Ni bien se dio el golpe y se vio la ferocidad de la dictadura, la masa que influenciábamos se abrazó a nosotros. En la primera semana después del golpe, estando en la clandestinidad, recibí la afiliación de un compañero que era un gran aliado en la lucha antigolpista. Se definía como peronista y no se quería afiliar. A días del golpe un camarada viajó y tuve una entrevista con él: teníamos dos enlaces secretos que retomaron la relación con las masas. El hombre dijo: “Tenían razón, yo me afilio al PCR”. No fue el único caso. Se venían a afiliar en medio de la ferocidad del golpe.
Treinta años después, obreros que hoy están en la CCC como desocupados -pero eran ocupados en aquella época- te cuentan cómo veían ellos lo de Isabel Perón. Decían: “Luchábamos todos los días para obtener cosas, esta vieja que se vaya”. Habían sido ganados por la idea del golpe institucional que metían los rusos, una salida con Luder. No tenían ni idea de lo que se iba a venir.
Algo así le pasó al secretario del Fatre en Médanos, que una semana antes del golpe me dijo: “A vos te van a matar, Chiquito. Vos sos un loco, sos antigolpista”. Cuando le pregunté si él se iba a salvar, sostuvo: “Yo ya arreglé con los golpistas”. El mismo día del golpe fue a hacer una inspección a los Fidalgo en Buratovich. Mientras, los camiones del ejército estaban en Igarzabal recorriendo el lugar y llevándose obreros para Bahía. Los “fusilaban” en el camino y los arrojaban del camión, preguntándoles por mí y por otros compañeros. ¿A quién llevaron de Buratovich? A cinco, entre ellos Berardi, al que torturaron varios días, mientras que a los de Igarzabal no los tocaron. Yo estaba en la clandestinidad y no me agarraron.
Hay que tener en cuenta que había una situación particular en Bahía. No era como en Córdoba, donde la noche del golpe lo estaban secuestrando a Salamanca o rompiéndonos el Partido. Tuvo que ver con quién hegemonizaba las fuerzas golpistas en cada lugar. En Bahía, tanto en la Marina como en el V° Cuerpo de Ejército, no hegemonizaban los rusos, sino fuerzas que entraron en el golpe una semana antes: Acdel Vilas, el contralmirante Mendía, o los de Massera. Fascistas y asesinos fueron todos, pero de otra rosca económica y militar. Por eso el núcleo del golpe para éstos, era el ERP, Montoneros y el PC. A nosotros, por antigolpistas, antirrusos y antiyanquis, si nos agarraban nos liquidaban; pero si no nos agarraban nos dejaban un filo de gilette, un pelo, para caminar. Otra característica fundamental de la región: los antigolpistas eran hegemónicos, en el peronismo, el radicalismo y los sindicalistas.
Queríamos volver a organizar los campos
Como estábamos preparados, no ofrecimos el blanco para golpearnos. Actuamos con los enlaces, héroes nuestros, que operaron inmediatamente para la reconexión de la dirección con la masa de afiliados.
El 24 le mandamos un telegrama a Polo, Gerónimo Gómez, secretario de Fatre Igarzabal. Ellos ya habían decretado el paro en un conjunto de chacras en Igarzabal. Le dijimos que estábamos aislados nacionalmente y que se iba a producir una masacre si se ponía en marcha el operativo preparado. Pasamos a esconder las armas. Hay anécdotas de cómo escondían en los montes las carabinas. Cuando caían los camiones del ejército, había que estar limpio.
Vino el golpe y queríamos volver a organizar en los campos, pero la patronal sacó una conclusión: no debía quedar ni una semilla del sindicato. Cargaron a los obreros y los tiraron en los pueblos; así nació un barrio en Buratovich. Los que antes se veían todo el día en la chacra, ahora se veían todo el día en los pueblos.
Entre marzo y abril echaron a todos los trabajadores del sindicato de Igarzabal: ¡ni una semilla quedó! Era irracional, era venganza. Después, cuando empezó la necesidad de trabajo, inventaron una nueva forma: filtraban con listas negras a los “peores” y tomaban a los “menos peores”, los tuvieron que tomar a todos, pero los recogían a la mañana en el pueblo y los devolvían a la noche. Nosotros ya habíamos reconectado a la gente, pero nos cambió todo: ya no era más en el campo. No fue fácil llegar, pero pudimos.
Al núcleo original de Igarzabal lo mantuvimos unido, también al de Bahía y Dorrego: todos siguieron funcionando en el Partido. Por otro lado, logramos reabrir el sindicato en Bahía después de un par de meses. Funcionaba exclusivamente con la obra social, que era lo que la dictadura dejaba hacer. Con cuidado, se podían llevar adelante con abogados reclamos individuales: pago de haberes por despido, salario familiar, etc., hasta que en el ’77 ponen la Ley de Trabajo Agrario.
Al frente del sindicato estaba el primer vocal, a cargo transitoriamente; porque a mí un médico de mi pueblo me “enfermó gravemente” el día del golpe. Yo había pasado a la clandestinidad. Mi hermana fue a ver al médico, socialista, forense, subcomisario de policía, de enorme prestigio en el pueblo, que también se la jugó. Le pidió un certificado que dijera que llegué dos días antes del golpe a lo de mi vieja y que me encontró postrado. Hizo un certificado de una enfermedad pulmonar por varios meses; fue a la comisaría y le puso sellos de la policía. Con ese certificado el primer vocal explicó al ejército por qué el secretario general no estaba. Ellos sabían que yo estaba clandestino, pero con un certificado policial quedaron desconcertados. ¿Qué hacían? ¿Metían en cana a un médico forense?
Tres torrentes contra la dictadura
Durante el ’76 y el ’77 se armaron tres torrentes contra la dictadura, que caminaban separados y tenían intersecciones. Uno era el sindical. Esto corporiza a principios del ’77 en el paro de la Fraternidad: algunos van en cana, pero empiezan a conspirar. El de Empleados de Comercio hace una imprenta secreta y me pone a mí de operador. Viene la intervención al sindicato (no podía ser que no lo intervinieran), la hace un hombre de la Iglesia. Ahí operamos como agrupación. Los viejos peronistas nos apañan y se forma, en la clandestinidad, el Movimiento Sindical Bahiense con 32 gremios importantes, todos operadores de obra social.
En una reunión clandestina entran dos que no conocemos. Se levantan y dicen: “Somos de la Policía Federal”, piden documentos. No nos llevaron, pero fue un toque: “no jodan más”. En el ’78 el Movimiento Sindical Bahiense conspira contra la dictadura.
Otro torrente: los padres de desaparecidos. Se organizan Madres y Familiares. Ahí está mi suegro, porque mi cuñado es desaparecido. Se arma una Asamblea por los Derechos del Hombre que no es sucursal de Capital: una mescolanza, un poco de Madres, un poco de Asamblea, un poco de Liga.
El tercer torrente aparece contra la guerra con Chile. Lo armamos dos ateos juntando a cinco curas y 32 pastores. Armamos una oración común contra la guerra en todas las iglesias: metodistas, bautistas, pentecostales, más los curas. Tuvo gran expresión en Tres Arroyos, en un acto de 1.400 personas, donde habló un mayor del Ejército de Salvación chileno. Hubo misas en todos los pueblos mientras la propaganda guerrerista era brutal. En la zona, si bien no hegemonizaban prorusos, sí eran fanáticamente chauvinistas antichilenos, y la persecución a la masa de chilenos era brutal.
Esos torrentes caminaron juntos: nosotros estuvimos en los tres. Eso ayudaba a reconstruir la fuerza obrera rural. Creamos la cooperativa de esquila y reenganchamos una nueva camada de Igarzabal. El centro pasa a ser Buratovich, donde estaba la patronal y esos obreros con una nueva metodología de trabajo. No fue casualidad que yo fuera secretario de prensa de la CGT Brasil: esos viejos peronistas, que nos apañaron compartieron en silencio la lucha antigolpista y, cuando vino la CGT Brasil, me pusieron a mí en la Regional.
El arte de estar preparados
El arte de esta etapa fue estar preparados: casas clandestinas, enlaces, operativos. Hubo que romper el funcionamiento colectivo y pasar a una estructura vertical de dirección, poniendo en marcha mecanismos para funcionar clandestinos.
Habíamos cosechado unos treinta amigos de primerísimo nivel: desde un intendente peronista hasta dirigentes silenciosos antigolpistas, sindicalistas, personalidades políticas, radicales y peronistas. El arte nuestro era la información: saber cómo estaban las cosas. Nuestros enlaces veían a esa red, algunos entraban y salían de cuarteles, y nos pasaban datos. Con eso teníamos un panorama exacto de qué hacía la fuerza enemiga.
A dos años del golpe uno vino y me dijo: “Vos tenías una cruz, ahora tenés dos. Te acaban de poner una segunda”. La tercera era la muerte. Así supimos con precisión qué ancho tenía el camino que podíamos usar en cada momento: si sacabas un pie, no había garantías. muchas veces sacamos el pie, pensábamos diez, hacíamos una. Esa información del enemigo y de los amigos nos salvó la vida muchas veces.
No dejamos de volantear nunca a los ferroviarios a las cinco de la mañana. ¿Cómo? De sorpresa. Sabíamos que la policía cambiaba patrulleros entre las 5 y las 5.15: el período entre una dotación y otra era de siete minutos. Llegábamos, volanteábamos de 5 a 5.07, y nos íbamos.
Nuestras heroicas mujeres entraban a la Maternidad, al Pena y a hospitales de Bahía “embarazadas” de volantes y volanteaban salas entre las 6 y las 7, cuando no volaba una mosca. También pintábamos en esos minutos. En junio habían secuestrado una camarada enfermera y atrás de La Nueva Provincia, hicimos tres grandes pintadas: “Que aparezca Cristina Pedersen, rehén de la dictadura videlista. PCR”, con hoz y martillo. La salvamos. Todos teníamos miedo, pero primaba la templanza y la valentía. Cómo no vamos a tener en la mente y el corazón a todas y todos los camaradas que se la jugaban. y los que sobrevivían en las cárceles, teníamos tres presos.
Teníamos doble vida: clandestinidad nocturna y legalidad de día. Se tardaba de tres a cinco horas por día, para pasar de la legalidad a la ilegalidad en un mismo día. Si vivías en casa clandestina, entrabas y salías de noche. Por haber sido antigolpistas tan a fondo, nos ganamos el odio de los golpistas, pero también el aprecio de muchos que no querían una dictadura.
Ardura en China como parte de una delegación del PCR en 1978, frente a la casa natal de Mao
Foto de portada: Ardura en China como parte de una delegación del PCR en 1978, frente a la casa natal de Mao
hoy N° 2098 25/02/2026

