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24 de noviembre de 2010

El cólera suma sus estragos a los del terremoto de enero. Las “tropas de paz” de la ONU reprimen a balazos la indignación popular. ¡Fuera las tropas de ocupación de Haití!

Haití: ocupación, cólera y furia popular

Hoy 1345 / Los “mantenedores de la paz” le disparan a la gente

Barricadas, piedras y disparos con armas de fuego contra los “cascos azules” –las tropas de la ONU llamadas de “mantenimiento de la paz”– expresaron la indignación de miles de haitianos por las condiciones que generaron la imparable epidemia de cólera que ya dejó un saldo de más de mil muertos y decenas de miles de enfermos con riesgo de muerte.

Barricadas, piedras y disparos con armas de fuego contra los “cascos azules” –las tropas de la ONU llamadas de “mantenimiento de la paz”– expresaron la indignación de miles de haitianos por las condiciones que generaron la imparable epidemia de cólera que ya dejó un saldo de más de mil muertos y decenas de miles de enfermos con riesgo de muerte.
El cólera es una enfermedad de la miseria, una diarrea intensa que se contagia por agua contaminada con excrementos humanos. Los enfermos pueden morir en apenas algunas horas por deshidratación. La clave para prevenirla o contenerla es beber agua limpia y un simple tratamiento con agua con un poco de sal y azúcar.
Por carecer de agua pura es que la gente está muriendo, en un mundo de riquezas y avances tecnológicos y científicos sin precedentes y cuya avanzada son las potencias que comandan la ocupación de Haití. La desnutrición congénita de cientos de miles de chicos completa este cuadro atroz.

 

Males de la naturaleza y males de la opresión
La epidemia sumó su cuota de tragedia al tremendo terremoto que asoló al país en enero pasado: desde entonces cientos de miles de personas viven en carpas, con las ya escasas infraestructuras urbanas destruidas, sin agua limpia para beber ni para lavarse.
Mientras la gente se moría por decenas en sus casas, en hospitales y en las calles, sin agua potable ni siquiera en el río Artibonite –el principal del país–, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) declaró cínicamente que la protesta tiene “motivos políticos”, que lo que busca es enturbiar las cercanas “elecciones” presidenciales del 28 de noviembre. Elecciones truchas, organizadas bajo ocupación extranjera y que a nadie le importan un comino. La Minustah llamó a la gente a “no ser manipulada por los enemigos de la estabilidad y la democracia en el país”.

 

País saqueado y ocupado
Haití, mitad occidental de una gran isla caribeña compartida con la República Dominicana, lleva el estigma del saqueo colonialista e imperialista.
Su pueblo, oprimido durante décadas por las brutales dictaduras proyanquis de los Duvalier, y ocupado ahora militarmente desde hace 16 años por 12.000 soldados de fuerzas norteamericanas e “internacionales”, sigue siendo mantenido en el más brutal atraso, miseria y represión. A esto es a lo que los capos de la Minustah llaman “estabilidad y democracia”.
Los pretendidos “mantenedores de la paz” respondieron a la ira popular con gases y balazos, asesinando al menos a tres personas y alegando que fue “en defensa propia” (ver recuadro).
Según denunció la gente, la epidemia sería efecto de la ocupación, ya que se inició precisamente una semana después de la llegada de tropas de Nepal integrantes de la Minustah, entre las que ya se habían detectado síntomas de la enfermedad.
Las protestas se iniciaron en Cap-Haitien en la madrugada del lunes, y en unas horas habían paralizado buena parte de esa ciudad portuaria del norte. Como una burla sangrienta, el presidente René Preval –un socialdemócrata dedicado a aplicar políticas expoliadoras diseñadas a la medida de los intereses de los monopolios imperialistas (principalmente yanquis y franceses)– dirigió un mensaje el domingo para “disipar los mitos” sobre el cólera y “educar a la gente en un buen saneamiento e higiene”.
Pero las condiciones sanitarias casi no existen en Haití, y la enfermedad se propagó velozmente en el campo y en casi todos los principales centros urbanos –incluida Cité Soleil, un conjunto de barrios muy pobres en la capital Puerto Príncipe–, y se prevé que en estas condiciones puede llegar a afectar a cientos de miles de personas.
Son imprescindibles la solidaridad y ayuda activa hacia el pueblo haitiano. Su primera necesidad es que los ocupantes im- perialistas y sus secuaces saquen las manos del país.