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02 de octubre de 2010

Hace 90 años, en la noche del 15 de enero de 1919, era capturada y asesinada en Berlín, Alemania, Rosa Luxemburgo, junto a Carlos Liebknecht y varios centenares de dirigentes y miembros del entonces Partido Comunista de Alemania, KPD.

La Rosa roja

Hoy 1250 / A 90 años de su asesinato

Rosa Luxemburgo había nacido en Polonia, el 5 de marzo de 1870 o 1871. Fue miembro del Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia desde edad temprana, lo que hizo que tras su desbaratamiento tuviera que escapar a Zurich, Suiza. Luego, emigró a Alemania. Allí militó activamente en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), defendiendo inclaudicablemente el marxismo revolucionario frente al revisionismo, aunque recién rompió con la dirección del SPD al comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914, cuando esa dirección concilió con los terratenientes y la burguesía alemana en la “defensa de la patria”.
Junto con Carlos Liebknecht, Clara Zetkin y Franz Mehring, creó el grupo Internacional el 5 de agosto de 1914, el cual se convertiría posteriormente el 1 de enero de 1916 en la Liga Espartaquista. Escribieron gran cantidad de panfletos ilegales firmados como Espartaco, por el gladiador tracio que intentó la liberación de los esclavos de Roma. Incluso la misma Rosa Luxemburgo adoptó el apodo de “Junius”, por el fundador de la República romana.
El nuevo grupo rechazó el “alto el fuego” entre el SPD y el gobierno alemán del kaiser Guillermo II por la cuestión de la financiación de la guerra, luchando vehementemente en su contra e intentando provocar una huelga general. Como consecuencia de ello, el 28 de junio de 1916 Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht fueron detenidos y sentenciados a dos años y medio de prisión. Durante su estancia en la cárcel fue trasladada dos veces, primero a Poznan y posteriormente a Breslau.
En 1917, la Liga Espartaquista se afilió al Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), compuesto también por antiguos miembros del SPD opuestos a la guerra, fundado por Carlos Kautsky. El 9 de noviembre de 1918 el USPD llegó al gobierno junto con el SPD, tras la abdicación del kaiser Guillermo II y tras el levantamiento conocido como la Revolución de Noviembre alemana, la cual comenzó en Kiel el 4 de noviembre de 1918, cuando 40.000 marineros e infantes de marina tomaron el control del puerto en rebeldía contra el Alto Mando Naval Alemán. El 8 de noviembre, los comités de trabajadores y soldados controlaban la mayor parte del oeste de Alemania, dando lugar a la formación de la República de Consejos (Räterepublik), basada en un sistema semejante al de sóviets desarrollado en la revolución rusa de 1905 y 1917.
Ese día 8 de noviembre, Rosa Luxemburgo fue liberada de la cárcel; Liebknecht había sido liberado poco antes y había ya comenzado la reorganización de la Liga Espartaquista. Juntos crearon el periódico La Bandera Roja, en uno de cuyos primeros artículos Rosa reclamó la amnistía para todos los prisioneros políticos, abogando por le derogación de la pena de muerte. Sin embargo, el gobierno del SPD y el USPD se desintegró a finales de diciembre de 1918 cuando el USPD abandonó la coalición en protesta por los compromisos adquiridos por el SPD con la antigua clase dirigente, los junkers (terratenientes) y los capitalistas, para “pacificar” el país.

La insurrección de Berlín
El 1 de enero de 1919 la Liga Espartaquista junto a otros grupos socialistas y comunistas crearon el Partido Comunista de Alemania (KPD), principalmente gracias a la iniciativa de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Esta última apoyó que el KPD se involucrara en la Asamblea Constitucional Nacional –la que finalmente acabaría fundando la República de Weimar– pero su propuesta no tuvo éxito.
Pese a la traición de la dirección del SPD, el auge revolucionario de las masas no se había detenido en Alemania, produciéndose entonces la insurrección de Berlín. En respuesta al levantamiento obrero y popular, el presidente de la República de Weimar, el socialdemócrata Friedrich Ebert, dio órdenes a las tropas de asalto para sofocarlo. Aplastada la insurrección, Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día.
Sobre la insurrección de Berlín y su aplastamiento, Rosa Luxemburgo alcanzó a escribir en su último artículo: “El liderazgo ha fallado. Incluso así, el liderazgo puede y debe ser regenerado desde las masas. Las masas son el elemento decisivo, ellas son el pilar sobre el que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta derrota en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y esto es por lo que la victoria futura surgirá de esta derrota. ‘¡El orden reina en Berlín!’ ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro ‘orden’ está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!”.

Desaparecida
Tras su asesinato en la noche del 15 de enero de 1919, los hombres del cuerpo de asalto arrojaron el cadáver de Rosa Luxemburgo desde un puente al canal. Al día siguiente toda Alemania sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado con su oratoria en innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora
también ha desaparecido.
Dónde se encuentra
es desconocido.
Porque ella a los pobres
la verdad ha dicho
Los ricos del mundo
la han extinguido.

Más de cuatro meses después, el 31 de mayo, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podían reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio de 1919.
En el año 1962, 43 años después de su muerte, el gobierno federal alemán declaró que su asesinato había sido una “ejecución acorde con la ley marcial”. Recién hace apenas diez años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Carlos Liebknecht.

Un águila
En 1906, en plena euforia capitalista, frente a la borrachera reformista y el escepticismo revolucionario, Rosa Luxemburgo escribía: “Qué extraordinario es el tiempo que vivimos. Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado”.
Lenin, el gran dirigente de la revolución proletaria en Rusia, de cuya muerte en 1924 se cumplen 84 años este 21 de enero, escribió sobre Rosa en febrero de 1922, en respuesta a sus detractores socialdemócratas:
“Vamos a contestar a esto con dos líneas de una estupenda fábula rusa: Un águila puede en ocasiones descender más bajo que una gallina, pero una gallina jamás podrá ascender a la altura que puede hacerlo un águila. Rosa Luxemburgo se equivocó en la cuestión de la independencia de Polonia; se equivocó en 1903 en su apreciación del menchevismo… Pero a pesar de todas esas faltas fue y sigue siendo un águila; y no solamente su recuerdo será siempre venerado por los comunistas de todo el mundo, sino que su biografía y la edición de sus obras completas (con las que los comunistas alemanes se retrasan en forma inexplicable, lo que parcialmente se puede disculpar pensando en la insólita cantidad de victimas que han registrado en su lucha) representarán una valiosa lección para la educación de muchas generaciones de comunistas de todo el mundo” (Lenin: “Notas de un publicita”, publicado en Pravda, núm. 87, 16 de abril de 1924, Obras completas, tomo 33).