1. Reforma Laboral: Trabajar más y en peores condiciones
Al salir esta edición, 11/2, frente al Congreso y en muchas ciudades, decenas de miles estaremos en las calles peleando contra el intento del gobierno de Milei, de aprobar la antiobrera ley de reforma laboral en el Senado. El único objetivo de esta ley es sacar derechos a trabajadores formales e informales y destruir la organización sindical.
La dirección de la CGT, después de idas y vueltas, no dispuso paro al prevalecer en su dirección los sectores que equivocadamente anteponen la “rosca” y las negociaciones con el gobierno. Pero sí dispuso la movilización.
En realidad esta pelea ya había comenzado desde abajo en los cientos de conflictos abiertos contra los despidos y suspensiones, por paritarias y contra los cierres de empresas que recorren la Argentina y su confluencia tomó cuerpo impulsada por el Frente de Sindicatos Unidos donde confluyen la UOM, Aceiteros, ATE y más de 100 gremios de la tres centrales sindicales (la CGT y las dos CTA) y un conjunto de organizaciones políticas y sociales (entre ellas nuestro PCR y la CCC) que convocaron no solo a la movilización del 11 de febrero sino al plan de lucha que comenzó el jueves 5 con una masiva marcha en Córdoba, que continuaba al cierre de esta edición con una movilización en Rosario, el 10/2, y en la gran jornada frente al Congreso y en todo el país el 11/2. Muchos de estos gremios convocan también a parar ese día.
Impulsamos en todo el país una jornada masiva, en el camino de avanzar en la pelea por un paro activo nacional que una las luchas de todos los sectores: ocupados, desocupados y jubilados, de la ciudad y el campo, de la ciencia y la cultura, contra el ajuste, la reforma antiobrera y la entrega de la soberanía.
Para Milei y los sectores imperialistas y de las clases dominantes a los que responde, la aprobación de esta supuesta “modernización laboral” es central, para aumentar la superexplotación de las y los trabajadores y así aumentar sus ganancias, como vienen haciendo en estos dos años de gobierno, en los que en muchas empresas se vienen implementando medidas como las que están en esta ley.
Más allá de las mentiras del gobierno y de sus medios cómplices, la realidad es que su política agrava de manera terrible los dramas de las grandes masas. No sólo ha destruido miles de empresas y ataca a las economías regionales, con centenares de miles de despidos y suspensiones, sino que crece lo que los economistas del sistema llaman “economía informal”. La mitad de la población que tiene trabajo en nuestro país está en negro, precarizada, hace changas, está tercerizada o es cuentapropista.
En las barriadas populares de los grandes centros urbanos crece el hambre y las enfermedades, lo mismo entre el campesinado pobre, y en muchas provincias que dependen de economías regionales. Por eso se conoció en estos días cómo centenares de misioneros se cruzan a Brasil para conseguir un trabajo precario.
Esa es la Argentina que quieren Milei y sus socios. La de comienzos del siglo 20, cuando lo “normal” era trabajar 12 horas, o de “estrella a estrella” en el campo. Atrasando y deformando el desarrollo industrial tecnológico, de la ciencia o cultura nacional.
Como este plan no cierra sin represión, el gobierno despliega sus políticas fascistas en varios terrenos, como en el intento de controlar aún más la comunicación, con la Oficina de Respuesta Oficial, porque no le alcanza para ocultar la realidad con su aparato de medios y los “ensobrados”.
Frente a esta realidad crece la bronca. Ocultadas por los medios oficialistas y por muchos que dicen ser opositores, hay un reguero de luchas en la Argentina. Con paros, movilizaciones, permanencias en empresas que cierran, la persistente movilización de jubilados y pensionados, las protestas contra la megaminería contaminante, del campesinado pobre y las y los originarios por sus reclamos, de las mujeres y diversidades, contra la licitación en el Paraná y frente a todas las consecuencias de un ajuste y entrega como pocas veces se vio en los últimos años.
En varias provincias y municipios, estatales y docentes avanzan con planes de lucha, enfrentando a gobiernos que descargan la crisis para abajo, y se subordinan a un gobierno centralista que empuja una política de disolución nacional y de “sálvese quien pueda”.
2. “Acuerdo comercial” con EEUU
Trump se sigue cobrando el salvataje a Milei en las elecciones de octubre del año pasado, con un “acuerdo comercial” que profundiza la dependencia con los Estados Unidos, a límites pocas veces vistos en nuestra historia.
Este “acuerdo” le cede a Estados Unidos que nos venda múltiples productos y subordinación a sus leyes en la industria automotriz, medicamentos y laboratorios, tecnología e informática, maquinaria e industria química, agroindustria y en el ingreso de carne (bovina, porcina y avícola).
Es otro paso en la destrucción de nuestra industria y tecnología, que queda totalmente enchalecada por las leyes y disposiciones yanquis. El “acuerdo” establece abiertamente que nuestro país tiene que reducir el subsidio a la industria nacional.
En la disputa estratégica con otras potencias como Rusia y especialmente con China, Trump consiguió que el gobierno de Milei acepte que “Argentina no comprará reactores nucleares, barras de combustible ni uranio enriquecido de ciertos países”, en obvia referencia a China.
Muchos recordaron con este infame “acuerdo” el Pacto Roca-Runciman de 1933, llamado así por los apellidos del vicepresidente Julio A. Roca, quien encabezó la delegación argentina a Londres, y del ministro de Comercio inglés, Walter Runciman. Este pacto consolidó la hegemonía británica en el bloque de clases dominantes, y profundizó contradicciones con las otras potencias imperialistas presentes en nuestro país, y con sus representantes en la política.
La Argentina sigue siendo un país dependiente, disputado por distintas potencias imperialistas. Este avance del imperialismo yanqui trae contradicciones en las que operan las otras potencias que están y quieren avanzar en su penetración en nuestro país.
3. Internacional
En un comunicado del 29 de enero en el que justifica las sanciones económicas a los países que comercien con Cuba y en particular abastezcan a la isla de petróleo, el presidente yanqui Donald Trump pone negro sobre blanco sus objetivos en la disputa por la hegemonía mundial, y dice que el gobierno cubano “se alinea con -y les brinda apoyo- numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversos a Estados Unidos, incluyendo el Gobierno de la Federación Rusa (Rusia), la República Popular China (RPC), el Gobierno de Irán, Hamás y Hezbolá”.
Por eso la Casa Blanca, tras la invasión a Venezuela y el secuestro de Maduro y las amenazas a Petro en Colombia, ahora aprieta el bloqueo económico a Cuba, en un paso más para “apropiarse de los recursos naturales, industrias y mercados internos, controlar las zonas política y militarmente estratégicas y arrasar con la soberanía de los pueblos”, como planteó el comunicado de nuestro PCR del 1 de febrero, en el que reiteramos la solidaridad “con el pueblo y la Nación Cubana frente a esta nueva agresión imperialista”.
El viernes 6 de febrero trabajadores portuarios de más de 20 puertos europeos de seis países, entre ellos Bilbao, Tánger, Pireo, Mersin, Génova, Livorno, Trieste y Ancora realizaron una huelga denunciando la militarización de los puertos, el genocidio israelí aún en curso en Palestina, el tráfico de armas y la actual carrera armamentística. Sectores obreros se plantan en medio de la disputa de las grandes potencias imperialistas, que aceleran los peligros de una nueva guerra abierta entre las potencias imperialistas.
El mundo sigue conmovido por el genocidio del gobierno fascista de Israel sobre el pueblo palestino. Los ocupantes de Gaza y Cisjordania han reconocido como cierta la cifra de 70 mil muertos, y continúan con sus ataques pese al alto el fuego.
En Ucrania nos acercamos a los cuatro años del comienzo de la invasión imperialista de Rusia. La resistencia del pueblo ucraniano y sus fuerzas armadas ha logrado impedir un avance mayor de las fuerzas ocupantes, con el costo de miles de muertos militares y civiles y millones de desplazados.
Como estamos viendo cada vez más, esta pelea entre las grandes potencias tiene profundas repercusiones en nuestro continente y en nuestra patria. La lucha contra la política de este gobierno está directamente entrelazada a la solidaridad activa con los pueblos y naciones que pelean por su independencia, y con las y los trabajadores del mundo que no quieren que los grandes monopolios y los gobiernos sigan descargando la crisis sobre sus espaldas.
4. Somos el Partido de Otto Vargas
Unir la bronca popular es una tarea urgente y necesaria, para derrotar las políticas de este gobierno. Esto se expresó en las reuniones de los gremios que promovieron las movilizaciones contra la reforma laboral en Córdoba y Rosario, y es el reclamo que viene de los lugares de trabajo, vivienda y estudio.
También estuvo presente este reclamo en las marchas del 7F, en la segunda marcha del Orgullo Antifascista, Antirracista y Antiimperialista, que fueron masivas en CABA y varias ciudades.
Impulsamos, en este camino de unir las luchas, la jornada del 11 de febrero contra la reforma antiobrera en todo el país. Denunciamos la complicidad de gobernadores y legisladores que, una vez más, colaboran con la política del gobierno nacional en función de prebendas para sus provincias y de jugosas coimas que circulan por los pasillos del Congreso con total impunidad. Esto aumenta el asco de grandes masas, que ven cómo muchos cambian de bando y se venden al mejor postor.
También se equivocan aquellos que piensan que a Milei no hay con que darle y se guardan preparándose para el 2027. En estos dos años la principal oposición a esta política de hambre, entrega y represión es lo que se unió en las calles para enfrentarlo.
La situación actual nos plantea la necesidad de meternos en profundidad en los debates políticos que hay en la clase obrera y los sectores populares, y de hacer crecer y fortalecer nuestro PCR y su JCR, para ser vanguardia reconocida de las masas.
Desde el PCR y las organizaciones de masas en las que trabajamos peleamos por derrotar el hambre, el ajuste y la entrega de Milei y planteamos una salida para avanzar en el camino de otra política y otro gobierno, de unidad popular, patriótica y democrática.
Un gobierno que defienda nuestra independencia y soberanía, que resuelva el hambre, la producción, el trabajo, la tierra para vivir y producir, la salud y la educación. Que defienda nuestra soberanía y respete las libertades democráticas.
Porque plata hay, si nos sacamos el lastre de la deuda ilegítima y fraudulenta con el FMI, si el festival de bonos que se emitense vuelca a la producción, si se aplican retenciones segmentadas a las exportaciones agrarias, con un impuesto a las grandes fortunas para que paguen los que se la vienen llevando en pala. Toda esa inmensa masa de dinero que hoy va a parar a manos de unos pocos monopolios petroleros, mineros, Bancos, terratenientes y usureros internacionales como el FMI es más que suficiente para resolver las graves emergencias que vive nuestro pueblo y nuestra patria.
Para avanzar en ese camino ofrecemos un puesto de lucha en nuestro PCR y su JCR.
Este 14 de febrero vamos a una jornada en todo el país, al cumplirse siete años del fallecimiento de nuestro querido primer secretario general, Otto Vargas. Sostenemos su legado levantando las banderas del marxismo-leninismo-maoísmo y su rol fundamental en la construcción de un Partido para la revolución en la Argentina. A 50 años del nefasto golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, reivindicamos la lucha antigolpista y contra la dictadura que Otto encabezó al frente del PCR.
Como dijo Jacinto Roldán, nuestro secretario general fallecido el pasado 30 de abril, “Somos el partido de Otto Vargas”, y con las enseñanzas de Otto y Jacinto vamos a redoblar el paso para avanzar en el camino de la revolución de liberación nacional y social.
Escriben Ricardo Fierro y Germán Vidal
Foto de portada: Cabecera de la marcha contra la reforma laboral en Rosario el 10 de febrero
Estibadores griegos bloquean la salida de un buque como parte de una huelga en más de 20 puertos europeos contra el genocidio
israelí sobre el pueblo palestino y la carrera armamentista. 6 de febrero

