancen. Y concluyó: “Que truene el escarmiento si no resuelven el problema de las retenciones y la política agraria”.
La marea humana en el monumento a la bandera aplaudió, agitó sus banderas azules y blancas, y cantó “Y ya lo ve, para Cristina que lo mira por TV”, cada vez que los oradores castigaron al gobierno, ratificaron el camino de la lucha, y reclamaron la continuidad de la unidad.

2. En Salta: un acto K
El gobierno kirchnerista marchó a Salta con un discurso confrontador. Olvidándose de la fecha patria, ministros y funcionarios descalificaban al acto de Rosario como “un acto de la oposición”. Por eso, el acto, que debía ser nacional, fue programado como la opción kirchnerista polarizada a la concentración de Rosario. Esa falta de estatura política, esa miopía, se reflejó en un acto prácticamente sin banderas argentinas como es tradicional en los actos del 25 de Mayo, reemplazadas por carteles de cuánto gobernador o intendente se subordina a “la caja K”.
El gobierno mostró en Salta su profundo desgaste. Faltaron la mitad de los gobernadores y muchísimos intendentes. Como reveló la prensa en reportajes directos a participantes, se pagó entre cien y doscientos pesos a muchos concurrentes. Pero lo más notable, fue que una parte considerable de los “barones” del PJ achicaron sus “delegaciones” a cien o doscientas personas, “marcando tarjeta” pero sin “jugarse” en la confrontación.
El “pacto del Bicentenario” que Cristina Fernández anunció, si ya venía rengo por la confrontación con el campo, se convirtió en una suma de generalidades de un gobierno débil, mucho más débil después del fracaso de la confrontación numérica que buscó con el acto de Rosario, y cada vez más aislado, con aliados cuya fidelidad está atada a “la caja K”.
La policía, que se supone que debe obedecer el gobernador salteño kirchnerista Urtubey, cantó 40.000 personas para el acto oficialista. La policía santafesina, que se supone que responde al gobernador santafesino Binner, confesó 300.000 personas para el acto en Rosario. Conociendo los lugares, o mirando las fotos, la conclusión es evidente: un total fracaso del gobierno.

3. Por goleada
Chacareros y trabajadores ganaron “por goleada” la confrontación que les impuso el gobierno.
No estuvieron en Rosario ni Elztain (600.000 hectáreas), ni Benetton (1.000.000), ni Grobocopatel (150.000), ni Urquía (200.000), ni las cerealeras imperialistas como Cargill (yanqui) o Bunge y Dreyfus (europeas): todos ellos son socios y amigos del gobierno kirchnerista. Sí hubo sectores terratenientes, sobre todo ganaderos y tamberos, o regionales, empujados por la medida del gobierno de “cortar ancho” en las retenciones, a sumarse a la correntada enorme de chacareros, de trabajadores y de gente de los pueblos y ciudades de provincias hartos de verse saqueados y asqueados de ver a sus intendentes y gobernadores mendigar limosnas en la Casa Rosada. Una parte de esos terratenientes, como Miguens, quisieran negociar si el gobierno les abriera una puerta de escape, pero o no los seduce la oferta “pijotera” del kirchnerismo, o desconfían de un gobierno mentiroso, o temen la respuesta de las masas agrarias sobre sus organizaciones y con ellos mismos, si ceden.
Los 300.000 congregados en el banderazo rosarino hicieron latir a la ciudad con corazón de chacarero o de trabajador rural. Basureados y provocados por el gobierno, fueron a hacer una demostración de fuerzas, y lo consiguieron. Y se llevaron a sus pagos lo que habían venido a escuchar: si no hay respuestas satisfactorias, fortalecidos por el acto, sigue la lucha. Quieren abrirle la mano al gobierno, y están dispuestos a ganar.

4. El tercer round
El “banderazo” rosarino cerró el segundo round de la rebelión agraria con un triunfo chacarero, federal y popular. Había arrancado con la segunda vuelta de cortes de ruta después que el gobierno hizo fracasar las negociaciones. Se profundizó con los tractorazos y escraches que rodearon casas de gobierno provinciales como en Entre Ríos, y numerosas intendencias, poniendo a los funcionarios en la opción de “la caja K” o los pueblos y provincias agrarios.
La rebelión agraria ha paralizado a una parte fundamental de la economía nacional. El comercio y las exportaciones de granos está prácticamente paralizado: hay 87 barcos esperando vacíos en los puertos. Como no hay compras y ventas, no hay plata en los pueblos, la cadena de pagos está rota. La agroindustria está parada. La industria de la alimentación (molinos, las que trabajan con harinas) y la industria de la carne sienten el paro. El peso de la producción agraria, como una mancha de aceite, se va extendiendo hacia muchos otros engranajes de la cadena productiva nacional.
La “caja K” está resentida por el paro agrario. Y el aparato político y social kirchnerista, a esta altura de su desgaste, está indisolublemente atado a “la caja K”, y al futuro político K, cada vez más incierto. También el futuro “económico K” está atado a esa caja. La obsesión kirchnerista, por el “tren bala”, pese al enorme desgaste que le significa, ¿no obedece a que necesita cobrar “las comisiones” de ese gigantesco negociado para saldar las compras de una parte de YPF y de Aerolíneas Argentinas?
Por otra parte, el campo no está solo, como se vio en Rosario. Lo acompaña una parte importante de la ciudad, de trabajadores ocupados, desocupados y jubilados, de estudiantes y capas medias. Pero además, la inflación desbocada, sobre todo de los alimentos, empuja crecientemente al malhumor y la lucha de los de abajo, de los desocupados en los que crece el hambre, de los ocupados, jubilados y capas medias bajas empujadas hacia la pobreza.
Esto es lo que está derrumbando las cifras de la “imagen” presidencial hacia un raquítico 20%.
Jaqueado por la inflación, la rebelión agraria y el desgaste político, el gobierno huye hacia delante redoblando la apuesta a su política: desgastar y dividir al campo hasta “acostarlo”. En una nueva provocación, el gobierno canceló la reunión con las cuatro organizaciones agrarias, argumentando estar ofendidos por "el tono" de los discursos en Rosario. Se abrazaron con los representantes de Bush bancándose el juicio por "la valija" de Antonini Wilson y los enoja que los chacareros le digan una verdad: que son mentirosos. Después el gobierno dijo que iba a hacer anuncios "unilaterales", y Néstor Kirchner convocó al Consejo del PJ para bancar esas medidas. Más tarde se anunció que iba a hablar Cristina Fernández, pero apareció en las pantallas discurseando sobre un futuro embalse en Neuquén: otra burla a los chacareros.
La respuesta a los desplantes y burlas no se hizo esperar, los piquetes comenzaron a rearmarse en las rutas de Santa Fé, Entre Ríos, Buenos Aires y otras provincias. El martes, al cierre de esta edición, se están realizando asambleas para decidir las modalidades de la continuidad de la lucha. Hay mucha bronca por abajo.
El gobierno apuesta al natural cansancio de 76 días de lucha, a la necesidad de sembrar, a dividir la protesta, y a provocar la bronca que empuje el desabastecimiento para enfrentar a los de abajo de la ciudad con los de abajo del campo. Es una apuesta al estilo de la ruleta rusa.
Con su historia, con la experiencia de estos 76 días, con el crecimiento del prestigio de las fuerzas combativas y antiterratenientes, con la profundidad del sentimiento federal que se ha despertado, con el salto en calidad de la unidad campo-ciudad que se dio en Rosario, es muy difícil que el kirchnerismo se pueda “llevar puesta” a la rebelión de los chacareros y trabajadores rurales.
Las imágenes del banderazo agrario, federal y popular en Rosario han llegado a los trabajadores y el pueblo de las ciudades. Valen por miles de palabras. Alienta las luchas de los trabajadores por sus salarios, jubilaciones y planes sociales, los estudiantes por el presupuesto, los jóvenes y las mujeres por sus reclamos. Anima al movimiento democrático por el derecho del pueblo agrario a sostener sus reclamos y porque los principales protagonistas que están en las rutas tienen una enorme sed de tierras, que es el corazón de la cuestión democrática en la Argentina. Y fortalece al movimiento patriótico porque la Argentina tiene profundas raíces federales pisoteadas por el centralismo unitario K, y por que esa sed de tierra del campo, mas tarde o mas temprano, se volcará sobre las 17 millones de hectáreas que hoy los Kirchner, como ayer Menem y antes la dictadura, entregaron al capital extranjero.
En este tercer round al que ha empujado el país el kirchnerismo, la lucha de los de abajo del campo y los de abajo de la ciudad, cada uno por sus reclamos, y la unidad entre ellos, será una de las claves para el futuro.