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14 de agosto de 2019

Nota publicada en El tribuno Jujuy

Política y economía del litio en Bolivia

El compañero y amigo ingeniero Alberto Echazú, viceministro de Energía del Estado Plurinacional de Bolivia, me hizo llegar una nota de su autoría sobre la política de industrialización del litio, que por su significación para Jujuy y Argentina me parece muy útil resumirla y que reemplace a mi columna habitual.

“Es hora de enfrentar con la verdad y sobre todo con precisión técnica, claridad conceptual y consecuencia política e ideológica a los detractores del proyecto más importante de la historia de nuestro país, no solo por su importancia económica y el proceso industrializador que representa, sino por su perspectiva en el necesario desarrollo de la investigación científica y la innovación tecnológica.

Comencemos con la alevosa, innoble y falsa sindicación de la entrega del Salar de Uyuni a una empresa alemana. Son varios los supuestos entendidos, opinadores y fundaciones que sostienen que el decreto 3738 representa la entrega o la concesión por 70 años del salar de Uyuni (…) no se han enterado que el sistema concesional ya no existe en Bolivia. Por ello, ninguna empresa privada nacional y menos extranjera puede acceder a una concesión en salar alguno de Bolivia.

¿Qué se entregará a la empresa alemana? Absolutamente nada, entonces: ¿qué hará la empresa alemana? Pues aportará tecnología, mercado y financiamiento para que la empresa mixta conformada por YLB (Yacimientos de Litio Bolivianos) con mayoría del 51% y ACI Systema con el 49% conjuntamente procesen un residuo denominado salmuera residual, para producir en primer lugar hidróxido de litio, un producto industrial de alto valor comercial, a partir de él un segundo complejo industrial de alta tecnología, conformado por una planta de materiales catódicos (nanotecnología = sulfatos hidratados de cobalto, níquel y manganeso y fosfato de hierro de altísima pureza, prácticamente puros) y finalmente las celdas y ensamblado de baterías de ion litio, en Bolivia (…). Esta salmuera será vendida, no a la empresa alemana para que se la lleve a Europa, sino a la asociación o empresa mixta en la cual la empresa boliviana YLB tiene la mayoría accionaria y por tanto recibirá la mayoría de las utilidades. Además, esta venta genera ingresos para YLB y debe pagar regalía a Potosí.

Como ya vimos este producto no sale de Bolivia, es transformado en productos de alto valor que serán exportados a Europa. ¿Puede ser esto caracterizado como una entrega del salar? Absolutamente no. La empresa alemana no tiene ningún derecho sobre extensión alguna del salar de Uyuni, así como ninguna otra empresa privada nacional y menos extranjera pueden ni podrá tenerlo. No hay entrega alguna, sí industrialización en Bolivia de los recursos evaporíticos del salar de Uyuni, que se mantendrá como propiedad soberana del pueblo boliviano. Setenta años de industrialización sostenida, con permanente actualización e innovación tecnológica, respaldada por una infraestructura de investigación compartida. Setenta años de exportaciones de productos de alto valor agregado con mercado asegurado por el mismo tiempo. Setenta años de empleos seguros, estables y bien remunerados para obreros, técnicos, ingenieros, administradores, y científicos bolivianos. Setenta años de regalías, impuestos y utilidades que se quedan en Bolivia.

Finalmente, otros opinadores sostienen que se trata de un saqueo de la riqueza del salar de Uyuni. Absolutamente falso. Es un proyecto industrializador, no se venden materias primas, sino se exportan productos de alto valor agregado, es un proyecto de explotación racional e integral. Racional porque se procesa y aprovecha residuos, que de otra manera hubiesen sido reinyectados al salar, tal como se hace actualmente en Chile. Racional porque se mezclan salmueras ricas, medianas y pobres, para preservar las reservas explotables y mantener el equilibrio hidrológico de la cuenca del salar de Uyuni. Integral porque no solo aprovecha el litio, sino todos los valiosos iones que contiene la salmuera como el sodio, potasio y magnesio.

Finalmente, la explotación en los setenta años representará una extracción de no más del 5% de la superficie total, asegurando un mínimo impacto ambiental y preservando el destino turístico más importante de nuestro país.

Ahora bien, la elaboración de baterías de ion litio requiere de una serie de componentes e insumos también de alta tecnología (nanotecnología) algunos de los cuales deben transformarse en sulfatos hidratados de alta pureza, que se denominan precursores, pueden y deben ser fabricados en Bolivia. Este es un desafío para nuestro país que nos colocará entre una docena de países fabricantes privilegiados de este producto que transformará en el próximo futuro la matriz energética especialmente del transporte terrestre, aéreo y marítimo.

Algún desavisado “analista” se permitió señalar que se construirá una “plantita de baterías”, realmente la ignorancia supina carece de vergüenza. Una planta de 10 GWh tiene la capacidad para producir baterías para 200.000 a 250.000 vehículos eléctricos cada año y se ubicaría actualmente entre las 10 o 15 más grandes del mundo. La empresa alemana como socio minoritario con YLB, compra la salmuera residual que le vende YLB Corporación y con este residuo, junto a YLB fabricará hidróxido de litio, materiales catódicos y baterías de ion litio.

En segundo lugar, decir que el hidróxido de litio se encuentra en la salmuera residual es como si la bomba atómica se encontrara en el uranio, peor aún en los minerales de uranio. El hidróxido de litio es un producto industrial de alta tecnología y se produce en un complejo químico de Bolivia”.

Escribe Benito Carlos Aramayo, Economista – Profesor emérito de la UN Ju

Hoy N° 1778 14/08/2019