A pocos días de que se cumplan 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y del comienzo de la dictadura genocida, la compañera Cristina, dirigente del PCR de Quilmes-Berazategui-Varela, nos recibe en “El Galpón” de las Madres de Quilmes, para hacer un repaso de la lucha de estos años, su historia familiar, el surgimiento del movimiento de Madres y la vigencia de esas banderas en la Argentina actual.
Un gobierno represor
Comenzamos hablando del significado de esta fecha en el contexto actual, y la valoración de la consigna “Memoria, Verdad y Justicia”. Cabib señaló que lo importante “es mantener viva la memoria y llegar a la justicia, porque con memoria solo es imposible”.
Para Cabib, el objetivo de esa lucha sigue siendo cerrar la herida abierta por el terrorismo de Estado. “Es imposible llegar realmente a una justicia si en algún momento no terminamos de cerrar esa herida que se abrió hace 50 años”, afirma, y enmarca estos 50 años en la situación actual: “Este gobierno no sólo es negacionista, en lo que no es el primero. Pero es más cruel, porque junto con negar los 30.000 desaparecidos y la lucha de las Madres, reprime salvajemente la lucha de los trabajadores y del pueblo en general”.
Cristina daba el ejemplo de la represión a los trabajadores de FATE frente a la Secretaría de Trabajo, ocurrida el día anterior a la entrevista: “vos lo que veías ahí es el odio hacia el pueblo, ven al pueblo movilizado y corren para reprimirlo de forma feroz”.
Remarcó nuestra entrevistada que los derechos conquistados por el pueblo están siendo atacados. “Yo releía la Constitución, el derecho a la protesta, el derecho a exigir, el derecho a tener un salario digno, y este gobierno evidentemente no tiene ningún interés en cumplir ninguna de las cosas que en algún momento obtuvo el pueblo con sus luchas”.
Cristina se refirió también a cómo el gobierno de Milei agrava la situación en todos los planos: “Está esto con el trabajo, y no hablemos de la salud, de la soberanía… este gobierno quiere regalar la patria”.
Los comienzos en la militancia
Cabib recordó sus primeros años de militancia en la década del setenta. “Hice el secundario muy tarde y me acuerdo de que entré al Liceo Nacional de Señoritas Número 5 en Capital Federal y era un hervidero, todo el mundo hablaba de política, si vos estabas afuera de lo que pasaba eras algo extraño. Fue una época maravillosa”.
En ese contexto se incorporó al Partido Comunista Revolucionario. “Yo entro al Partido de la mano de mi hermano, un año y medio mayor que yo. Eugenio ya estaba y yo entro más o menos por enero del 71”.
Trabajaba entonces en la editorial Paidós. “estaba en la parte de producción. En ese momento de gran explosión tengo mi primer hijo, en el año 72 y soy elegida delegada de la editorial”.
Nos cuenta que permaneció en esa responsabilidad hasta poco antes del golpe, justamente en marzo de 1976, ya nacido su segundo hijo: “dejé de trabajar porque no podía pagar dos guarderías”.
La desaparición de Eugenio
El golpe de Estado marcaría definitivamente a Cristina. Su hermano fue secuestrado el 11 de noviembre de 1976. “Yo entré a un Partido que era absolutamente clandestino, y por eso ni conocía las actividades de mi hermano”.
Cuenta que él había dejado un trabajo en una empresa comercial para ir a trabajar a una fábrica, como parte de las definiciones políticas del Partido. “Renuncia al laburo, consigue trabajo en CAMEA y se presenta como delegado a los seis meses de estar ahí, y lo echan. Cuando fue secuestrado en su casa, estaba trabajando por su cuenta. Suponemos que tiene que ver con su militancia en la fábrica. El caso de mi hermano es como el de tantos miles, nunca supimos nada, ni siquiera dónde estuvo”.
El nacimiento de la lucha de las Madres
A partir del secuestro de Eugenio comenzó la lucha de su madre, Sofía Cabib, a la que ella acompañaba, y en un proceso se fueron juntando con otras madres y familiares.
“Ahí empieza la lucha buscando su aparición. Mentiría si dijera que en ese momento sabíamos. No teníamos dimensión de lo que estaba pasando con los secuestros”.
Relata que las primeras acciones fueron presentar hábeas corpus y recurrir a organismos de derechos humanos. “Entre las primeras cosas que hicimos fue ir a la Liga por los Derechos Humanos con mi cuñada. Nos fuimos de ahí cuando escuchamos a algunas personas decir que Videla era un general democrático”.
Recuerda también cómo comenzaron a encontrarse las madres: “Cuando salíamos del Ministerio del Interior recuerdo que nos sentábamos en la Plaza de Mayo, entonces ahí empiezan a charlar las madres. Así empieza un poco a construirse lo que fue después el movimiento de Madres de Plaza de Mayo”.
Evoca la presencia de Azucena Villaflor en aquellos primeros encuentros. “Me acuerdo que nos planteó que nos pusiéramos un clavo en la solapa, para distinguirnos. Y usamos el clavo hasta la peregrinación a Luján”.
Fue allí donde surgió el símbolo que se volvería mundialmente conocido. “Entendimos que solo con el clavito no nos íbamos a ver en medio de tanta gente. Entonces a una de las madres se le ocurre lo de ponerse un pañal de tela en la cabeza, que se termina transformando en pañuelo”.
Recuerda cómo se juntaron “con compañeras del Partido a las que le había secuestrado al hijo, el hermano o el compañero, como Teresita Castrillejo, la compañera de Quebracho, o la compañera de Rodolfo Willinberg.
“Yo en ese momento acompañaba a mi vieja, con un nene chiquito”, cuenta Cristina y subraya que “A veces se dice que las Madres estaban solas. No, las Madres no estaban solas. Había mucho terror, pero a la vez mucha solidaridad, y mucha lucha de nuestro pueblo”.
Las rondas en Quilmes
Cabib recuerda 1982 y la guerra de Malvinas, en la que “Me acuerdo el apoyo que había a los soldados”. Cuenta que luego de la guerra, en un congreso de Madres de Plaza de Mayo “se resuelve que en cada plaza del país que se pudiera se hiciera la ronda”.
Así surgió la ronda de Quilmes, donde Cristina y su madre vivían desde 1979. “Nosotros empezamos la ronda el 22 de octubre del 82. Hicimos más de 400 rondas, actividades, jornadas, ayunos, todo lo que hacían las madres en Capital acá se replicaba”.
Y detalla que en el movimiento de Madres y familiares de Quilmes hubo distintas vertientes: “frente a los estudiantes desaparecidos del Politécnico de Berazategui, profesores camaradas nuestros y compañeros resuelven acompañar a las madres de los chicos desaparecidos. Recurrieron al obispo de Quilmes, Novak, al igual que otras madres, y Novak impulsó misas en toda la diócesis de Quilmes, con una actitud muy solidaria. Y también jugó un papel importante nuestra compañera Ana Flores, a la que Novak le dio una lista de familiares de desaparecidos, que Anita visitaba e iba uniendo”.
Recuerda que luego vinieron momentos muy difíciles, con las leyes de impunidad. “Cuando empezaron las leyes de obediencia debida, el punto final y luego los indultos, algunas madres entraron en depresión, otras fallecieron. Por un tiempo se dejaron de hacer las rondas”.
Aun así, la lucha continuó. Cristina cuenta que la dirección del PCR de la Zona en el 2005 le encarga que escriba la historia de las Madres de Quilmes, y a partir de esto se conforma la Comisión Permanente de Homenaje a las Madres de Plaza de Mayo de Quilmes, con Cristina a la cabeza. Una Comisión, como su nombre indica, con el objetivo de rendir homenaje a esas Madres de Plaza de Mayo que durante la dictadura habían marchado también en Quilmes; y de recrear su lucha, en tanto no era un tema del pasado y de la memoria, sino del presente y de seguir luchando con ese ejemplo. Integraron la Comisión en ese entonces los Suteba de Quilmes y Berazategui, Judiciales y compañeras y compañeros del Partido y la JCR.
“No es que no mantenemos el tema de la memoria, por eso hicimos el monumento, pero se llama Siguen Marchando”, en referencia al monumento ganador del concurso que realizó la Comisión a los 30 años del Golpe, realizado por el escultor Horacio Dowbley y emplazado en el 2006 en la Plaza San Martín de Quilmes, en homenaje a las Madres de esta localidad.
La lucha y las nuevas generaciones
En el final de la entrevista, Cabib reflexiona sobre el desafío de transmitir la historia a quienes no vivieron la dictadura. “Aquellos años el mundo y la Argentina eran muy diferentes. Hoy la mayoría creció en esta democracia entre comillas. Nosotros vivíamos siempre en dictadura”.
Cristina sostiene que las nuevas generaciones están empezando a vivir situaciones que antes no habían conocido, como la “represión tan alevosa”.
Relata que hay un interés creciente por conocer la historia. “Recién empezó marzo y ya tengo cinco pedidos de escuelas. Hay una necesidad de los docentes y de los pibes”.
Y concluye con una definición que resume medio siglo de lucha: “Yo estoy convencida de que florece una nueva juventud. Hay muchos que pensaron que iban a aplastar al pueblo argentino… sin embargo nuestro pueblo una y otra vez ha luchado. Por lo tanto, yo tengo infinita confianza en el pueblo”, nos despide la compañera.
Cristina Cabib
hoy N° 2101 18/03/2026
