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11 de octubre de 2017

Las declaraciones de Sofía Gala afirmando “prefiero ser puta antes que ser moza”, y reclamando la regulación estatal de la prostitución, han vuelto a poner en el centro la discusión de si se la puede considerar un trabajo.

La prostitución no es trabajo

Sobre los dichos de Sofía Gala

Tras las primeras declaraciones de la hija de Moria Casán que le sirvieron de promoción de la película “Alanis”, en la que encarna a una prostituta y que le valieron el repudio del gremio de gastronómicos, Sofía Gala volvió sobre el tema en estos días en uno de los programas de televisión más vistos. La actriz se reafirma en considerar a la prostitución como “un trabajo igual a otros”. 

Tras las primeras declaraciones de la hija de Moria Casán que le sirvieron de promoción de la película “Alanis”, en la que encarna a una prostituta y que le valieron el repudio del gremio de gastronómicos, Sofía Gala volvió sobre el tema en estos días en uno de los programas de televisión más vistos. La actriz se reafirma en considerar a la prostitución como “un trabajo igual a otros”. 
Estas declaraciones se inscriben en los dichos de una corriente que niega o minimiza el drama de la trata y la explotación sexual de las mujeres en nuestro país, corriente que oculta que la prostitución parte de considerar al cuerpo de la mujer como una mercancía. 
Hace ya dos años, la delegación argentina en el Primer Encuentro de Mujeres de Latinoamérica y el Caribe realizado en República Dominicana, analizaba esta cuestión, en los párrafos que reproducimos.
 
Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución
La trata de personas se ha extendido en forma alarmante en los últimos veinte o veinticinco años, con millones de víctimas que, en su inmensa mayoría, son mujeres y niñas de los pueblos y naciones oprimidas por las potencias imperialistas. Se la considera la esclavitud del siglo 21, un delito contra la libertad y la dignidad de las personas.
La trata y el tráfico de mujeres con fines de prostitución son formas de violencia y esclavización donde se entrelazan la explotación de clase; la dominación y la violencia de género; y la opresión nacional y étnica. Los cuerpos, fundamentalmente de mujeres y niñas, son reducidos a simples objetos que se compran y se venden en el mercado. El negocio de la trata crece con las crisis, maneja cifras millonarias y también maneja la vida de miles de mujeres, jóvenes y niñas.
Sabemos que las redes de trata, íntimamente ligadas al narcotráfico, sólo pueden operar con la complicidad de jueces, políticos y policías. También sabemos que son las mujeres más pobres las que, por desesperación, son engañadas y esclavizadas.
En Argentina, la prostitución es actualmente un gran negocio. Se ha montado una “industria del sexo” con empresarios de la noche que publicitan y muestran “su mercadería”… El Estado no persigue a los proxenetas ni respeta los derechos humanos de las víctimas. Por el contrario, ampara el funcionamiento de los prostíbulos (muchos de ellos pertenecientes a comisarios y altos funcionarios, incluyendo a un ex presidente y a un juez de la Corte Suprema) y mantiene las condiciones que llevan a miles de mujeres a ser prostituidas.
Muchas organizaciones denuncian y se movilizan contra los responsables y sus cómplices en el poder político. En los Encuentros Nacionales de Mujeres se comparten muchas experiencias de lucha contra la trata, en todo el país, con movilizaciones encabezadas casi siempre por alguna madre que busca a su hija. Porque, aun cuando los padres hacen la denuncia como desapariciones o secuestros, la policía registra los casos como “fuga de hogar” o “averiguación de paradero” y no las busca.
Son batallas heroicas, silenciadas por el poder de las mafias, pero que en algunos casos –con la solidaridad y la movilización popular- consiguieron rescatar a algunas víctimas, muchas de ellas provenientes del norte argentino, de Paraguay, República Dominicana y otros países hermanos. 
Damos debate contra las posiciones que presentan a la prostitución como trabajo y a las ideas que la justifican como un servicio necesario debido al “irrefrenable deseo masculino”.
Decimos: La prostitución no es un mal necesario, ni es trabajo. 
Prostitución es explotación de la mujer, no un “servicio”. Donde hay dominación no hay “libre contrato”. Si hay marginalidad no hay “diversión”.
Considerar la prostitución como trabajo legal, favorece la trata y la legalidad de los proxenetas. 
Exigimos: Clausura de los prostíbulos, Cárcel a los proxenetas y explotadores.
Desmantelamiento de las redes de trata.
¡Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución!
¡Las estamos buscando, las queremos con vida!
¡Basta de asesinatos y desapariciones de mujeres y niñas!